En el sector de la dependencia hablamos mucho de inmigración. Y con razón. Buena parte de las residencias y de la atención domiciliaria en España funcionan gracias a profesionales que un día decidieron venir de otros países para construir aquí su futuro.
Pero casi siempre hablamos de la inmigración como un fenómeno de llegada. Muy pocas veces nos preguntamos qué ocurre después. Si esas personas encuentran aquí lo que esperaban. Si quieren quedarse. O si, una vez adquirida experiencia, deciden marcharse a otro lugar.
Hace unos días leía información sobre un estudio del Instituto de Investigación sobre el Empleo de Alemania, que analiza precisamente por qué algunos inmigrantes abandonan ese país después de haber llegado para trabajar. Las razones son diversas: la dificultad con el idioma, una burocracia desesperante, la percepción de discriminación, los problemas para encontrar vivienda o los motivos familiares. Cada uno de esos factores tiene un peso diferente y sería un error trasladarlos automáticamente a la realidad española.
Por ejemplo, España cuenta con una ventaja evidente que Alemania no tiene. Una parte muy importante de los trabajadores extranjeros procede de Latinoamérica, con quien compartimos una lengua común, enriquecida con variantes y matices, pero que nos permite entendernos a la perfección y sin esfuerzo. Esa barrera, que en Alemania resulta determinante para muchos profesionales, aquí es inexistente.
La burocracia es un terreno más resbaladizo. España no puede presumir precisamente de agilidad administrativa, como tampoco puede hacerlo Alemania. Más bien hemos alternado procedimientos extraordinariamente lentos y complejos con etapas en las que la regularización funciona casi como un coladero. Son problemas distintos, aunque ambos generan incertidumbre.
Respecto a la discriminación, conviene ser prudentes. Es un concepto difícil de medir. Puede que no siempre exista una discriminación objetiva, pero la percepción de quien la sufre también forma parte de la realidad. Es real en la medida en que se vive en primera persona. Ignorarla sería un error.
Sin embargo, hubo un dato del estudio alemán que me llamó especialmente la atención. Algunos inmigrantes llegaron pensando que desarrollarían una carrera en el ámbito sanitario y acabaron trabajando en residencias o en el cuidado de personas mayores a domicilio. No era el proyecto profesional que imaginaban y eso acabó influyendo en su decisión de irse del país.
El mensaje es que algunos profesionales formados en el ámbito sanitario pueden vivir el trabajo en atención a la dependencia como algo transitorio, como una fase previa antes de poder trabajar realmente en la salud. Una fase que, si se alarga demasiado, puede acabar generando desencanto y el deseo de marcharse.
Ese detalle debería hacernos reflexionar. ¡Por supuesto que cuidar a las personas mayores no sea un trabajo de segunda! Todo lo contrario. El problema es que a veces nosotros mismos lo hemos convertido en una profesión con escaso reconocimiento social, limitada capacidad de desarrollo y una remuneración insuficiente. Y en eso la inmigración no tiene nada que ver.

Si queremos atraer y retener talento, sea español o extranjero, necesitaremos conseguir más reconocimiento para estas profesiones: mejores salarios, mejores condiciones laborales y mayores oportunidades de crecimiento profesional. Pensar que siempre habrá nuevos trabajadores dispuestos a ocupar esos puestos porque llegan inmigrantes sería una estrategia tan cómoda como equivocada y cortoplacista.
En España, además, apenas hablamos de un fenómeno equivalente al que describe el estudio alemán. No sabemos si los inmigrantes que trabajan en nuestro sistema de dependencia están empezando a marcharse. Quizá no esté ocurriendo. Quizá todavía no. O quizá simplemente nadie lo esté midiendo.
Pero precisamente por eso merece la pena observar lo que sucede en otros países.
Los problemas rara vez aparecen de un día para otro. Suelen anunciarse antes, en otra parte o mediante señales que quizás no sabemos o queremos entender.
Y ya se sabe: cuando las barbas de tu vecino veas pelar…
Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.
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