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Residencias grandes o pequeñas. Trece años después

martes 17 de julio de 2018, 21:58h

En 2005 escribí un artículo titulado ‘¿Residencias grandes o pequeñas?’. Por aquel entonces se estaban construyendo e inaugurando muchos centros residenciales para mayores de entre 150 y 200 plazas y, a pesar de ello, España seguía siendo un país de residencias pequeñas con un sector privado formado eminentemente por centros que acogían a menos de 50 residentes (y con un gran número de “mini-residencias de ancianos” de menos de 25 plazas). Residencias que, en muchos casos, encontraban enormes dificultades para adecuarse a los nuevos requisitos que surgían en las diferentes comunidades autónomas en lo que respectaba a contratación de profesionales, exigencias arquitectónicas y de calidad. Parecía que las autoridades, a través de requisitos de autorización y acreditación iban encaminadas a acabar con el sector de las residencias pequeñas. Y esto era así hasta el punto de que en poco tiempo surgió en Cataluña Upimir, una patronal que agrupaba y agrupa, precisamente, a residencias pequeñas y medianas.

Mi opinión, hace trece años era: “Yo creo que hay motivos para pensar que, al menos durante unos cuantos años, van a coexistir en el sector residencias grandes, medianas y pequeñas y uno de ellos es que, a pesar de que las residencias más grandes suelen ofrecer un buen servicio en mayores espacios y un equipo de profesionales más extenso, las residencias pequeñas cuentan con “la simpatía” del público”.

Una prueba de esta “simpatía” se ponía claramente entonces de manifiesto en un estudio llevado a cabo por el IMSERSO con el título “ Situación y evolución del apoyo informal a los mayores en España” en el que mediante una radiografía en movimiento que permitía comparar la atención que prestaban familiares y amigos en 1994 con la de 2004 se pretendía poder analizar cómo evolucionaba lo que entonces se conocía como “atención informal”. Dentro del estudio se planteaba una pregunta a 1.500 cuidadores no profesionales: “¿Cómo cree que deberían ser las residencias para las personas mayores?”. Casi el 40% decía que deberían tener menos de 15 plazas; el 16% dice entre 15 y 50. Si tenemos en cuenta que el 21% dice que no sabe o no contesta.

Cuando leo lo que escribí hace años descubro que no soy un profeta demasiado fidedigno. Es cierto que la proporción de plazas situadas en residencias de más de 100 plazas es ahora muy superior a las que están en centros de menos de 50. También lo es que en los últimos años han cerrado muchas mini-residencias. Pero, analizando algunos casos no veo que los cierres se hayan debido a la desaparición de la demanda por esas plazas sino a que se ha acabado el alquiler y los dueños del inmueble han decidido arrendarlo para otro uso. En la zona de Barcelona, donde hay centenares de residencias en pisos y viviendas unifamiliares, el “cierre inmobiliario” se ha llevado por delante a un buen grupo de pequeños centros.

Como en la mayor parte de España las normativas que van surgiendo miran hacia el futuro, o sea, no obligan a las residencias de mayores existentes a adaptarse, los centros más antiguos se mantienen e incluso, al competir con centros nuevos a los que se les exige más metros cuadrados y servicios, pueden vender las plazas a un precio más competitivo.

Algo esencial que está cambiando con los años es la difuminación del concepto “grande y pequeño”. Las residencias de mayores pequeñas pueden mimar a una demanda que, a priori, dice preferirlas. Las más grandes, en cambio, quizás conociendo que la demanda tiende a preferir el tamaño reducido, lleva tiempo poniendo el centro de su promoción, por un lado, en la variedad de espacios, servicios y programas que pueden lleva a cabo y por otro en la “segmentación interior”, o sea en la división de las residencias en unidades de convivencias más o menos reducidas.

Esa idea de la “unidad de convivencia”, tan en boga acorde con la filosofía de la Atención Centrada en la Persona, permite pensar que yo no vivo en una residencia de 150 personas sino en una de 30 situada dentro de un edificio que acoge a otras unidades de ese tamaño. Eso es lo que solemos ver en los viajes geroasistenciales por Europa.

La idea es clara: si vivo en un edificio de vecinos donde hay cuarenta pisos pensaré “yo vivo en el tercero cuarta con mi familia de cuatro miembros”, no “vivo en un edificio con doscientas personas”. Eso es lo que cada vea más hacen las residencias.

No sé lo que escribiré dentro de trece años más sobre este tema, pero seguro que algo tendrá que ver con la falta de plazas para atender a todo el mundo que va a necesitar una residencia entonces. Ya veremos.

Nota: pueden verse los resultados del estudio en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0211139X0575068X

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