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JOSÉ AUGUSTO GARCÍA NAVARRO, PRESIDENTE DE LA SEGG

“Hacerse mayor es algo positivo y no es un problema, sino un reto”

jueves 06 de febrero de 2020, 02:36h
El presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro.
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El presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro. (Foto: SEGG)

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) eligió en su 61º Congreso celebrado en junio del año pasado a su nuevo presidente, el doctor José Augusto García Navarro que, optimista con el futuro que nos viene, cree que “la longevidad es el principal motor de cambio social que en estos momentos tenemos”.

En una entrevista con Dependencia.info, García Navarro opina que “la SEGG está en el momento idóneo para defender desde una óptica científica todos los retos que plantea el envejecimiento” porque “hacerse mayor es algo positivo y no es un problema, sino un reto”.

¿Cómo ve la institución a día de hoy y cuáles son sus principales retos?

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) cumple este año 72 años, tiene 2.500 socios y está presente en grupos con un alto impacto para el desarrollo de una atención de calidad a los mayores de nuestro país, como la Comisión Nacional de la Especialidad de Geriatría o la ACEB (asociación científico profesional para el estado de bienestar) o el Foro Lidea, donde coincidimos con las 5 principales asociaciones de mayores del país, con más de 2 millones de asociados.

En un país donde ya hay más de 9 millones de personas mayores de 65 años, donde 3 de cada 4 ingresos hospitalarios son en mayores o donde el 25% del censo electoral también está formado por mayores, la SEGG está en el momento idóneo para poder defender desde una óptica científica todos los retos que nos plantea el envejecimiento: atención sanitaria y sociosanitaria, pensiones, programas intergeneracionales, etc.

Y no olvide que la SEGG es de las pocas sociedades científicas interdisciplinares, lo que nos dota de una enorme riqueza para poder afrontar de forma transversal y con miradas diversas los retos que antes mencionaba.

La SEGG es necesaria en estos momentos y nuestro gran reto es que participen todos los profesionales que la forman de forma activa para dar respuestas.

¿Qué es lo más importante ahora mismo que se debe abordar en España respecto a las personas mayores?

Le podría enumerar muchos tópicos: las pensiones y su sostenibilidad, los servicios sociosanitarios y su calidad, poner la geriatría en todos los hospitales, etc.

Todos estos temas son muy importantes y por supuesto que hay que abordarlos. Pero yo creo que hay que hacer algo previamente y es entender que la longevidad es el principal motor de cambio social que en estos momentos tenemos.

Al vivir muchos más años se nos plantea una cuarta etapa en la vida. Hemos pasado de un paradigma donde había tres etapas vitales que eran la etapa de formación, la productiva y la de jubilación, a un nuevo paradigma donde las personas, al jubilarse, afrontan una nueva etapa vital: aquella que se inicia con 65 o 66 años de edad y donde aún quedan, para muchas personas, más de 20 años de vida activa.

¿Cómo potenciamos socialmente el papel de estas personas? ¿Cómo aprovechamos su experiencia? ¿Cómo estimulamos su legado a la familia y a sus comunidades? ¿Cómo pueden contribuir al tejido productivo? En definitiva ¿Cómo hacer que personas activas física, mental y socialmente contribuyan al crecimiento de nuestra sociedad y sean un activo de la misma?

Sin olvidar que la longevidad provoca que en los últimos dos años de nuestras vidas, cuando ya hemos vivido mucho tiempo de forma activa y satisfactoria, se suelen acumular muchas enfermedades crónicas y dependencia. Y aquí nuestro reto es dar la mejor atención sanitaria y social. Viviremos, para dar respuesta a estas personas, la aparición de nuevos servicios, un incremento en los controles de calidad (que serán más transparentes), la introducción de nuevas tecnologías para el control de pacientes y un cambio radical en los hospitales y las residencias para personas con dependencia tal como hoy las conocemos.

Hemos hablado mucho en las últimas semanas de maltrato a las personas mayores, de soledad, de su imagen en la sociedad. ¿Qué hace falta para acabar con todo ello?

Es necesario y urgente cambiar la imagen que socialmente se tiene de las personas mayores. El mayor peso demográfico de las personas mayores se suele abordar desde una óptica negativa y de preocupación, como si se tratara de un problema.

