Tras años acompañando a centros del sector de la dependencia en procesos de certificación de la humanización, el Instituto Global de Cuidados nace como una evolución natural de esa trayectoria de la marca de garantía + Humanización. Su objetivo es claro: trasladar los valores del cuidado humanizado a la práctica diaria de los equipos sociosanitarios, dotándolos de competencias reales, sostenibles y medibles.
Lo que diferencia al Instituto de otras entidades es que no entiende la formación como un catálogo de cursos ni como un trámite, sino como “un proceso de transformación del modelo de atención”, orientado a cambiar prácticas y a integrar la humanización en la atención cotidiana, la gestión y el liderazgo de los centros. Su enfoque combina formación aplicada, acompañamiento y evaluación del impacto, con atención centrada en la persona y trabajo interdisciplinar como ejes clave.
Para los profesionales, esto se traduce en cambios concretos: más autonomía y rutinas adaptadas a las preferencias de la persona usuaria, mejor gestión del malestar y un clima laboral más coordinado y seguro. Tal como subraya María Salmerón, impulsora del Instituto Global de Cuidados, formar para cuidar implica entender “que cuidar no es solo hacer, sino cómo se hace, desde qué valores y con qué impacto”.
Este planteamiento convierte al Instituto Global de Cuidados en un compañero estratégico de centros, empresas e instituciones, orientado a un modelo de atención sostenible y centrado en las personas. Pero María Salmerón nos cuenta el origen, la metodología y la visión de futuro del Instituto:
- Después de años trabajando con la marca de garantía + Humanización, ¿cómo y por qué nace el Instituto Global de Cuidados? ¿Es una evolución natural de vuestra trayectoria previa?
El Instituto Global de Cuidados nace precisamente de la experiencia acumulada durante años acompañando a centros que apostaban por la marca de garantía + Humanización. En ese recorrido detectamos algo muy claro: la humanización no se consolida únicamente con una declaración de valores ni con acciones aisladas, sino que - necesita profesionales formados, entrenados y acompañados para sostenerla en el tiempo.
Por tanto, sí, es una evolución natural. Veníamos trabajando la cultura, los estándares y los compromisos organizativos, y dimos el paso lógico hacia la capacitación profunda de los equipos. El Instituto surge para convertir la humanización en práctica profesional, integrándola en los cuidados cotidianos, en la gestión, en el liderazgo y en la relación con las personas usuarias y sus familias.
- ¿Qué hace exactamente el Instituto Global de Cuidados que lo diferencia de otras consultoras o entidades formativas del sector de la dependencia?
Nuestra principal diferencia es que no entendemos la formación como un catálogo de cursos ni como un trámite, sino como un proceso de transformación del modelo de atención. Formamos para cambiar prácticas, no solo para transmitir contenidos.
La propuesta de valor del Instituto se basa en una formación aplicada, contextualizada y medible, diseñada desde la realidad de los centros. Trabajamos con metodologías propias que integran diagnóstico previo, diseño ajustado, entrenamiento práctico, acompañamiento y evaluación del impacto.
Nuestros pilares son claros: atención centrada en la persona, humanización operativa, trabajo interdisciplinar real, cuidado del cuidador y mejora continua basada en evidencias. Todo ello con un lenguaje sociosanitario común que facilita la coordinación entre perfiles y refuerza la coherencia organizativa.
- Desde vuestra experiencia certificando la humanización en los centros, ¿qué carencias detectasteis en la capacitación de los profesionales que os llevaron a crear una rama específica de formación?
Detectamos carencias muy repetidas, que no tienen que ver con falta de compromiso, sino con falta de entrenamiento competencial. Por ejemplo, dificultades en la comunicación con personas usuarias y familias, en la gestión emocional de situaciones complejas, en el acompañamiento al final de la vida o en la aplicación real de la atención centrada en la persona.
También observamos una brecha importante entre los protocolos y la práctica diaria, así como dificultades en el trabajo interdisciplinar y en el liderazgo de los equipos. Todo ello genera desgaste profesional y una sensación de incoherencia entre lo que el centro quiere ser y lo que realmente ocurre.
Estas carencias nos impulsaron a crear una línea formativa específica, orientada a desarrollar habilidades relacionales, éticas y organizativas, además de las técnicas, para sostener modelos de cuidado más humanos y eficaces.
- Para el director de un centro de día o de una residencia que nos esté leyendo, ¿en qué se traduce vuestra formación? ¿Cómo mejora la vida del residente y el clima laboral del equipo?
La formación del Instituto se traduce en cambios muy concretos en la vida diaria del centro. Para la persona usuaria, supone más autonomía real, rutinas adaptadas a sus preferencias, mejor gestión del malestar y una atención más respetuosa, segura y personalizada.
Para los equipos, implica una mejora notable del clima laboral: más coordinación, menos conflictos, mayor sensación de competencia profesional y reducción del desgaste emocional. Cuando los profesionales cuentan con herramientas claras y coherentes, el trabajo fluye mejor y se refuerza el sentido del cuidado.
A nivel organizativo, esto se refleja también en una mayor satisfacción de las familias, una mejora de la reputación del centro y una mayor estabilidad de los equipos, algo clave en el contexto actual del sector.
- ¿Hacia dónde se dirigen los contenidos del Instituto? ¿Consideras que la formación técnica ya no es suficiente?
La formación técnica sigue siendo imprescindible, pero hoy sabemos que no es suficiente por sí sola. El sector está demandando un enfoque más global, que integre lo técnico con lo relacional, lo ético y lo organizativo.
Las tendencias son claras: atención centrada en la persona, calidad de vida como eje del cuidado, competencias comunicativas, gestión emocional, liderazgo saludable y sostenibilidad de los equipos. El futuro del sector pasa por profesionales técnicamente competentes, pero también humanamente preparados.
Desde el Instituto Global de Cuidados trabajamos precisamente en esa integración: formar para cuidar bien, entendiendo que cuidar no es solo hacer, sino cómo se hace, desde qué valores y con qué impacto en la vida de las personas y en la salud de los equipos.
Más allá de impartir formación —aunque esta sea uno de sus pilares fundamentales— el Instituto Global de Cuidados se concibe como una entidad integral de respuesta a los retos actuales y futuros del sector del cuidado. Su propuesta no se limita a capacitar profesionales: combina formación acreditada, consultoría estratégica, innovación, gestión de recursos humanos y el diseño de planes de igualdad y certificación de calidad para impulsar un modelo de atención verdaderamente centrado en la persona y sostenible en el tiempo.
Esto significa que actúa como compañero estratégico de empresas, instituciones y profesionales, acompañando procesos de transformación organizativa, modernización de sistemas de atención y desarrollo de entornos éticos y equitativos. El Instituto se posiciona así como un actor que articula capital humano, cultura organizativa y herramientas de gestión innovadoras para que el cuidado deje de verse como un servicio asistencial aislado y pase a ser entendido como un motor de transformación social, profesional y económico.