Hay expresiones que usamos con la mejor de las intenciones y que, sin embargo, dicen más de lo que creemos... y no siempre para bien. "Nuestros mayores" es una de ellas.
Conviene empezar por lo importante: en la práctica totalidad de los casos, quien utiliza esta expresión lo hace desde el respeto, el cariño o incluso la preocupación. No hay voluntad de ofender ni de discriminar. Al contrario. Se usa para proteger, para reconocer, para cuidar. Y precisamente por eso resulta más interesante analizarla, porque el problema no está en la intención, sino en lo que transmite.
Decir "nuestros mayores" puede interpretarse como una forma de edadismo (discriminación por edad) no tanto por lo que se quiere decir, sino por lo que implica en términos de lenguaje y de marco mental. Pueden estar de acuerdo o no conmigo. Acepto sugerencias, lógicamente, bien argumentadas, y le expongo yo las mías.
El primer elemento, y creo que salta a la vista, es el paternalismo implícito que existe en la expresión. El posesivo "nuestros" introduce una idea clara de tutela, casi de propiedad simbólica. Coloca a las personas mayores en el lado de la dependencia y al resto en el de quienes supuestamente no lo son. No es una diferencia menor porque marca una relación asimétrica. Es un enfoque que en otros ámbitos ya evitamos. Un ejemplo muy claro es que nadie hablaría hoy con naturalidad de "nuestros discapacitados".
Aquí, en la esfera de las personas mayores y dependientes, sigue pasando absolutamente desapercibido.
Otro factor que me parece determinante para no usar la expresión "nuestros mayores" y no recomendar su utilización es la homogeneización (palabra difícil de pronunciar que todo el mundo entiende) que se hace en este terreno. Bajo esa etiqueta caben millones de personas completamente distintas entre sí. Salud, autonomía, nivel económico, proyecto de vida… todo queda diluido en un bloque uniforme. Desde la gerontología social se viene advirtiendo desde hace años de un riesgo muy evidente: cuando simplificamos, estereotipamos. Y cuando estereotipas, dejas de ver a la persona.
En esta línea, sumo una tercera cuestión con la que, insisto, pueden no estar de acuerdo, pero que a mi me llama la atención porque no me gusta porque la identidad de esa persona sólo queda definida por la edad. "Nuestros mayores" reduce de forma terrible a alguien a una única característica. Parece que ya no sea médico, ni profesora, ni vecino, ni madre... ya sólo es "mayor". Los que estudian estas cosas en ciencias sociales lo llaman "reduccionismo identitario".
Aunque parezca un matiz teórico y alguno de ustedes entiendan que se pueda estar exagerando, tiene consecuencias prácticas porque condiciona cómo pensamos, cómo diseñamos servicios y cómo hablamos de ellos y con ellos. Todo esto, quieran ustedes o no, aporta una connotación asistencialista que luego se ve reflejado en el discurso público y mediático porque esta expresión aparece casi siempre ligada a la vulnerabilidad, la dependencia o la necesidad de cuidados.
Para mí esto es muy importante porque refuerza una narrativa en la que envejecer equivale a necesitar ayuda. Y eso, simplemente, no es cierto en muchos casos.
Llegados a este punto, entiendo que conviene hacer otra aclaración importante, como ya hice al principio: ¿significa esto que siempre esté mal decir "nuestros mayores"?
No necesariamente. El problema no es tanto la expresión en sí, como el contexto en el que se utiliza, la intención comunicativa y, sobre todo, la frecuencia con la que sustituye a términos más precisos. En un acto institucional o en un mensaje emocional todos podemos entenderlo como una fórmula de cercanía, pero en un texto informativo o profesional introduce ruido y resta precisión. Más grave es que, en algunos casos, condiciona el enfoque.
Por eso, para una comunicación rigurosa, y no quiero dármelas de purista, prefiero alternativas más neutras como "personas mayores", "personas de edad avanzada" o, mejor aún, términos concretos como "residentes", "usuarios" o "personas de más de 65 años". ¿A que una persona de más de 65 años, que puede estar felizmente jubilada o seguir felizmente trabajando no produce la misma condescendencia que "nuestros mayores"?

No es una cuestión de corrección política. Es una cuestión de exactitud.
En el ámbito editorial, y aquí sí hablo desde mi terreno, el lenguaje no es inocente. Elegir una expresión u otra no solo describe la realidad, también la construye. Evitar "nuestros mayores" no es un gesto estético. Es una forma de no reforzar un marco paternalista, de mejorar la precisión periodística y de situar el foco donde corresponde, que es en los derechos, la autonomía y la diversidad de las personas.
En definitiva, "nuestros mayores" no es una expresión ofensiva en sí misma, pero sí puede activar, sin que nos demos cuenta, un marco mental edadista. Y precisamente porque casi todo el mundo la utiliza sin mala intención, merece la pena pararse a pensar qué estamos diciendo cuando la decimos.
Porque a veces el lenguaje no falla por lo que dice, sino por lo que da por hecho.
Autor del texto: Javier Cámara, periodista, máster en Gerontología Social y director de Dependencia.info
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