Un problema centrado sobre todo en una dimensión económica (nos preocupa la viabilidad del sistema de pensiones) y en una dimensión sanitaria y asistencial (cómo atendemos a los ancianos en los hospitales y centros sociosanitarios y cómo hacemos frente a los cuidados de las personas mayores con dependencia).

Es decir, en el fondo este envejecimiento viene a hacernos perder a los jóvenes el estado de bienestar porque no podremos hacer frente a todas las necesidades (económicas y asistenciales) que se generarán.

Además, el estereotipo que tenemos de la vejez es que es una etapa de la vida negativa, donde sufrimos un importante declive físico e intelectual y somos pasto de múltiples enfermedades, muchas de ellas crónicas, que influyen de forma negativa en nuestra calidad de vida.

Hay una doble preocupación que tenemos que combatir: nos preocupa y asusta lo que nuestros mayores necesitarán de nosotros y, en el fondo, tampoco queremos llegar a ser mayores.

Pensamos en negativo cuando hablamos de envejecimiento. Hay que cambiar la visión y considerar que sumar años a la vida es un éxito.

La mayoría de nuestros mayores son personas física e intelectualmente activas a las que les queda un largo período de tiempo para seguir aportando su experiencia y visión a sus familias, amistades, vecindario, etc.

Se ha de comenzar a cambiar este estereotipo en las escuelas y seguir en medios de comunicación, en empresas, etc. Hoy estamos luchando activamente por la igualdad de género y hay que empezar a luchar también por la igualdad de edad.

Envejecer no es ser viejo más tiempo, sino lo contrario, ser joven durante más tiempo.

La demografía juega en contra de la sociedad actual. No porque aumente la esperanza de vida, más bien porque cae la natalidad. Esto provoca desequilibrios que se agravan con el paso del tiempo sin una perspectiva de cambio. ¿Cómo ve la sociedad española dentro de 10 años? ¿y de 20?

Estoy seguro que podremos superar todos los escenarios pesimistas que nos dicen que no podremos hacer frente al sistema de pensiones o a los elevados costes que representarán la atención sanitaria y sociosanitaria.

El crecimiento negativo de la población se verá compensada por la llegada de inmigrantes que, por cierto, jugarán un papel fundamental para generar impuestos y tasas que ayuden al sistema de pensiones y a las políticas de protección sanitaria y social. Y también serán cruciales para tener profesionales que atiendan a los ancianos con mayor dependencia.

Yo particularmente creo que tendremos una sociedad con más mayores, con más tecnología y con más tiempo para dedicarnos a nuestras aficiones. Incluso, como tendremos la oportunidad de disfrutar de esa “cuarta edad” que hablábamos anteriormente nos podremos reinventar: algunos mayores continuarán trabajando, otros apoyarán a la familia, otros estudiarán una segunda o tercera carrera, incluso muchos cambiarán de pareja y rediseñarán su vida …¡20 años extra respecto a lo que tenían nuestros abuelos dan para mucho!

A este respecto, ¿para qué cambios debemos prepararnos de forma más significativa y sustancial?

Yo citaría tres grandes cambios y un gran reto.

El primer cambio será integrar a los mayores en una sociedad productiva y activa, intentando en algunos casos que incrementen su vida laboral, aunque sea a modo parcial, para aprovechar su experiencia. Intentando también que puedan jugar un papel más activo en la definición de las políticas de nuestro país. Intentando que se supere la visión del envejecimiento como algo negativo y poco productivo para que participen en las grandes decisiones de su comunidad, de su municipio y del país.

El segundo gran cambio será la redefinición de los hospitales para dar respuesta a las personas de más edad que ingresarán con más dependencia y con mayor número de enfermedades crónicas y complejas. En este sentido, todos los hospitales del país acabarán instalando servicios de geriatría completos con unidad de agudos y con rehabilitación geriátrica.

El tercer gran cambio será la redefinición de los servicios sociales, con una participación directa de los mayores en su diseño y con una enorme potenciación de los servicios domiciliarios. La introducción de tecnología será también decisiva en este sector para permitir la telemonitorización, la detección de accidentes y la asistencia robotizada.

