Acompañar a alguien con Alzheimer implica, con frecuencia, postergar o abandonar los propios proyectos de vida. Por eso, aprender a pedir apoyo es esencial.
Proporcionan estructura y previsibilidad que reducen la ansiedad y facilitan su día a día. Una rutina bien diseñada puede beneficiar tanto a quienes padecen la enfermedad como a sus cuidadores, al disminuir la confusión y mejorar la calidad de vida.