El sector de la dependencia en España se sostiene gracias al trabajo de las mujeres. Combinan profesionalización, dedicación y una enorme carga emocional garantizando la autonomía y la dignidad de las personas mayores y dependientes tanto en residencias como en el domicilio. En muchos casos afrontan dobles jornadas y limitada visibilidad social. Las patronales insisten en la necesidad de educación desde la infancia para fomentar la corresponsabilidad, mejorar la financiación y reconocer profesionalmente su labor. Todo ello para reforzar el sector y avanzar hacia un modelo de cuidados más justo y sostenible.
El sector de la dependencia en España tiene, indiscutiblemente, rostro de mujer, un pilar que sostiene el sistema tanto desde la profesionalización como desde el sacrificio invisible. De cara al próximo 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, es de justicia subrayar que las mujeres representan casi el 90% de las plantillas en las residencias y servicios de ayuda a domicilio, asumiendo una carga laboral física y emocional de una exigencia extrema.
Son ellas quienes, con una vocación de servicio que a menudo suple las carencies de financiación, garantizan la dignidad del sistema. Sin embargo, esta dedicación no termina al fichar en el centro de trabajo; al regresar a sus hogares, muchas de estas profesionales se enfrentan a una doble jornada de cuidados domésticos.
Cabe destacar que, según diversos estudios de economía del cuidado, si el trabajo no remunerado realizado mayoritariamente por mujeres en el ámbito privado se cuantificara en el producto interior bruto, este supondría cerca del 15% del total nacional. Esta realidad convierte a la mujer en el amortiguador social de un estado del bienestar que aún tiene una deuda pendiente con la conciliación real. En el sector de la dependencia, cuidar no es solo una tarea técnica, es un acto que permite que la sociedad siga funcionando.
Las principales patronales del sector de la dependencia coinciden en señalar que el papel de la mujer en el ámbito geroasistencial no es accesorio ni secundario, sino determinante para el funcionamiento del sistema.
La secretaria general de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), Josune Méndez de Cruz, afirma que “la mujer tiene un papel clave en el sector de los cuidados y, en particular, en el ámbito geroasistencial”. Subraya que hoy siguen siendo ellas quienes sostienen mayoritariamente tanto los cuidados profesionales como los familiares, en un sector que continúa altamente feminizado.
En este sentido, recuerda que en Europa entre el 81% y el 87% de los profesionales de cuidados de larga duración son mujeres. En España, la situación es similar: el 77,6% de las personas que trabajan en el sector sociosanitario son mujeres y, en algunos servicios, la proporción supera el 90%. “Esto demuestra que el sistema de cuidados descansa en gran medida sobre el trabajo de las mujeres, cuya labor resulta esencial para garantizar la atención y el bienestar de las personas mayores y en situación de dependencia”, señala.
Del mismo modo, el presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), Ignacio Fernández-Cid, destaca que “la mujer tiene un papel absolutamente fundamental en el sector geroasistencial”. Recuerda que históricamente ha sido y sigue siendo el principal pilar de los cuidados, tanto en el ámbito familiar como en el profesional, y que en residencias, servicios de ayuda a domicilio y otros recursos asistenciales la presencia femenina es mayoritaria y su aportación imprescindible para el funcionamiento del sistema. Asimismo, considera importante avanzar hacia un mayor reconocimiento social y profesional de una actividad esencial para la sociedad.
El mismo término utiliza el presidente de Lares, José Luis Pareja, al preguntarle por la importancia tiene la mujer en el sector geroasistencial: “La palabra más contundente, fundamental, trascendental, entre otras cosas, porque sin ella no sería posible llevarlo a cabo”. Matiza que otra cosa son las causas por las que esté o por las que no esté, pero tiene absolutamente claro que “sin ellas no estaríamos hablando de la posibilidad de la atención a nuestras personas mayores”.
En la misma línea, el presidente del Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPs), Rafael Sánchez-Ostiz, define esta realidad con claridad: “La importancia es estructural. En la actualidad, en torno al 81 % de los profesionales del sistema de atención a la Dependencia son mujeres”, lo que evidencia una “feminización estructural” del sector. A su juicio, no se trata de una cuestión simbólica, sino del resultado de décadas de “inercia cultural” que han asociado el cuidado al ámbito femenino. Además, advierte de que cuando el sistema no dispone de recursos suficientes o no responde con agilidad, la carga vuelve al hogar y recae mayoritariamente sobre ellas, por lo que defiende que el cuidado debe dejar de ser una “responsabilidad invisible” para convertirse en una política pública central.
