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MÉDICOS SIN FRONTERAS PIDE MEDIDAS PARA EVITAR UNA ALTA MORTANDAD EN RESIDENCIAS

Ximena Di Lollo: "Como sociedad, hemos tenido un fallo general que tenemos que asumir. No hemos estado a la altura de las necesidades"

Actuación de Médicos sin Fronteras en residencias.
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Actuación de Médicos sin Fronteras en residencias. (Foto: MSF)
jueves 03 de septiembre de 2020, 04:18h
La responsable de respuesta en residencias de Médicos sin Fronteras en España y Portugal, Ximena Di Lollo.
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La responsable de respuesta en residencias de Médicos sin Fronteras en España y Portugal, Ximena Di Lollo.

La organización Médicos sin Fronteras (MSF) denunciaba recientemente en un informe el "inaceptable desamparo" que sufrieron las residencias de personas mayores durante el pico de la epidemia de la COVID en España. Además de alertar sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para evitar que vuelva a repetirse una alta mortandad en los geriátricos, denunciaba los "graves problemas" tanto del modelo de gestión de residencias como de coordinación entre administraciones.

La responsable de la respuesta en residencias de Médicos sin Fronteras, Ximena Di Lollo, ha explicado en una entrevista a Dependencia.info que la situación, en general, ha sido muy compleja porque "podías tener un plan magnífico y al día siguiente te llegaba solo la mitad del personal y cambiaba todo".

Sobre buscar responsables por ello, entiende que, probablemente, no hay una sola persona que tenga la culpa de lo que ha pasado. Considera que "como sociedad, hemos tenido un fallo general que tenemos que asumir. No hemos estado a la altura de las necesidades".

Ustedes hablan en su informe de que las lecciones aprendidas y las vidas perdidas deberían provocar un cambio profundo. ¿Por dónde pasa ese cambio, que hay que hacer para que no se repita lo que hemos vivido?

El principal cambio que tiene que haber es poder poner a las personas, tanto a los residentes como a los trabajadores y todos los afectados, en el centro. Y que no sea solo una respuesta para evitar una infección, sino para el bienestar de esa persona.

Por otra parte, también sería importante reforzar el sistema de salud para que tanto la Atención Primaria como el Sistema de Referencias Hospitalarias priorice este tipo de población, que sabemos que es la que más muere porque son los más vulnerables y tengan derecho a una atención especializada, digna y acorde a las necesidades y que, no por vivir dentro de una residencia, esto les quite derechos.

Creo que es lo que ha pasado, que el hecho de vivir en una residencia te hacía más vulnerable porque no te aceptaban en un hospital.

MSF propone un plan de contingencia que asegure la alerta temprana y la respuesta inmediata en el control de la infección. ¿Cómo sería este plan de contingencia para residencias?

Un plan de contingencia es un plan de preparación por si hubiera alguna eventualidad. Ahora son por la covid-19, pero podría eventualmente pasar con alguna otra enfermedad. Cualquier condición de salud que amenazara el bienestar de las personas mayores en residencias debería tener un plan de preparación para responder rápidamente.

Y estos planes de contingencia tienen varias patas. Por un lado, la más importante, que es la de los recursos humanos. Creo que en esta pandemia ha sido uno de los puntos más débiles, con un personal precarizado, mal pagado, que tenía que trabajar en muchos sitios al mismo tiempo y que debía trabajar pasara lo que pasara.

Es verdad que nadie estaba preparado para esto. Ni los hospitales...

El tema es tener gente preparada, reclutar gente a la que preparar para el cuidado básico de una persona mayor y, además, darle unos conocimientos para que en caso de que se detecte un síntoma en una situación irregular sepa cómo tiene que proceder. Parte de nuestro proyecto fue dar soporte en recursos humanos.

Por tanto, reclutamiento antes de que suceda, es decir, no esperar a que estés con un foco para reclutar, porque es ahí cuando se cometen más errores, apuras a la gente, que se asusta y no puede recibir la información como necesita, pero acompañado de un plan formativo básico de cuidados y también de “primeros auxilios emocionales”.

