Opinión

Senior Living y residencias de mayores. Salmones y sardinas

El director de Inforesidencias.com, Josep de Martí. (Foto: JC/Dependencia.info).
Josep de Martí | Martes 28 de marzo de 2023

Cuando hablo con alguien a quien considero inteligente y me dice algo con lo que discrepo, la conversación suele quedarse rondándome la cabeza.

Llevo algún tiempo dando mi opinión sobre lo que me parece el “nuevo sector” de los “senior living”, “senior co-living”, “ cohousing” y figuras parecidas. Quien me haya escuchado sabrá que lo considero como un fenómeno que se quedará en algo pequeño, casi anecdótico, comparado con la vivienda “normal” y las formas de vivienda asistida (o sea, residencias para personas mayores dependientes).

Como no existe mucha literatura sobre el tema ni experiencias, más allá de las viviendas tuteladas o con servicios y alguna de apartamentos senior en venta, para formar mi opinión he tenido que recurrir a lo que he conseguido recopilar y que sirvió de base para un informe que elaboramos desde EAI Consultoria para el Ayuntamiento de Madrid titulado “Modelos de alojamientos alternativos para personas mayores” y a las pocas experiencias que conozco en España y fuera, muchas de las cuales vienen recogidas en ese informe.

Mi convicción es que la inmensa mayoría de personas mayores quieren vivir en “sus casas”, o sea, en el lugar en el que viven cuando se les hace la pregunta. Sólo unos pocos consideran mudarse a otro lugar y, normalmente, esa consideración se basa en elementos de necesidad y no de preferencia. Sobre este tema, el Ayuntamiento de Manresa (ciudad de 77.000 habitantes a 50 km de Barcelona) hizo un estudio en 2021 para saber cómo querían vivir sus vecinos mayores, aquí puede consultarse el texto íntegro.

Cuando en grupos focales les habló sobre nuevas formas de vivienda para personas mayores el 54% de las personas encuestadas no sabían lo que eran, aunque una vez explicado el 33% (principalmente “los mayores más jóvenes”, entre 60 y 65 años) dijeron que considerarían vivir en una, habiendo un 49% que sencillamente “no lo sabía”. El estudio también puso de manifiesto que algo que dicen valorar muchísimo las personas mayores es que no quieren alejarse de su barrio.

O sea, que la gente mayor, en general, no sabe que existen “alternativas senior”. Una vez que conocen su existencia y sin saber nada de costes, uno de cada tres las valoraría aunque siempre que estuviesen cerca de donde viven ahora.

El estudio es bueno, pero no se hizo para dar pistas a inversores sino a administradores públicos. Para mí, lo más relevante es que pone de manifiesto un sector por hacer que todavía es desconocido.

Con esto en mente, cuando alguien me pregunta qué opino sobre montar un coliving senior suelo responder dos cosas: la primera es que mi opinión vale tanto como la de cualquiera, ya que esto se aleja del envejecimiento con dependencia, tema al que he dedicado los últimos 32 años de mi vida. Y segundo, que lo fundamental para mí es que, si se piensa como una actividad empresarial, se monte en una ciudad grande con una densidad elevada de población con capacidad adquisitiva alta y media/alta.

No me cabe duda que los primeros colivings en Madrid y Barcelona con precios razonablemente elevados, tendrán éxito, al menos al principio. De hecho existen modelos de éxito tanto de apartamentos senior en propiedad como en alquiler. El problema es que no son muchos y que junto a los exitosos hay iniciativas que no salieron bien.

En esa situación, suelo preguntar a quien se plantea un senior living por qué han descartado construir una residencia asistida para mayores dependientes. Lo hago por algo bastante conservador: existe un consenso sobre que un 4-5% de personas mayores de 65 años en una zona determinada son susceptibles de vivir mejor en una residencia que en sus propias casas. Ese porcentaje, si no superior, se da incluso en países como Holanda o Suecia, que apuestan por ofrecer un amplio abanico de servicios alternativos al ingreso en residencias, como ayuda a domicilio o centros de día.