Igualmente, el presidente de la Asociación Estatal de Entidades de Servicios de Atención a Domicilio (ASADE), Ignacio Gamboa, subraya que “las mujeres son el pilar fundamental del sector”. En el caso del Servicio de Atención a Domicilio (SAD), explica que representan más del 90 % de las profesionales que prestan cuidados directos en el domicilio. Su “dedicación, empatía, profesionalidad y vocación”, afirma, permiten que millones de personas mayores permanezcan en su hogar con dignidad, autonomía y calidad de vida, y concluye que “su contribución es esencial e insustituible”.
La feminización del sector de los cuidados tiene consecuencias indudablemente claras para las profesionales y puede repercutir también en las empresas. Cuando la corresponsabilidad falla y los recursos son limitados, gran parte de la carga vuelve al hogar y recae mayoritariamente sobre las mujeres, afectando su vida laboral y personal.
El presidente de CEAPs advierte que esta situación no es solo cultural, sino también estructural. “La corresponsabilidad no puede quedarse en un lema institucional cada 8 de marzo”, afirma, y añade que muchas mujeres reducen jornada, renuncian a oportunidades profesionales o asumen “dobles y triples responsabilidades”. Además, la falta de financiación acentúa la presión: España destina en torno al 0,9 % del PIB a Dependencia, frente al 2 % de media europea.
Según CEAPs, “con estos niveles de financiación es extremadamente difícil consolidar un sector atractivo, estable y competitivo que amplíe su base profesional y diversifique perfiles”. En definitiva, concluye, sin una “estrategia integral” que combine financiación suficiente, prestigio social y orientación vocacional, el sector seguirá apoyándose mayoritariamente en una fuerza laboral femenina sometida a elevada presión, porque “redistribuir los cuidados es también redistribuir oportunidades” y, si no se actúa sobre el modelo cultural y los recursos, “la brecha seguirá ampliándose”.
En este sentido, desde ASADE recuerdan que el recorrido histórico de los cuidados permite comprender la feminización del sector y valorar el compromiso de las trabajadoras. Su responsable subraya que la profesionalización ha sido un hito que ha trasladado al ámbito regulado y remunerado lo que antes quedaba en la intimidad del hogar.
Hoy se cuenta con “grandes profesionales en el SAD”, y la organización trabaja por reforzar su reconocimiento y mejorar las condiciones laborales.
Del mismo modo, la portavoz de AESTE pone el foco en las consecuencias concretas sobre la carrera y la vida de las mujeres. Señala que el 84,4 % de los permisos laborales vinculados al cuidado de familiares los solicitan mujeres, y que el 17,4 % trabaja a tiempo parcial para cuidar, frente al 3,5 % de los hombres. Esto se traduce en “menores ingresos”, trayectorias profesionales “más interrumpidas” y penalización en el desarrollo profesional y en las pensiones futuras.
Además, advierte de que, incluso en un sector mayoritariamente femenino, persisten desigualdades en el acceso a puestos de liderazgo y la infravaloración social y económica del trabajo de cuidados, pese a la carga emocional que conlleva.
Por su parte, el presidente de la FED aporta la perspectiva empresarial. Afirma que la feminización refleja “cómo históricamente los cuidados se han asociado al papel de la mujer” y que muchas profesionales desarrollan su labor en un entorno con “una gran carga vocacional y social” que “durante años no ha recibido el reconocimiento ni la valoración que merece”. Además, añade que la “escasez de profesionales” limita la capacidad de prestar servicios y ampliar recursos, y por ello es clave mejorar el reconocimiento social del trabajo de cuidados y avanzar hacia “condiciones laborales cada vez más atractivas”, algo que también requiere financiación pública suficiente para retribuir mejor a los profesionales.
Pareja de Lares lo ve desde una perspectiva diferente: “Teniendo en cuenta que el sector de los cuidados es muy diferenciado con respecto a otros sectores empresariales o de trabajo, precisamente el tema de la paridad, de la desigualdad, en nuestro caso no existe porque estamos hablando de un sector, de una ocupación laboral que está fundamentalmente llevada a cabo por mujeres”.
Evidentemente, añade, “porque el cuidado y la atención siempre ha sido llevada por mujeres en un ámbito informal y cuando lo hemos profesionalizado ha sido llevado también por ellas. Son ellas las que marcan el terreno”. Explica igualmente que “en los ámbitos directivos también, de hecho la gran mayoría de personas que gestionan los centros residenciales son mujeres”.
