Quien sigue las tribunas que voy publicando habrá visto que este año, en el que Inforesidencias ha cumplido 25 años y yo 60, he estado rescatando documentos escritos por demógrafos hace décadas para poner de manifiesto que lo que ahora nos preocupa lleva años conociéndose y poniéndose de manifiesto desde la pluma de los investigadores.
Hoy quiero escribir de un texto que no es de hace treinta o cuarenta años, sino de hace solo cinco. Y sin embargo, tiene algo de oráculo.
Me refiero al capítulo titulado “Envejecimiento demográfico y cambios sociales en España”, escrito por Julio Pérez Díaz y Antonio Abellán dentro del libro “Población y Territorio. España tras la crisis de 2008”.
Se publicó en 2020, justo el año en que el mundo se paró por la pandemia. Y, como todo lo que escribe Julio Pérez, merece una lectura atenta… y una acción decidida después.
El artículo está disponible y en abierto.
Julio Pérez, o la demografía que se entiende
No es la primera vez que menciono a Julio Pérez Díaz, o a Antonio Abellán y seguramente no será la última. Son dos grandes demógrafos españoles y han colaborado en varias publicaciones. Les admiro porque tienen el extraño talento de traducir datos y pirámides de población en mensajes claros, útiles y difíciles de ignorar.
Y eso es precisamente lo que hacen en este texto: repasan con lucidez los cambios demográficos en España, desmontan mitos y ponen cifras a lo que muchos intuimos pero no acabamos de concretar.
Lo que decía hace cinco años... y sigue pendiente
Pérez y Abellán empiezan con una realidad que no por conocida deja de ser impactante: en 1977 había en España 3,8 millones de personas mayores de 65 años. En 2017 ya eran 8,8 millones. Y para 2050 se espera que superen los 15 millones. Pero lo más interesante no es cuántos son, sino cómo son.
La vejez se ha desplazado hacia arriba. La esperanza de vida a los 65 años era de 15,4 años en 1976. En 2020 era 21,2. Es decir, alguien que se jubila en los dos mil veintes tiene por delante más de dos décadas de vida. No hablamos solo de más mayores, hablamos de una nueva etapa vital con sus propias reglas.
Además, el grupo que más crece dentro de las personas mayores no es el de 65 a 74 años, sino el de 80 y más. Esto nos obliga a repensar todo: desde el sistema de pensiones hasta el diseño de las ciudades, pasando por los servicios sociales, sanitarios y de cuidados.
Una de las cosas que más agradezco a Julio Pérez y Antonio Abellán es que huyen del catastrofismo fácil. No hablan de “tsunami gris” ni de “invasión de viejos”. Hablan de realidades complejas, que requieren respuestas complejas. Por ejemplo:
Lo más inquietante de este texto, que recomiendo leer, no es lo que dice, sino lo que implica: si sabíamos esto ya en 2020, ¿por qué no ha cambiado casi nada?
Cinco años después, seguimos discutiendo de lo mismo. Seguimos sin una estrategia de país frente al envejecimiento. Seguimos sin adaptar el sistema de cuidados, ni el de vivienda, ni el de transporte. Seguimos esperando que el futuro se adapte a nuestras inercias, en lugar de hacer el trabajo incómodo de adaptarnos nosotros.
Este artículo demuestra que el conocimiento existe. Que hay gente como los autores que lleva años advirtiendo, con argumentos sólidos y sin alarmismo, de lo que se nos viene encima. Si no se toman las decisiones correctas, no será por falta de información, ni de talento técnico.
Será porque seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Pero no lo tenemos. Cada año que pasa sin reaccionar, hace que los cambios necesarios sean más urgentes, más caros y más difíciles de implementar. O que, lleguemos a una situación de tensión demográfica sin haber hecho los deberes.
Sé que cuando una persona consigue el cargo de presidente del gobierno del Estado o de una comunidad autónoma, tiene total discrecionalidad a la hora de elegir quién quiere que sea la nueva consejera o consejero de servicios sociales; incluso tiene la liberdad de decidir si quiere que haya un departamento de que lleve ese nombre o decide poner la materia dentro de otro (Sanidad, Trabajo, Presidencia…).
Yo solo puedo recomendar que este texto forme parte de las lecturas de cabecera de la persona a que se le asigne esa responsabilidad, ya sean ministros, consejeros autonómicos y otros altos cargos.
También creo que, así como casi todo el mundo tiene claro que existe un “aspecto medio-ambiental transversal” que afecta a todos los ministerios y departamentos, deberíamos considerar el envejecimiento de la sociedad también como algo que debería afectar a toda la actividad del gobierno. No hace falta esperar a que la próxima generación nos eche en cara nuestra pasividad. Deberíamos empezar a hacer cosas ya. ¿Quiero decir que no las estamos haciendo? Quiero.
El tiempo avanza muy rápido. Y no siempre da segundas oportunidades.
Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.
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