dependencia.info

Cuando envejecer significa perder el hogar

Por Jesús Cubero Herranz
lunes 12 de enero de 2026, 14:48h

Lo que el Reino Unido está viviendo y por qué España debería mirarlo de frente.

Jesús Cubero, socio fundador de UMA CARE, adjunto a la Dirección General Mensajeros de la Paz para el Área de Mayores, y experto en gestión sociosanitaria.
Ampliar
Jesús Cubero, socio fundador de UMA CARE, adjunto a la Dirección General Mensajeros de la Paz para el Área de Mayores, y experto en gestión sociosanitaria. (Foto: Jesús Cubero)

La vivienda es mucho más que un techo: es salud, autonomía, red de apoyos y prevención. Por eso inquieta ver cómo en el Reino Unido crece un fenómeno que hasta hace poco se asociaba a otros perfiles: personas mayores que entran en exclusión residencial y, en algunos casos, en sinhogarismo.

Y conviene aclararlo: no hablamos solo de “dormir en la calle”. En personas mayores, el problema suele empezar antes y de forma menos visible: alojamientos temporales, habitaciones, sofás prestados, hostales o albergues no pensados para quien tiene fragilidad, movilidad reducida o deterioro cognitivo. Cuando esa inestabilidad se cronifica, la salud se deteriora, la soledad aumenta y la dependencia se acelera.

Este texto resume qué está pasando en el Reino Unido, por qué ocurre y qué señales vemos en España. La idea es simple: si la vivienda se vuelve inalcanzable y el alquiler es inseguro, la edad no protege; multiplica el riesgo.

1.- Reino Unido: la crisis de vivienda llega a los mayores

A comienzos de enero de 2026, entidades sociales británicas alertaron de un aumento de personas mayores de 60 años que buscan ayuda por falta de vivienda y de más mayores en alojamientos temporales. Trasladan un mensaje contundente: atienden a mayores con problemas graves de salud sin un lugar estable donde vivir, en un contexto de escasez de vivienda social y alquileres difíciles de sostener.

Una cifra citada en esos informes resume la tendencia: el número de mayores de 55 años en alojamiento temporal habría crecido un 35% desde marzo de 2022. Además, datos oficiales sobre sinhogarismo “legal” en Inglaterra muestran presión creciente: en 2024-25 aumentaron los hogares “solo adultos” evaluados como durmiendo en la calle al solicitar ayuda, hasta 18.200. Aunque no todos son mayores, describe el entorno en el que las organizaciones detectan el empeoramiento.

2.- Por qué afecta especialmente a las personas mayores

Perder la vivienda a los 70 no es lo mismo que a los 25. A más edad, menos margen físico y social para rehacer estabilidad, y más probabilidad de que un tropiezo se convierta en un cambio permanente: una caída, una descompensación o una infección pueden marcar un “antes y después”.

La inestabilidad residencial activa cuatro mecanismos:

  • Salud: empeora el control de enfermedades crónicas, dificulta la adherencia a medicación y rompe rutinas (alimentación, descanso, higiene). Cambiar de cama y de barrio también cambia médico, farmacia y apoyos.
  • Soledad y salud mental: la incertidumbre debilita vínculos, aumenta ansiedad y depresión y puede agravar confusión en personas con deterioro cognitivo.
  • Acceso a servicios: sin domicilio estable, es más difícil mantener citas, tramitar ayudas, empadronarse, recibir atención domiciliaria o coordinar apoyos.
  • Recursos inadecuados: muchos dispositivos de emergencia están pensados para “corto plazo” y no para fragilidad; suelen ser ruidosos, inseguros y poco adaptados.

Por eso, cuando un mayor entra en espiral de exclusión residencial, se dispara el coste humano y el coste del sistema: más urgencias, más ingresos y más institucionalización “por ausencia de alternativas”. No es solo un problema social; es un problema sociosanitario.

3.- No es un accidente, es un resultado

El caso británico encaja con una combinación conocida: alquiler caro e inseguro + escasez de vivienda social + apoyos que no alcanzan el precio real del mercado + envejecimiento. Cuando estas piezas coinciden, el sistema empuja a perfiles con menos margen (ingresos bajos, salud frágil, soledad y alquiler) hacia una precariedad difícil de revertir.

Además, el problema se agrava cuando se confunde “vivienda” con “recurso de emergencia”. La emergencia resuelve noches; la vivienda estable resuelve vidas. Y en personas mayores, cada mes de inestabilidad aumenta el riesgo de deterioro funcional.

Una lectura práctica para el sector: cuando falla la vivienda, no solo “aumenta la demanda social”; cambia el mapa asistencial. Se complican las altas hospitalarias, crecen los reingresos, se disparan las urgencias por causas evitables y se acelera la institucionalización. En la práctica, la vivienda funciona como un determinante clínico.

4.- España: el sinhogarismo senior aún es menor, pero el “pasillo de entrada” existe

En España, el INE recogía en 2022 un total de 28.552 personas atendidas en centros asistenciales de alojamiento y restauración, un 24,5% más que en 2012. Por edades, los mayores de 64 años eran alrededor del 5,5% del total, mientras que el grupo de 45 a 64 concentraba una parte muy grande.

