Heitor García Lantarón defendió en 2015 una tesis doctoral que hoy continúa siendo un texto referente para quienes nos interesamos por los modelos alternativos de vivienda para personas mayores. La tesis, disponible íntegra en el archivo digital de la UPM, lleva por título Vivienda para un envejecimiento activo. El Paradigma Danés
Desde aquí, vaya mi reconocimiento: por la claridad, por el rigor y por el equilibrio entre lo conceptual y lo práctico. Y también por recordarnos, con datos y buena arquitectura, lo que a veces olvidamos entre tantas declaraciones bienintencionadas.
Dinamarca aparece con fuerza en la tesis, como no podía ser de otro modo. Allí germinó el cohousing en los años setenta, y de su evolución natural —el cohousing senior— surgieron algunos de los modelos más admirados del norte de Europa. Desde Inforesidencias.com hemos tenido la oportunidad de visitar varias de estas experiencias en nuestros viajes geroasistenciales y siempre volvemos con una mezcla de inspiración… y de sana prudencia. Se aprende mucho cuando uno recorre los salones comunes, charla con los residentes y —sobre todo— pregunta cuánto cuesta la fiesta.
La tesis de García Lantarón nos ayuda a entender por qué aquel contexto nórdico facilitó la eclosión del cohousing: políticas de vivienda social con cesión de suelo, una tradición cooperativa bien asentada y un marco legal que acepta la propiedad compartida. Pero, nada de eso habría servido sin ciudadanía dispuesta a implicarse años antes de necesitar ayuda.
(Nota: para sacar las ideas fundamentales de la tesis y mostrarlas de forma ordenada he utiilzado una herramienta de IA)
Uno de los aportes centrales del trabajo de Heitor es la disección de los elementos que convierten el cohousing senior en algo más que un barrio de vecinos canosos:
En otras palabras: el cohousing senior no se improvisa y, desde luego, no se replica como quien copia un plano. Requiere convicción colectiva, cultura participativa y muchas horas de café alrededor de la mesa antes de poner un ladrillo.
García Lantarón señala varias condiciones habilitadoras que vale la pena enumerar:
En contraste, la tesis describe barreras frecuentes: precios del suelo disparados, fiscalidad poco clara, ausencia de financiación para la obra colectiva y, sobre todo, proyectos que nacen del relato y mueren en la hoja de cálculo.
(Nota: a partir de aquí ya sigo yo sin IA)
En España han germinado varias iniciativas ilusionantes; sobre todo algunas cooperativas de las que he escrito y he presentado algún vídeo. Lo que también ha sucedido es que la mayor parte de iniciativas que se han intentado poner en marcha han acabado en nada. Se han quedado en alguna reunión entre posibles promotores, intentos fallidos de conseguir suelo o financiación y sólo nos ha quedado algún render muy bonito con huerto urbano incorporado y un word con frases ilusionantes como “nos haremos mayores juntos”. mientras dejamos para más tarde el excel: coste del suelo, impuestos de Actos Jurídicos Documentados, cuotas de mantenimiento, construcción del edificio, equipamiento de zonas comunes, provisión para dependencia, relevo generacional…
El resultado es que muchos grupos se embarcan sin brújula: tras años de reuniones, un crowdfunding que no despega, al final, desilusión. Por eso repito, casi como un mantra: antes de copiar, comprender; antes de importar, adaptar.
En Inforesidencias hemos organizado más de cincuenta viajes geroasistenciales dirigidos a visitar residencias, apartamentos tutelados y comunidades alternativas en cuatro continentes. Siempre vuelvo convencido de lo mismo: las buenas ideas necesitan ser olidas. Caminar por los pasillos, fijarse en la altura de los interruptores, charlar con quien pasa la tarde horneando pan para todo el grupo… Solo entonces uno capta la diferencia entre marketing y vida real.
En Dinamarca, por ejemplo, observamos que la mayoría de cohousing senior se apoyan en servicios municipales de asistencia domiciliaria avanzados. Ese respaldo público permite retrasar la institucionalización incluso cuando aparece la dependencia severa. Sin esa red de profesionales, enfermería comunitaria, fisioterapia, teleasistencia; los propios residentes reconocen que el modelo se tambalearía.
Mi conclusión, y creo que Heitor también apunta en esa dirección, es clara: el cohousing senior no sustituye a las residencias, los apartamentos con servicios ni la vivienda intergeneracional. Amplía el abanico de posibilidades para un grupo de personas decidido a implicarse. Si las condiciones legales, económicas y culturales acompañan, puede florecer. Si fallan, corre el riesgo de convertirse en etiqueta vacía o peor— en producto inmobiliario con fachada de modernidad y corazón de negocio especulativo.
Envejecer en comunidad, con autonomía y sentido, no es una utopía, pero tampoco un viaje de fin de semana. Requiere visión a largo plazo, compromiso colectivo y —permítanme el guiño— mucha hoja de cálculo. Quienes transitamos desde hace años por este mundo de residencias, centros de día y proyectos cooperativos lo sabemos bien: las ideas, como los zapatos, hay que probárselas antes de llevárselas a casa.
Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.
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