Lo que pasa es que esto te lleva al segundo punto, porque no sirve de nada únicamente que alguien sepa cómo está la situación. Cuando llame al médico para que vengan a verlo tiene que haber un sistema de salud que pueda evaluar la situación del mayor y ver si necesita un tratamiento más especializado y si ese tratamiento se puede hacer en un hospital o en la misma residencia.

En el caso de la covid es complicado porque muchos de los pacientes terminan con una dificultad respiratoria muy severa y esto solo se mejora con oxígeno y la dotación de oxígeno a los niveles que hace falta para mantener ciertos parámetros es hospitalaria. Entonces, tiene que ser un centro sociosanitario o un hospital, no lo puedes llevar a cualquier sitio.

Una de las ideas que habíamos propuesto es habilitar unidades móviles de cuidados paliativos. No quiere decir que la persona se vaya a morir, hablamos de cuidados dentro de los cuidados curativos y la atención médica. Pero tiene un componente humano de considerar las emociones de esa persona: el miedo, el vínculo con la familia, la autorización de esa persona para recibir cuidados paliativos, la autorización de la familia… En una época de emergencia a veces se saltan mucho estos pasos.

Así, primero prioridad en el hospital a estas personas que son las que se van a morir y si no hay esta posibilidad porque el sistema está saturado, que se haga a través de un sistema móvil enfocado a esta atención. Este sería el plan de contingencia: dotar de recursos financieros, formación y recursos humanos al sector.

Dicen en el estudio que las residencias tenían un déficit estructural de recursos y de supervisión sanitaria y ningún plan de contingencia… pero es que nadie en el mundo tenía un plan de contingencia contra la covid, nadie esperaba algo así…

Contra la covid, no, pero sabemos que las instituciones cerradas son más susceptibles de sufrir epidemias de gripe o salmonella… Se supone que debe tener un pequeño stock de material para proteger a los trabajadores y residentes. Pero es verdad que nadie estaba preparado para esto. Ni los hospitales.

Lo que ha pasado en las residencias es como si esto sucediera en un colegio y las maestras tuvieran que atender pacientes.

La idea en España es que MSF actúa principalmente en países del Tercer Mundo y con pandemias infecciosas, entre otras muchas enfermedades y catástrofes, muy graves… ¿Por qué deciden actuar en España y concretamente en el campo de las residencias?

Es verdad que nosotros estábamos posicionando gente en Asia porque pensábamos que la situación más compleja iba a estar allí, hasta que empezamos a hablar con los compañeros de MSF Italia y nos contaron lo que estaba pasando: saturación del sistema y alta mortalidad en residencias. Entonces vimos que a lo mejor no había que irse a Asia y que el problema iba a estar aquí.

Fue en ese momento cuando se ofrece a las autoridades el apoyo estratégico porque ese ‘chip’ de respuesta a emergencia es en lo que nosotros podemos aportar. En las residencias, porque focalizamos en la población más vulnerable y estaban muy desatendidas por el sistema de salud. Pero nuestro trabajo, más que ir a las residencias a explicar cómo hacer una sectorización, tuvo mucho de lobby con las autoridades y decir pasará esto y necesitarás estos recursos.

Por eso creamos la web y en esto ACRA (patronal catalana de residencias) tuvo bastante que ver porque fue la que nos alertó de qué necesidades había y que los protocolos estaban siendo muy complejos y no había tiempo de leérselos porque los trabajadores estaban enfermando y no tenían posibilidades de ponerse a leer un documento de 25 páginas.

Creamos por ellos unas fichas técnicas muy amigables en la que se explicaba todo rápidamente y desarrollamos también los EPIs alternativos. Además, tenemos un asistente virtual para residencias sobre covid-19 donde se pueden hacer preguntas sobre la enfermedad y te contesta al instante con toda la información de Médicos sin Fronteras.

¿Cómo decidieron ustedes sobre que 500 residencias actuar? ¿Cuál fue el criterio, quién lo decidió? ¿Lo decidieron ustedes o se dejaron aconsejar por las administraciones?