Y el gran reto será atender a los ancianos en un mundo rural cada vez más despoblado y donde será difícil llevar servicios de alta calidad y en poco tiempo. Especialmente porque la tecnología no lo podrá cubrir todo y serán necesarios muchos profesionales que, hoy por hoy, no tenemos.

Se acaban de cumplir ahora 13 años de la entrada en vigor de la Ley de Dependencia, ¿cómo cree que está funcionando? ¿Abogaría por hacer cambios significativos o por hacer una nueva? De ser así, ¿con qué ejes fundamentales?

La Ley de Dependencia ha sido un gran avance en nuestro país y está ayudando a las personas con dependencia a tener una mejor atención. Después de diez años de funcionamiento necesita de una revisión de sus procedimientos para poder dar respuesta más rápida a las necesidades de las personas beneficiarias y también ampliar la cartera de servicios actual. Es necesario agilizar el proceso.

Y de forma muy clara necesita incrementar mucho su dotación económica actual. Y de forma urgente.

¿A quién responsabilizamos del famoso “limbo de la dependencia”?

A las administraciones responsables claramente. Es decir a las administraciones responsables de prestar los servicios sociales en cada comunidad autónoma. No se entiende que haya comunidades autónomas donde este limbo sea muy pequeño y otras donde afecta a casi la mitad de las personas con derecho a prestación. ¿Por qué unas son más ágiles que otras?

Este es un problema de organización y de dotación de los recursos propios de cada comunidad. Y el efecto de priorizar unas políticas y otras.

¿Todo es dinero, todo lo que falla en este sector es falta de financiación o hay cosas que se hacen mal, que se organizan mal?

En la organización hay que ir hacia la integración de servicios sanitarios y sociales. Y hacia la visión de la persona de forma global. Hemos de centrar los servicios en las personas y no en las administraciones.

Déjeme indicarle algunas cosas que están pasando en nuestro país que impiden una adecuada prestación de servicios a las personas con dependencia: no existe una concordancia entre las zonas de atención sanitaria y social, no existe un sistema informático único, no existen dinámicas de trabajo comunes, no existe un presupuesto común,…y un largo etcétera.

Si no centramos la atención en las personas y acercamos las administraciones implicadas (sanitaria, social y administraciones locales) no podremos superar el reto de atender a estas personas con dignidad y calidad.

Y sí, falta mucha financiación. Además hay que decir que falta mucha financiación.

¿Por qué cree que no resulta atractivo para una mayoría de profesionales sociosanitarios el sector de la dependencia? De otra forma, ¿a qué achaca la falta de personal en residencias, centros de día y atención a domicilio?

Yo creo que no se valora la profesión de forma adecuada por parte de las administraciones y de la ciudadanía en general.

Se tiende a considerar la geriatría y el trabajo con mayores como un trabajo de segunda clase, cuando en realidad es un trabajo tremendamente complejo: las personas atendidas tienen múltiples enfermedades y limitaciones físicas y mentales y es necesario también trabajar de forma intensa con el cuidador.

Además, los profesionales que trabajan en el ámbito residencial suelen tener salarios muy por debajo de los profesionales que trabajan en el ámbito hospitalario, lo que desincentiva a muchos profesionales a ir a trabajar en este medio.

¿Cómo ve el sector residencial en España?

Hay que cambiar la prestación residencial por la prestación domiciliaria de forma decidida y hay que potenciar también las alternativas a las residencias: centros de día, viviendas con servicios, etc.

En el mundo residencial sería muy interesante incrementar los criterios de calidad y hacer transparente los resultados de cada centro para que los ciudadanos puedan conocer mejor el centro que les atiende.

Yo no construiría más residencias (salvo en las áreas claramente deficitarias) sino servicios alternativos.

Al igual que en sanidad se habla de servicios “alternativos a la hospitlaización tradicional”, en el sector social tendremos que empezar a hablar de servicios “alternativos al ingreso residencial”.

¿Alguna sugerencia o tema que quiera añadir?

Envejecer es fantástico en nuestro país, no lo dudemos.

Es fantástico en estos momentos y tenemos que seguir luchando para que lo sea en el futuro. Y hay que pensar que hacerse mayor es algo positivo y no es un problema, sino un reto.

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