Opinión

Invertimos en recursos… pero seguimos viendo úlceras por presión evitables en el sector geriátrico

Ana Franco Hernández, enfermera certificada por GNEAUPP (Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas). (Foto: Ana Franco).
Ana Franco Hernández | Domingo 24 de mayo de 2026

Las úlceras por presión continúan siendo una de las complicaciones más dolorosas y devastadoras para muchas personas vulnerables dentro del sector geriátrico.

Detrás de cada lesión hay dolor, sufrimiento, pérdida de calidad de vida y un importante impacto emocional tanto para los pacientes como para sus familias y los propios profesionales. En muchos casos, hablamos de personas mayores frágiles, dependientes y con múltiples patologías, donde una lesión cutánea puede convertirse rápidamente en un problema clínico complejo que condiciona la evolución del paciente, aumenta la carga asistencial y deteriora profundamente su bienestar.

Sin embargo, pese a los avances en prevención, a la existencia de guías basadas en evidencia científica y al aumento de recursos destinados al cuidado de la piel y prevención de lesiones, seguimos viendo úlceras por presión evitables cada día.

Y esto nos obliga a reflexionar.

Muchos centros están realizando un importante esfuerzo económico en superficies especiales para el manejo de la presión, productos avanzados, apósitos avanzados y material preventivo de última generación. Pero la realidad asistencial demuestra que los recursos, por sí solos, no garantizan mejores resultados si no van acompañados de una cultura de cuidados compartida, estructurada y basada en evidencia científica.

Uno de los grandes desafíos del sector geriátrico es, precisamente, la dificultad de mantener una línea de cuidados homogéneos en entornos con alta rotación de personal, presión asistencial y equipos cambiantes. En el día a día conviven profesionales con distintos niveles de experiencia, formación y conocimientos en prevención de lesiones cutáneas, lo que puede generar variabilidad en los cuidados y retrasos en la detección precoz del riesgo.

Y en prevención, llegar tarde tiene consecuencias.

La mayoría de las úlceras por presión no aparecen de forma repentina. Antes de que exista una herida visible, el cuerpo suele emitir señales de alarma que deben ser identificadas de manera precoz: cambios de coloración, eritema no blanqueante, exceso de humedad, presión mantenida, deterioro cutáneo o pequeños signos que pueden pasar desapercibidos si no existe una vigilancia estructurada y una formación continuada del equipo.

Por ello, formar únicamente a una parte del personal ya no es suficiente.

La prevención real exige que todo profesional que esté en contacto con el residente trabaje bajo una misma línea de cuidados, utilizando criterios claros, protocolos prácticos y actuaciones basadas en evidencia científica.

Cuando los cuidados se estandarizan, la transformación asistencial es evidente.

Los equipos comienzan a identificar antes los riesgos, se reducen errores, mejora la coordinación entre profesionales y la prevención deja de depender de la experiencia individual de cada trabajador. El conocimiento se integra en la práctica diaria y los cuidados adquieren continuidad incluso en contextos de alta rotación de personal.

Y eso tiene un impacto directo tanto en las personas como en los propios centros.

Disminuyen las lesiones evitables, mejora la seguridad del paciente, se optimiza el uso de recursos materiales, se reducen complicaciones y aumenta la sensación de control y confianza dentro del equipo asistencial. Pero, sobre todo, se protege algo fundamental: la dignidad y la calidad de vida de las personas atendidas.

Porque las lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia no son únicamente un problema clínico o económico.

Son también uno de los indicadores más sensibles de la calidad de nuestros cuidados, de nuestra capacidad preventiva y del modelo asistencial que queremos ofrecer dentro del sector geriátrico.

El reto de la dirección hoy no es solo proveer de materiales, sino garantizar que el conocimiento científico se convierta en la cultura compartida de todo el equipo. Solo cuando la prevención deja de ser un acto individual y pasa a ser un estándar organizacional, podemos decir que estamos ofreciendo una verdadera atención centrada en la persona.


Ana Franco Hernández es enfermera experta en heridas complejas y prevención de úlceras por presión, certificada por GNEAUPP (Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas). Más de 20 años de experiencia clínica. Docente en prevención y manejo de lesiones cutáneas
anafrancoheridas@gmail.com
LinkedIn – Ana Franco Hernández

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