Esto ha variado mucho en función de la comunidad autónoma. Hubo sitios donde se hizo con un criterio de oportunidad porque teníamos gente dentro del sistema de salud que había trabajado con nosotros y nos alertaban de situaciones. Es decir, con la red de extrabajadores de MSF que nos abrían puertas en hospitales y en residencias.

Luego hubo otros sitios donde tuvimos un papel de acompañamiento a las autoridades en distintas plataformas, como fue el caso de Madrid.

Otra fuente sumamente importante de información que nos decía dónde había situaciones más críticas fueron los familiares, con asociaciones de familiares y desde el primer día con familiares particulares.

Como sociedad, hemos tenido un fallo general que tenemos que asumir. No hemos estado a la altura de las necesidades...

Directamente, sin rodeos, ¿quién tiene la responsabilidad de lo que ha pasado en las residencias, han fallado las residencias o las administraciones? ¿Las residencias han actuado mal o había unos protocolos mal elaborados o mal pensados?

Probablemente, como en la mayoría de estas situaciones, no hay una sola persona que tiene la culpa de lo que ha pasado. Como sociedad, hemos tenido un fallo general que tenemos que asumir. No hemos estado a la altura de las necesidades. Y desde luego, no nos corresponde a nosotros asignar responsabilidades. Eso lo hará la autoridad competente. Y sí creemos, como se dice en medicina, que ha habido un fallo multiorgánico. Ha fallado el aprovisionamiento, los recursos humanos, la formación, el acceso a la salud y la coordinación.

Cuando se habla de falta de coordinación hay que decir que ha sido porque las residencias siempre han estado bajo la jurisdicción del Ministerio de Asuntos Sociales. Y esto ha sido difícil porque como consecuencia de la crisis de repente viene alguien a darte órdenes que no es tu jefe. Esto ha tenido un peso muy grande porque si en hospitales la autoridad del hospital puede tomar una decisión, en residencias no ha estado tan claro quién era el que tomaba las decisiones.

En este sentido, muchas patronales y responsables de residencias se quejaban de que recibían órdenes para aplicar de forma inmediata y no estaban firmadas, no llevaban el sello que garantizara que esa actuación era la que se había protocolizado…

Así es, de hecho, tardamos mucho en ver dónde estaba por escrito que no se recibiera pacientes de residencias en los hospitales. Era como una orden implícita que recibieron algunas personas.

He estado en residencias acompañando a equipos que no tenían personal médico y cuando me ponía con ellos a hacer la llamada es cierto que no se los recibía. Pero no había una orden firmada por un consejero de salud. Luego han salido, pero en ese momento había muchísima confusión.

Confusión y falta de personal… ¿Cómo se soluciona el hecho de que por aplicación del protocolo la residencia pierda un porcentaje muy elevado de trabajadores que se dan de baja porque ha estado en contacto con una persona sospechosa de covid o positivo confirmado? ¿Qué tenía que haber hecho el director de residencia?

Lo primero es que yo creo que los trabajadores hicieron lo que tenían que hacer, que era quedarse con sus pacientes y cuidarlos lo máximo que podían. No era su responsabilidad contratar nuevo personal porque no se podía.

Se necesitaba que las autoridades tomaran el mando de la situación porque era insostenible que de manera particular las residencias pudieran gestionarlo solas...

Ante la falta de trabajadores, yo creo que ahí las autoridades tenían que haber dado prioridad al sector de las residencias. Tú no puedes dejar en manos del sector privado o de un director de residencias cuestiones de Salud Pública. Ahí se tenía que haber tenido una respuesta más operativa, más completa, frente al ‘gap’ que había en ese momento de recursos.

Eso sí que no es responsabilidad, para nada, de las residencias, sino que es de las autoridades competentes en términos de Salud.

Dejan claro en su informe que las residencias son el hogar de las personas mayores, que, obviamente, no son hospitales… ¿Qué podían haber hecho, entonces, los directores de residencias para conseguir que se derivara a hospitales a los mayores con síntomas sospechosos de la covid-19 precisamente cuando se estaban negando estas derivaciones?