Esto importa porque hoy la cifra “visible” de mayores es menor, pero existe una cohorte amplia que está envejeciendo con precariedad. Si no actuamos, una parte llegará a la vejez con inestabilidad residencial, salud deteriorada y redes débiles: una combinación de alto riesgo de dependencia.

España cuenta, además, con una Estrategia Nacional para la lucha contra el sinhogarismo 2023-2030. Y Europa ya ha advertido de la magnitud del sinhogarismo y la crisis de vivienda en el conjunto de la UE.

5.- El punto sensible español: mayores en viviendas de alquiler y pensiones que no estiran

El “colchón” histórico español ha sido la propiedad, pero no protege a todos. Las personas mayores que viven de alquiler son un grupo especialmente expuesto cuando los precios suben o los contratos se vuelven inestables.

En 2025, un reportaje reflejaba casos de jubilados que no pueden asumir subidas o renovaciones en barrios tensionados, con sensación de expulsión silenciosa del mercado residencial. A esto se suman señales de vulnerabilidad económica: la Encuesta de Condiciones de Vida del INE señalaba un aumento del riesgo de pobreza en mayores de 65 en la referencia publicada en 2022.

Cuando ingresos ajustados y vivienda cara se juntan, aparece el sobreesfuerzo: pagar el alquiler recortando calefacción, alimentación o medicación. No siempre termina en calle, pero sí en exclusión residencial: habitaciones compartidas, mudanzas repetidas, pérdida del barrio y ruptura de apoyos. Y esa ruptura de apoyos es, muchas veces, el primer escalón hacia la dependencia.

6.- La parte que no se ve: exclusión residencial “invisible”

En mayores, el sinhogarismo suele ser más silencioso. A veces no hay “calle”, pero sí hay pérdida de hogar en la práctica:

  • Meses en casa de un familiar “temporalmente”, hasta que la convivencia se rompe.
  • Sofás encadenados o mudanzas constantes que desorganizan medicación y citas.
  • Alquiler de habitación sin condiciones (sin ascensor, sin calefacción, sin intimidad).
  • Viviendas inseguras o insalubres (humedades, cortes de suministros, riesgo de caídas).
  • No empadronarse por miedo, desconocimiento o por barreras burocráticas.
  • Aceptar condiciones abusivas por falta de alternativas (precios desproporcionados, amenazas, hacinamiento).

Esta invisibilidad complica la respuesta pública y el trabajo profesional: sin dirección estable es más difícil coordinar cuidados, activar teleasistencia, gestionar dependencia o garantizar continuidad en tratamientos. Y si a eso le sumamos soledad no deseada, el riesgo de deterioro (físico y cognitivo) aumenta.

7.- Qué sucede si no actuamos: tres escenarios posibles

- Más mayores en exclusión residencial sin “calle”: inestabilidad (habitaciones, alojamientos temporales, convivencia forzada) incluso sin un gran aumento de intemperie.

- Más dependencia evitable: caídas, desnutrición, deterioro cognitivo, depresión y peor adherencia a tratamientos.

- Más presión sociosanitaria: la atención domiciliaria se complica y la residencia aparece como “solución” por ausencia de alternativas, no por elección.

8.- Qué hacer ya: prevención, vivienda y acompañamiento

Si queremos promover la autonomía personal, la vivienda debe entrar de lleno en la agenda sociosanitaria. Mi propuesta de líneas de acción realistas pasaría por:

  • Detección temprana coordinada (servicios sociales, atención primaria, salud mental y red comunitaria) con señales de alarma: impagos, riesgo de pérdida de vivienda, soledad severa y deterioro funcional.
  • Mediación y asesoramiento legal accesible: muchas expulsiones son “silenciosas” (presión, miedo, no renovación).
  • Vivienda con apoyos: no basta con techo; hace falta acompañamiento, coordinación sociosanitaria y entornos adecuados. Los enfoques Housing First/Housing Led pueden inspirar modelos adaptados a mayores.
  • Más parque asequible y alternativas intermedias: vivienda social, alojamientos supervisados y opciones para mayores que no desean (ni necesitan) una residencia.
  • Planificación conjunta con dependencia: tratar la vivienda precaria como factor de riesgo preventivo.

Y un punto que solemos olvidar: medir bien para actuar mejor. Si no sabemos cuántas personas mayores están en exclusión residencial “invisible”, llegaremos tarde. Hace falta que municipios y comunidades autónomas crucen indicadores (impagos, cortes de suministros, alta rotación de domicilio, soledad, uso repetido de urgencias) con una mirada preventiva, no punitiva. La coordinación con el tercer sector es clave, porque muchas señales se detectan antes ahí que en el sistema formal.

La residencia no puede ser el “plan B” automático cuando falla la vivienda. Para muchas personas será necesaria, pero para otras será una consecuencia evitable si existe una alternativa residencial estable con apoyos.

La vivienda como frontera de la autonomía

El Reino Unido nos ofrece un aviso: la vejez no protege del sinhogarismo cuando la vivienda se vuelve inaccesible. España aún está a tiempo hoy, pero no bastan recursos de emergencia. En mi opinión se logrará si asumimos que la vivienda es infraestructura básica de autonomía personal e integramos su estabilidad en la prevención de la dependencia.

Jesús Cubero, socio fundador de UMA CARE, adjunto a la Dirección General Mensajeros de la Paz para el Área de Mayores, y experto en gestión sociosanitaria.

Valora esta noticia
5
(1 votos)
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios