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PILAR RODRÍGUEZ DESTACA LA BÚSQUEDA DEL 'MODELO HOGAR'

“En otros países llevan años desarrollando viviendas alternativas a las residencias tradicionales, eso es un espejo donde mirarse"

miércoles 12 de diciembre de 2018, 13:13h
Presentado el libro 'Viviendas para personas mayores en Europa. Nuevas tendencias para el Siglo XXI' en el que se apuesta por la adaptación de las viviendas según las necesidades "para que pueda seguir controlando su vida".
Pilar Rodríguez, presidenta de F. Pilares; Carmen Orte, directora general del IMSERSO; Ana Isabel Lima, secretaria de Estado de Servicios Sociales; Cristina Narbona, que fue responsable de Vivienda; y Juan Sitges, director de F. Caser.
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Pilar Rodríguez, presidenta de F. Pilares; Carmen Orte, directora general del IMSERSO; Ana Isabel Lima, secretaria de Estado de Servicios Sociales; Cristina Narbona, que fue responsable de Vivienda; y Juan Sitges, director de F. Caser.

“Una persona que tiene una situación de dependencia y necesita ayuda para bañarse, a lo mejor, si adaptas ese baño resulta que esa persona ya no tiene esa situación de dependencia para bañarse y ya no le hace falta una ayuda a domicilio ni hay que llevarla a una residencia”.

Así lo ha explicado la editora del libro “Viviendas para personas mayores en Europa. Nuevas tendencias para el siglo XXI”, Pilar Rodríguez, que ha subrayado a Dependencia.info por qué es necesario poner el acento en cuestiones relativas a las viviendas para personas mayores: “En otros países llevan años desarrollando líneas de creación de viviendas alternativas a las residencias tradicionales para personas mayores, eso es un espejo donde mirarse. Esto no quiere decir que tengamos que seguir el mismo itinerario, pero sí aprender un poco de lo que está ocurriendo en otros lugares”.

Dicho esto, la idea del libro está clara: “Poner en evidencia que hay países que llevan ya un tiempo trabajando en viviendas para mayores alternativas, pero también trabajando por la adaptación del parque de viviendas donde vive la gente. Este es un asunto que apenas de desarrolla en España”.

Sobre qué es lo más importante a la hora de pensar qué es lo que debe tener una casa para una persona mayor, Pilar Rodríguez destaca que “lo ideal, si pensamos en el propio domicilio donde vivimos todos, es que la casa reúna las condiciones de accesibilidad y de usabilidad, es decir, que podamos estar durante el mayor tiempo posible en nuestra casa mediante las reformas que sean necesarias, como el baño, la cocina, domótica, teleasistencia avanzada...”.

Programas de adaptación de viviendas

Insiste, la idea es “hacer una evaluación de la vivienda, hacer un programa de adaptación y utilizar todos los avances que hay disponibles en lugar de tener que irse a una residencia”.

En relación con la adaptación de la vivienda propia, Pilar Rodríguez recuerda que “hay ayudas”, pero lamenta que “lo que no hay, o apenas hay, son programas financiados por las administraciones públicas a través de los cuales un equipo de arquitectos y de terapeutas ocupacionales hacen un análisis de la vivienda y, en función de las necesidades de esa persona que comienza a tener problemas de deterioro físico o cognitivo, se hacen adaptaciones personalizadas para que esa persona pueda seguir vivienda el mayor tiempo posible en su domicilio”.

Pero, ¿por qué no se le da tanta publicidad, por falta de presupuesto y es caro o porque no se le da importancia? La editora del libro, presidenta también de la Fundación Pilares, cree que es “por las dos cosas, pero es fundamental que no se repara en la importancia que tiene, porque también es una fuente de creación de puestos de trabajo”.

En cualquier caso, en el libro también “se presentan ejemplos de viviendas para personas mayores en Reino Unido o países nórdicos que son de nueva creación donde garantizan, apoyadas por las administraciones públicas, que las personas van a recibir los cuidados que decidan tener, pero no en una residencia convencional, sino en un tipo hogar”.

Modelo 'hogar'

Y aquí es donde hace hincapié en que muchas personas, aunque vivan en na situación de dependencia, “quieren seguir viviendo una vida que tenga sentido y por eso, el modelo hogar, el modelo housing, es el que se está incluyendo en todo el mundo”. Los más demandados son las viviendas compartidas, viviendas comunitarias, viviendas colaborativas -cohousing- o apartamentos con servicios.