Si en una zona “faltan plazas” y tienes un estudio de viabilidad económica que te da ciertas garantías sobre la sostenibilidad de un proyecto de residencias, ¿por qué vas a arriesgarte a crear algo nuevo y diferente sobre lo que no sabes si habrá demanda solvente?

Las personas que podemos necesitar una residencia somos como sardinas. Nos movemos en grupos y tenemos un comportamiento, en conjunto, bastante predecible que viene determinado por la necesidad. En cambio, quien es susceptible de vivir en un coliving hace algo que “no es lo que hace todo el mundo”, toma la decisión basándose en sus preferencias y capacidad adquisitiva. Es consciente de que puede elegir y elige. Eso hace que se parezca más a un salmón nadando contra-corriente. Si puedes vivir en un coliving es bastante probable que puedas seguir viviendo en tu casa, pero “prefieras” cambiar. El que sea cuestión preferencia puede hacer que aunque “en principio estés dispuesto a hacer el cambio”, la toma de la decisión se dilate en el tiempo.

Una persona mayor que va a visitar a una amiga que vive en un apartamento con servicios puede pensar “un día de estos me iré a vivir en un sitio así”, a partir de ahí pueden pasar días, semanas o incluso años hasta que se produzca el traslado efectivo, que quizás requiera alquilar o vender el piso propio, afrontar una mudanza y otros trámites que pueden aparecer como grandes obstáculos ante sus ojos, generando pereza y retraso en la toma de decisión. Si durante ese tiempo la misma persona sufre un ictus que se une a una caída con rotura de cuello de fémur, es más que posible que el alta hospitalaria venga compañada de una necesidad inaplazable de ingresar en una residencia.

Quizás la amiga de esa persona mayor que vive en el apartamento se pregunte qué será de ella si algún día sufre el mismo ictus y caída que su amigo. ¿Podré quedarme aquí recibiendo ayuda a domicilio? ¿Me dejarán usar los servicios comunes si me muevo en silla de ruedas o con caminador? Estas preguntas, hoy por hoy, no tienen respuestas claras, aunque con toda seguridad las tendrán cuando se empiecen a abrir los primeros complejos de apartamentos con servicios y se encuentren con casos parecidos.

¿Es más lógico pescar sardinas o salmones? No lo sé, aunque sí sé que yo solía recomendar lo primero (residencias) frente a lo segundo (senior living), siempre que hubiese suficiente demanda de personas con dependencia y cuadrase una previsible cuenta de explotación.

Esto es lo que hacía hasta que escuché hablar a Juan Velayos en el IV Congreso de Dependencia. No era la primera vez que le escuchaba en un acto público, incluso tuve la ocasión de moderar una mesa redonda en la que participó hace unos meses, organizada por Arpada. Juan Velayos, Founding Partner en JV20 Investment & Advisory, que aparece en Linkedin como experto en operaciones de M&A, mercados de capitales, emprendimiento y sector inmobiliario, ve claro que el sector del senior living va a crecer de forma importante, como actividad empresarial, porque existen bases lo suficientemente sólidas para que así lo haga. Escuchándole viví uno de esos momentos a que me refería más arriba. No lo veo tan claro como él, y aún así estoy totalmente dispuesto a aceptar que soy yo quien no lo ve claro.

En situaciones así, unos, los cautos, siguen estudiando los datos y observando la realidad mientras otros, los audaces, se lanzan y crean.

Dentro de poco espero poder visitar el primer complejo de nueva generación que abrirá en Madrid, Las Arcadias de la Moraleja. No me cabe duda de que será algo impresionante. Dentro de un tiempo sabremos si se convertirá en un primer paso en un camino de éxito del modelo del senir living o algo más limitado que cubrirá una demanda exclusiva y reducida sin ser reproducible.

Sea como sea, me siento privilegiado al poder vivir este momento de cambio e innovación. Espero que nadie decida cortarle las alas a las nuevas ideas y modelos.

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