En este sentido, el portavoz de la patronal que representa al sector solidario apunta que “la desigualdad salarial no es una circunstancia que se lleve a cabo en nuestro caso”, lo que califica como “una gran ventaja”. E insiste en la poca relevancia que puede tener la implantación de planes de igualdad en un sector mayoritariamente femenino.
Sobre la consecuencia en las empresas, recuerda que en Lares son exactamente igual: “No hacemos ninguna diferencia entre que sea mujer o sea hombre, en la atención y el cuidado lo importante es llevarlo a cabo en las mejores circunstancias”. Pero, sí señala que, aunque cada vez faltan más entornos profesionales, los hombres, ciertamente, sigue siendo un grupo muy minoritario a la hora de plantearse un posible trabajo en la atención y el cuidado”.
El sector de los cuidados enfrenta un reto doble: cubrir la creciente demanda de profesionales y corregir la feminización estructural que lo caracteriza. Para el responsable de CEAPs, la clave está en la educación y el cambio cultural. “Hay que educarla desde la infancia”, afirma en referencia a la corresponsabilidad, y añade que, si en los últimos años se han impulsado campañas para fomentar la presencia femenina en la ciencia y la tecnología, “ahora necesitamos la misma ambición para que más hombres entren en los cuidados”.
Subraya que “un niño, un adolescente o un joven que nunca ve a un hombre como gerocultor, terapeuta ocupacional o auxiliar de enfermería difícilmente se proyectará en esa profesión”. Por ello, propone campañas educativas específicas, llevar referentes masculinos a institutos y centros de Formación Profesional y combatir estereotipos, para que los cuidados se perciban “como una opción profesional plenamente válida para hombres y mujeres”.
En ASADE coinciden en la necesidad de reforzar el sector, aunque con un enfoque más amplio. El responsable de la entidad asegura que es imprescindible contar con más profesionales, hombres y mujeres, para cubrir la enorme demanda del Servicio de Ayuda a Domicilio. “Debemos insistir en el imprescindible reconocimiento del sector y la dotación adecuada de financiación, que permita atraer a nuevos y nuevas profesionales que serán quienes puedan proveer los numerosos cuidados que nuestra sociedad precisa”, explica.
Por su parte, el presidente de la FED destaca que el sector no discrimina por género y que las empresas valoran a cualquier profesional cualificado. Sin embargo, reconoce que históricamente el público femenino ha estado más presente. “Más que hablar de campañas dirigidas específicamente a hombres, quizá lo más importante sea mejorar la imagen social del sector y visibilizar el valor y la profesionalidad que requiere el trabajo de cuidados”, señala. Según su criterio, esto contribuirá a atraer talento diverso y a reforzar un sector esencial para la sociedad.
Desde AESTE, la portavoz subraya que más que campañas puntuales para hombres, el sector necesita un impulso global que ponga en valor los cuidados y los haga atractivos para toda la sociedad, sin distinción de género. Para ello, es fundamental mejorar el reconocimiento social, visibilizar el impacto en el bienestar colectivo y avanzar en mejores condiciones laborales y oportunidades profesionales.
José Luis Pareja de Lares destaca que esto es una experiencia que se está llevando a cabo ya en países del norte de Europa para la captación de hombres para el cuidado e incide en que “el cuidado es una cuestión que tiene mucho que ver con lo vocacional, pero también con la solvencia, con el reconocimiento por parte de la sociedad”.
Recuerda que actualmente el sector de los cuidados está muy mal pagado, por lo que ya no es un tema de hombres o mujeres y sí ha querido resaltar que le dolería mucho si de repente subiéramos los salarios y acudieran más hombres: “Me preocuparía mucho eso. Es decir, el dinero no es todo. El dinero es muy importante, pero a cuidar tienen que asistir personas que, por un lado, tengan esa vocación, aunque, por otro lado, esa vocación lleve consigo, efectivamente, un reconocimiento social y económico que actualmente no se tiene”.
Al mismo tiempo, insiste en la necesidad de cambios culturales y estructurales que rompan con los estereotipos de género. “En este contexto, resulta fundamental consolidar un Sistema para la Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia fuerte, reconocido y bien financiado, que permita atraer talento, reducir brechas salariales y avanzar hacia un modelo en el que el cuidado sea entendido como una responsabilidad colectiva y de Estado en la que se incluyan a hombres y mujeres”, indica.
Y, en cualquier caso, Pareja quiere enviar desde Lares su “felicitación y reconocimiento a las mujeres no solo por la celebración de su día, sino por su día a día, sin el cual no sería posible la atención y cuidado a las personas mayores”.