Uno de estos modelos son “las unidades de convivencia, que es también la respuesta que en España está empezando a ofrecerse de reconversión de residencias, con actividades que son las que a las personas que conviven en grupos reducidos les gusta y en entornos de vida familiar”.

La presidenta de la Fundación Pilare señaló "la existencia de evidencia científica acerca de que el modelo vivienda produce mucho más bienestar a las personas que el modelo institución. Y tiene también más capacidad para ofrecer una atención centrada en la persona en un entorno que sintoniza y da sentido al mundo de valores inherentes a cada persona para que pueda seguir controlando su vida".

El libro ofrece algunas de las ideas que los grandes grupos del sector ya se están planteando: “Equipamientos que estén más en consonancia con lo que desean las personas y hacer que sean más modelo hogar y no seguir repitiendo el modelo institucional. Sobre todo porque de cara a la venta de este producto, las personas se van a alejar de esa oferta porque no quieren ir a una residencia convencional y cada vez van a querer ir menos. Habrá personas con más formación, con más recursos y más exigentes”.

Presentación de “Viviendas para personas mayores en Europa"

El pasado martes día 11 tuvo lugar la Jornada organizada por la Fundación Pilares para la Autonomía Personal y la Fundación Caser “Viviendas para personas mayores en Europa. Nuevas tendencias para el siglo XXI” en la que se presentó este libro con el mismo título y que está editado por la Fundación Pilares.

Además de Pilar Rodríguez, presidenta de Fundación Pilares y Juan Sitges, director de Fundación Caser, intervinieron la directora general del IMSERSO, Carmen Orte; la secretaria de Estado de Servicios Sociales, Ana Isabel Lima; y Cristina Narbona, que fue responsable de Vivienda y es experta en la materia.

En este foro se recordó que los países más avanzados en políticas sociales llevan años realizando una transición desde el modelo institucional clásico de residencia, que se considera agotado, hacia el modelo hogar. En este contexto, se construyen y ofrecen diferentes tipos de viviendas para esta fase de la vida, aunque se necesiten cuidados y atención profesional.

Para explicar las tendencias existentes en diferentes países, como ponentes de la Jornada participaron reconocidos expertos en el sector de vivienda y atención a personas mayores, que son también autores del libro: de Inglaterra Jeremy Porteus, de Alemania Miguel Montero y de Suecia Astrid Lindström.

También aportó su experiencia como conocedor in situ de experiencias internacionales, Josep de Marti, director de Inforesidencias.com, que describió algunos ejemplos de viviendas existentes en EE.UU y Holanda.

Como modelo de vivienda alternativa a las residencias en el medio rural español, se presentó la experiencia de las viviendas comunitarias de Castilla La Mancha, que se ofrecen por el Gobierno de esa comunidad como alternativa viable para combatir la soledad y vulnerabilidad de muchas personas mayores que quedan aisladas en sus pueblos, favorecer el apoyo mutuo y desarrollar la solidaridad vecinal.

Además de cumplir estos loables objetivos, esta modalidad de vivienda también presenta una nada desdeñable potencialidad de creación de empleo al ofrecer puestos de trabajo a la población joven en unos territorios muy marcados por la despoblación.

Un tipo de vivienda que está teniendo mucha aceptación entre las personas mayores en España, es el denominado cohousing. Sin embargo, existen dudas en cuanto a su diseño, sobre todo, pensando en que este tipo de viviendas continúen resultando válidas cuando las personas desarrollen situaciones de dependencia. Para debatir los aspectos que deben considerarse, hubo en la Jornada una intervención del arquitecto, Javier del Monte, experto en la materia.

Pero, además de planificar un nuevo modelo de viviendas para personas mayores, se considera muy relevante plantear la necesidad de desarrollar una política de adaptación de las viviendas existente. Durante la jornada se explicó que más de un 95% de la población mayor española vive en su propia casa, y la mayoría son propietarias de la misma.

Pero alrededor de un 40% de estas viviendas tienen problemas de accesibilidad importantes al carecer de ascensor, salvaescaleras o rampas, de manera que, en algunos casos, el hogar puede llegar a convertirse en una cárcel. También existen muchas barreras en el interior de la casa, que obstaculizan llevar a cabo las actividades de la vida diaria cuando se tienen limitaciones funcionales Tanto en la Jornada, como en el libro, el arquitecto Xavier García Milà describe cómo llevar a cabo programas coherentes y estruc­turadas de adaptación funcional personalizada de viviendas.

