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Destripando el mito del "hogar, dulce hogar"

Por José Pascual Bueno
martes 23 de junio de 2026, 21:10h
Prof. Dr. José Pascual Bueno. Presidente Asociación Dignitas Vitae. Miembro Grupo Senior de la SEGG.
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Prof. Dr. José Pascual Bueno. Presidente Asociación Dignitas Vitae. Miembro Grupo Senior de la SEGG. (Foto: Pepe Pascual)

Se ha instalado un mantra moderno que suena de maravilla en las conferencias y queda precioso en los folletos políticos: «El futuro de los cuidados pasa por quedarse en casa». Nos venden la teleasistencia, las viviendas colaborativas (cohousing) y los modelos hiperligeros como la panacea universal. Y oye, todo eso está muy bien. Es necesario, es inclusivo y es una opción fantástica… hasta que deja de serlo.

Porque hay una realidad tozuda que no deberíamos maquillar con eufemismos: una llamada de seguimiento a la semana, un botón rojo colgado al cuello y una bandeja de comida a domicilio no frenan un deterioro cognitivo severo, ni gestionan una disfagia, ni evitan que una persona con pluripatología se caiga de la cama a las tres de la madrugada.

Llega un momento en que el envejecimiento no pide solo "compañía". Pide estructura, control clínico, supervisión continuada e intervención profesional. Y esa estructura, cuando está bien diseñada y liderada, se llama residencia.

El falso dilema: "Domicilio bueno, residencia mala"

Reducir el debate a este binomio es, además de simplista, bastante poco riguroso. Tendemos a idealizar el entorno doméstico, pero la realidad es que existen domicilios profundamente institucionalizadores. Hablamos de personas mayores confinadas en pisos sin ascensor, aisladas socialmente, mal alimentadas y cuidadas por familiares absolutamente sobrepasados que se juegan la salud mental en el intento. ¿Es eso dignidad? Rotundamente, no.

El problema real nunca ha sido la residencia como concepto, sino la mala residencia. Lo que está completamente agotado y huele a naftalina no es el modelo residencial en sí, sino ese formato impersonal, masificado, rígido y centrado exclusivamente en "cumplir tareas" que anula por completo el proyecto de vida de la persona. Nadie quiere ingresar en un hospital crónico disfrazado de hotel.

Una buena residencia no es un almacén de personas ni el reconocimiento de un fracaso vital. Una buena residencia apoya. Apoya cuando la familia está agotada, cuando la soledad se vuelve un peligro real y cuando la dependencia exige una presencia física y experta las 24 horas del día, no parches intermitentes.

Del "Gerontopark" a la residencia de vanguardia

Por otro lado, tampoco podemos caer en la trampa de los extremos tecnológicos o los conceptos comerciales difusos, esos "Gerontoparks" o macrocomplejos que a veces se plantean más como negocios de ocio segregado que como verdaderos entornos de soporte humano y clínico. El futuro no va de crear parques temáticos para la tercera edad, sino de transformar los centros en espacios de vida real.

¿Hacia dónde debe ir la transformación? Las residencias del futuro tienen que ser:

  • Más abiertas y conectadas: Menos muros y más interacción con el barrio, la comunidad y el entorno social.
  • Más respetuosas con la autonomía: Donde el residente decida a qué hora se levanta, qué come o cómo decora su espacio. El centro debe adaptarse a la persona, no al revés.
  • Mucho más exigentes técnicamente: Cuidar a los mayores hoy en día es de una complejidad abismal. No es "entretener". Es gestionar simultáneamente salud mental, nutrición, movilidad, síndromes geriátricos complejos y el acompañamiento en el tramo final de la vida.

Y para esto último hace falta vocación, desde luego, pero sobre todo hace falta conocimiento especializado, liderazgo, recursos y equipos profesionales bien coordinados.

El reto del futuro

Las residencias no van a desaparecer; van a ser más imprescindibles que nunca. La pirámide demográfica no perdona. Pero si queremos que dejen de verse como el "último recurso" del que huir, debemos empezar a exigirles lo que realmente deben ser.

El verdadero desafío de la arquitectura y la gestión geriátrica del siglo XXI se resume en una sola frase: conseguir conjugar el calor y el trato de un hogar con el máximo rigor profesional en el cuidado. Porque cuando una persona ya no puede vivir sola de forma segura, el derecho que le asiste no es el de quedarse en su casa a cualquier precio, sino el de tener un lugar preparado para seguir viviendo con mayúsculas, seguridad y dignidad.

Prof. Dr. José Pascual Bueno. Presidente Asociación Dignitas Vitae. Miembro Grupo Senior de la SEGG.

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