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emeis recuerda historias de amor que perduran en las residencias: matrimonios octogenarios y nonagenarios comparten su receta

Celebrando 62 años casados en la residencia Bouco Puerto Banús.
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Celebrando 62 años casados en la residencia Bouco Puerto Banús. (Foto: emeis)
Por Dependencia.info
miércoles 04 de febrero de 2026, 21:48h
Actualizado el: 04 de febrero de 2026, 22:03h

Parejas residentes en distintos centros Bouco relatan, desde Málaga y Madrid, cómo el respeto, la constancia y los pequeños gestos han sostenido matrimonios de hasta 63 años, incluso renovando votos tras más de cinco décadas de convivencia.

No intentar cambiar a la pareja, respetar los espacios individuales y no acostarse nunca sin resolver un disgusto o enfado del día. Estos son los tres pilares de la receta de amor que ha llevado a Maite y Pepe, ambos octogenarios, a renovar sus votos matrimoniales después de cincuenta y seis años casados.

La ceremonia tuvo lugar en la capilla de la residencia malagueña Bouco El Limonar, donde la pareja continúa unida como el primer día y ha encontrado espacios de serenidad y un nuevo cariño, marcado por la experiencia de toda una vida compartida.

“Mil mariposas en el estómago”

Maite, maestra de profesión, explica con sus propias palabras cómo vivió el inicio de su historia de amor con Pepe: “mil mariposas me volaban en el estómago cada vez que le veía”. Finalmente se casó con este médico, con quien tuvo cuatro hijos y, posteriormente, tres nietos.

A ellos les transmite un mensaje claro: “que no rompan los trozos, si el amor parece romperse, que los peguen”. También les pide que siempre sean buenas personas, “reconocibles por lo que son y no por lo que tienen”.

Más de seis décadas juntos en Málaga

Lecciones similares comparten Francisco y Pilar, residentes en Bouco Puerto Banús, también en Málaga. Ambos profesores, se enamoraron cuando coincidieron como compañeros en un colegio de Jaén. Este matrimonio suma sesenta y dos años de convivencia.

A los jóvenes les recomiendan constancia, compromiso, respeto y estar “en lo bueno y en lo malo”.

Flores, chocolates y paseos de la mano

Durante más de seis décadas han permanecido el uno junto al otro. Francisco ya ha cumplido los noventa años y Pilar tiene ochenta y cinco. Ella recuerda con especial cariño los primeros detalles de su relación: “en los primeros meses de enamoramiento hubo momentos muy bonitos, recuerdo cuando los dos estábamos en el colegio dando clases y él salía un poco antes, me esperaba en la puerta para recogerme y regalarme unas flores o unos chocolates, es la magia de los primeros detalles”.

Él completa el recuerdo señalando que le gustaba sorprenderla, “llevarla a pasear de la mano por el parque y luego ir a tomar un café o merendar, para luego terminar las tardes charlando de nuestros planes de futuro”. Juntos han criado a cinco hijos, de los que hoy presumen.

Francisco y Pilar celebrando 62 años casados en la residencia Bouco Puerto Banus.

Amor eterno también en Madrid

Otra historia que puede definirse como “amor eterno” es la de Josefa y Víctor, residentes en Bouco Torrelodones, en Madrid. Ella tiene noventa y un años y él noventa y dos. Se conocieron cuando ambos trabajaban en una fábrica y, desde el principio, él presentó sus respetos al padre de ella, quien dio su bendición para que iniciaran el noviazgo.

Así se hacían las cosas antes, reflexionan. El respeto iba por delante, un valor que consideran esencial y que recomiendan no perder a las parejas jóvenes. Respeto y amor, y si alguno de ellos falta, “que se separen, si no hay amor no merece la pena seguir”. Víctor añade: “Pepi es lo más grande que he tenido, ha sido muy guapa y más buena aún”.

Amor en la distancia: cartas y paciencia

Inés y Germán, ambos de noventa y cuatro años, coinciden en señalar el respeto como el auténtico pegamento de los matrimonios. Se casaron hace más de seis décadas y siguen inseparables. Desde Bouco Punta Galea, en la localidad madrileña de Las Rozas, recuerdan los momentos más felices y también los más difíciles de su vida en común.

Entre los recuerdos, la primera vez que fueron solos al cine y, en el otro extremo, la etapa en la que Inés tuvo que trasladarse a Madrid por trabajo mientras Germán permanecía en Mérida. La relación se mantuvo gracias al enamoramiento y a las cartas que se enviaban hasta poder reencontrarse en la capital.

Paciencia y amor como secreto compartido

También a través de cartas se consolidó la relación entre Begoña y Víctor, que se conocieron por medio de unos amigos. Lo suyo fue “amor a primera vista” y, al alcanzar la mayoría de edad, se trasladaron a Madrid para poder casarse y vivir siempre juntos.

Desde la residencia Bouco Villanueva de la Cañada, este matrimonio que suma ya sesenta y tres años de vida en común resume su fórmula para la felicidad duradera en una palabra clave: la paciencia, siempre acompañada de mucho amor.

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