La importancia de las TIC

Las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC)e tienen ya en la actua­lidad, pero lo tendrán mucho más en el futuro, un papel relevante. Se aportó a la Jornada y a la publicación una aportación de Fundación Vodafone España en la que se describe parte de la amplia oferta ya disponible que puede resultar de utilidad para personas mayores (interfaces accesibles, asistentes de voz, mensajería instantánea), así como diversos desarrollos tecnológicos relacionado con la domótica y la teleasis­tencia avanzada (detectores de presencia, de humo, gas, apertura de puertas, videoatención, control de constantes vitales…).

Y se da cuenta también de un futuro nada lejano en el que la robótica tendrá cada vez más presencia, entre otras cosas, para mejorar el cuidado de las personas que tienen una situación de dependencia.

Pilar Rodríguez, al plantear un análisis crítico sobre el modelo residencial, animó a la ciudadanía en general, no solo a las personas mayores, a plantearse preguntas: “¿Dónde querremos vivir si tenemos que dejar nuestra casa de siempre?, ¿cómo poder mantener nuestro estilo de vida, nuestra propia imagen y llevar a cabo nuestros deseos más íntimos?, ¿cómo querremos que nos cuiden?, ¿cuánto tendremos o podremos pagar por ello? Creo que la respuesta pasa por avanzar en la integración de las políticas de vivienda y las de cuidados de larga duración, como se hace en otros países. Solo así conseguiremos que el lugar en el que vivir y recibir cuidados no signifique un desarraigo traumático de lo más íntimo y propio, sino que más bien se plantee como una mudanza: La locución más adecuada a la que aspiramos sería poder decir “Me cambio de casa”, en lugar de decir: abandono mi casa y voy a “ingresar” en una residencia”.

Argumentos desarrollados en la Jornada, y que pueden encontrarse en el libro:

Las personas mayores, como el conjunto de la población, no tienen buena imagen de las residencias. La razón fundamental para este rechazo es la percepción social de que el abandono del hogar y el ingreso en una institución provoca una pérdida de control sobre la propia vida: lo habitual es que se comparta la habitación con alguien desconocido, que el ambiente físico se parezca más a un hospital que a una casa, que no se puedan hacer elecciones (horas de levantarse y acostarse, comidas…), que dejen de realizarse las actividades que a las personas les gustan... Que sean otros, en fin, quienes deciden sobre el devenir de la vida cotidiana, lo que puede conducir a la pérdida de valor y de sentido de la propia vida.

Sin embargo, el fenómeno de la creciente longevidad que estamos viviendo arroja un escenario que nos sitúa como el país más envejecido del mundo. Según las últimas proyecciones demográficas del INE para España, dentro de tan solo quince años la población mayor de 65 años pasará de representar un 19 % a más del 25 % del total. Y durante ese corto periodo de tiempo el número de personas mayores de 80 años se incrementará en un millón de personas. Es en este segmento de edad cuando es más probable desarrollar una situación de dependencia por la que se precisen cuidados y apoyos de larga duración o vivir en solitario. Y es entonces cuando suele recurrirse a las residencias, en ausencia de una oferta de viviendas adecuadas para estas situaciones.

Sin duda, la escisión que desde siempre ha existido en nuestro país entre las políticas de vivienda y las de servicios sociales y de sanidad están entre las causas de esta debilidad en la oferta pública de viviendas para personas mayores. Que estas casas se diseñen integradas en entornos comunitarios (y no en el extrarradio de las ciudades) y que los apoyos y cuidados se presten con el enfoque de atención centrada en la persona es la tendencia clara que se aprecia en los países más avanzados.

Conocemos por la investigación desarrollada que las perso­nas mayores de hoy, y aún más las que están llegando a la edad de jubilación, presentan un perfil muy diferente al de generaciones anteriores: mucho más alto nivel de estudios, pensiones más elevadas, modelos de ocio más sofisticados, mayor conciencia de sus derechos y, por tanto, con un grado de asertividad y exigencia superiores. Este cambio de perfil agudiza la negativa percepción que las personas mayores tienen en cuanto a los modelos de alo­jamientos existentes (las residencias). Y reclaman cada vez con más fuerza contar con viviendas modelo hogar en el que puedan mantener el máximo control de sus vidas, aunque lleguen a desarrollar situacio­nes de dependencia.

La longevidad creciente de la población y las demandas de las personas mayores se presenta como un gran reto para la arquitectura, pero también para promotores, planificadores y gestores de vivienda y de las políticas de servicios sociales y sanitarios, mediante miradas y políticas transversales.

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