El problema es tal cual. Pero ahí es donde entraba el nivel de autoridades. Cuando hablamos de mejorar la coordinación, no se trata solo de mejorar la coordinación por colores políticos, sino que se necesitaba que las autoridades tomaran el mando de la situación porque era insostenible que de manera particular las residencias pudieran gestionarlo solas.

Tienen un punto en el informe que titulan “Denegación de derivaciones a los servicios hospitalarios ¿negligencia u omisión del deber de socorro? Ambos casos son malos escenarios…

Es un tema super complejo. La cantidad de capas de responsabilidad que tienen y de acciones que se podrían haber puesto en marcha es infinita, desde la complejidad de una residencia que es un edificio de ocho plantas a una residencia que son ocho camas en un piso del Ensanche de Barcelona.

Es muy difícil tomar decisiones homogéneas porque la casuística es muy compleja. Pero para eso hay autoridades que cuando las cosas se salen de control tienen que reconducirlas. Y eso es lo que proponemos en el informe.

Apuntan también que el 67% de los fallecimientos por la pandemia se han producido en residencias… ¿cómo han contabilizado los fallecidos, por exceso de mortalidad, casos sospechosos o solo los confirmados con pruebas positivas? ¿qué porcentaje creen ustedes que es el real?

Hemos contabilizado 27.300 (a fecha del informe) fallecidos con los casos confirmados y por síntomas, sobre todo porque en la primera fase, que no había test, se te escapa el pico más grande de la pandemia. Creemos que el porcentaje real es este que damos.

Es verdad que hay comunidades, como la de Euskadi, en las que este porcentaje era más cercano al 40%. Pero este es otro de los problemas que resaltamos, la diferencia de datos, la forma de recolectar la información y la falta de unificación de criterios.

¿Notaron en MSF si hubo maneras distintas de responder a la pandemia en residencias públicas, privadas o centros residenciales sin ánimo de lucro? ¿Saben si ha habido más fallecimientos en unas u otras?

No, no lo sabemos. De hecho, en un mismo municipio con residencias privadas, concertadas y públicas, en distintos momentos de la epidemia se abordaba de manera diferente. Por eso fue tan difícil volver a los sitios porque, incluso dentro de una misma residencia, en dos fases distintas de la epidemia, el abordaje era distinto y la mortalidad era distinta.

Podías tener un plan magnífico y al día siguiente te llegaba solo la mitad del personal y cambiaba todo...

No era posible saberlo. En un principio pensábamos que las públicas habían tenido más supervisión, pero no tenemos datos que realmente comprueben eso. De hecho, había residencias donde decías “estos lo harán muy bien porque tienen recursos y tienen EPIs” y no entendía por qué a las dos semanas estaba todo desbaratado.

Es muy complejo. Han influido tantos factores... Podías tener un plan magnífico y al día siguiente te llegaba solo la mitad del personal y cambiaba todo.

Todas las medidas que se proponen desde MSF para hacer frente al coronavirus supondrían un incremento notable de financiación… Más personal, mejor formado, más medios e instrumental, más médicos y hospitales… Todo esto supone más dinero, ¿la solución es solo económica?

No. Muchas de las propuestas que hacemos tiene que ver con la movilización de recursos. Por ejemplo, proponemos que personal de la propia administración o de otros sectores que no estuvieran operativos en ese tiempo, como la educación, podían haber realizado, con la formación adecuada, la tareas de responsable de control de infección para supervisar que el circuito funcionara. Sí implica una inversión, pero no es tan grande.

En algunas comunidades, por ejemplo, se han utilizado centros privados que no estaban saturados para atender.

¿Cómo creen ustedes que ha valorado la sociedad española el hecho de que hayan actuado aquí?

Creo que nuestra intervención ha tenido una buena aceptación, pero con un factor de sorpresa y a veces de no entender por qué Médicos sin Fronteras está aquí. No de no aceptación, pero sí que costaba entender porque creo que lo que ha costado de verdad ha sido ver la magnitud del problema desde el principio.

Hemos tenido muy buen ‘feeling’ entre los trabajadores de hospitales y residencias y los de MSF. Luego, a algunas autoridades y parte de la sociedad le costaba entenderlo.

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