En un sector tan sensible como el de los cuidados de las personas mayores, la transparencia no debería ser una opción ni una estrategia de marketing. Debería ser un compromiso ético y una forma de entender la relación con las personas que viven en nuestras residencias y con sus familias.
Cuidar implica mucho más que atender necesidades físicas. Cuidar significa acompañar, escuchar y generar confianza. Y la confianza solo puede construirse desde la verdad, la cercanía y la información compartida.
La transparencia comienza en la gestión sanitaria. Las familias tienen derecho a conocer cómo se encuentra su ser querido, qué tratamientos recibe, qué decisiones se toman y por qué se toman. Una comunicación clara y honesta, incluso en las situaciones difíciles, reduce la incertidumbre y fortalece la alianza entre profesionales y familias.
También se extiende a algo tan cotidiano y tan importante como la alimentación. La comida no es un aspecto menor en una residencia. Es salud, placer, cultura y calidad de vida. Explicar los menús, escuchar preferencias, informar sobre cambios y hacer partícipes a las personas usuarias y a sus familiares de las decisiones relacionadas con la alimentación es una muestra de respeto y de atención centrada en la persona.
La transparencia se manifiesta igualmente en la atención diaria. Las puertas abiertas, las reuniones con familias, la escucha activa y la disponibilidad de los profesionales son elementos fundamentales para construir relaciones basadas en la confianza mutua. Las familias no buscan instituciones perfectas; buscan organizaciones honestas, accesibles y comprometidas con la mejora continua.
En los últimos años, las redes sociales se han convertido en una ventana al interior de las organizaciones. Utilizadas con responsabilidad y respetando siempre la dignidad y la privacidad de las personas, permiten mostrar la vida cotidiana, compartir proyectos, acercar a los profesionales y transmitir una imagen real de lo que sucede en los centros. Las redes sociales no deberían utilizarse para crear una realidad idealizada, sino para reflejar con autenticidad el trabajo y el compromiso de quienes cuidan.
La transparencia también implica reconocer errores, explicar las dificultades y rendir cuentas. Porque la excelencia no consiste en no equivocarse nunca, sino en actuar con honestidad, aprender y mejorar constantemente.
Quizá ha llegado el momento de dejar atrás modelos en los que las residencias eran espacios cerrados y avanzar hacia organizaciones abiertas, donde las familias formen parte activa del proyecto y donde la sociedad pueda conocer cómo se cuida, cómo se decide y cómo se trabaja cada día.
Porque, cuando hablamos de cuidados, la transparencia no es solo una cuestión de gestión. Es una cuestión de respeto. Y el respeto es, probablemente, la forma más humana de cuidar.
"Las familias depositan en nosotros lo más valioso que tienen: la confianza. Y la confianza solo se mantiene cuando se trabaja con las puertas abiertas".
María Ramos Fraile es directora de Operaciones de Grupo Villamor Residencias