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EL PRESIDENTE DE LA SEGG ENUMERA LOS RETOS DEL ENVEJECIMIENTO

José Augusto García Navarro: "No hay que medicalizar las residencias, dotemos de forma adecuada la Atención Primaria"

El presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro.
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El presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro. (Foto: SEGG)
jueves 10 de junio de 2021, 03:34h

España aparece en todos los ránkings como uno de los países con mayor esperanza de vida al nacer. Lo que, sin duda, es una buena noticia genera por otra parte una serie de problemas asociados a ese envejecimiento de la población que pone sobre la mesa los retos que como sociedad hay que afrontar.

Por ejemplo, la proporción de mayores de 65 años se incrementará más de un 28% en España para el año 2040, según Moody’s, que subraya que el gasto sanitario por este motivo se estima que crecerá un 18% en nuestro país en 2035, alcanzando los 95.000 millones de euros.

Sobre el envejecimiento, el presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro, opina que, aunque no estamos preparados para afrontarlo, apunta que no hay que esperar a que la gente llegue a 80 años y tenga dependencia, hay que empezar a hacer políticas sobre envejecimiento para personas jóvenes: "Tenemos un montón de retos, pero todos positivos".

Por otra parte, considera que "no hay que medicalizar las residencias" y propone dotar de forma adecuada a los centros de Atención Primaria.

El mundo envejece y España envejece más, ¿qué cifra sería la que más le asusta o preocupa?

A mi envejecer no me asusta nada, me parece además que es un reto porque es un motivo de satisfacción enorme para la sociedad el hecho de que seamos de los países más longevos. Ahora sabemos que el coronavirus ha tenido un impacto en la esperanza de vida al nacer en España de casi un año, pero se irá recuperando después de la pandemia.

Aquí hay cifras impactantes, a parte de que seamos los segundos o los teceros del mundo, como que una de cada cuatro personas tiene más de 65 años en época de votar. Esto quiere decir que todas estas personas empezarán a luchar por sus derechos. Y este es uno de los retos más importantes como sociedad, que es que cada vez más veamos a las personas mayores formar parte de los órganos de participación de la vida activa en general y de la social.

Tenemos, por lo general, presidentes del Gobierno muy jóvenes comparados, por ejemplo, con el presidente de EEUU, Joe Biden, que tiene 78 años. Yo creo que poco a poco iremos viendo como las personas de mayor edad se van incorporando a puestos activos de toma de decisiones.

Otro ejemplo, el presidente ejecutivo de Suzuki, que se llama Osamu Suzuki, deja ahora su cargo a la edad de 91 años. Esto quiere decir que las personas mayores que están activas física y mentalmente son personas que hay que incorporar de pleno derecho sin ningún problema.

¿A qué más retos nos enfrentamos?

Otro reto es hacer sostenible el sistema de pensiones. Aquí se está discutiendo si tenemos que atrasar o no tenemos que atrasar la edad de jubilación. Hay que empezar a buscar fórmulas activas que permitan compatibilizar el trabajo a tiempo parcial y la pensión, en función lógicamente del estado de salud que tengan las personas.

Es muy importante para hacer sostenible el sistema y, a la vez, es muy importante para que las personas mayores sigan siendo activas, lo cual es una fuente de envejecimiento saludable. Esto lo dice el último Libro Verde de la UE sobre envejecimiento y así lo recomienda. Por lo tanto, es un debate que debemos abordar y ponerlo encima de la mesa más allá de si hay que subir las pensiones el IPC o si el sistema no se aguanta hay que ver cómo somos capaces de hacer que la gente trabaje más tiempo, aquellos que puedan, o incluso se jubilen a tiempo parcial.

¿Y sanitariamente?

Tercer tema, tercer reto. Tenemos un sistema sanitario basado en grandes hospitales de agudos, pero estamos inmersos en una epidemia de enfermedades crónicas porque la gente, a medida que envejece tiene más enfermedad crónica. Las enfermedades agudas las tratamos muy bien en el sistema, capaz de hacer transplantes de órganos, tratamientos del cáncer de formas supersoficticadas y tratar enfermedades agudas quirúrgicas, de trauma, de quemaduras… en cambio, el sistema hay que empezar a adaptarlo poco a poco a anfermos crónicos de mayor edad con más carga de enfermedad.

Aquí hay otro gran reto porque habrá que empezar a introducir de forma clara y decidida unidades de agudos de Geriatría en hospitales para las personas más vulnerables, que son las que tienen más dependencia, más enfermedades crónicas y que tienen más edad, y unidades que llamamos de recuperación funcional, para que quellas de más edad que han sufrido un proceso de inmovilización porque han tenido una hospitalización en agudos por cualquier enfermedad o han sufrido un ictus o una fractura de cadera, puedan recuperarse y volver a su situación vasal previa para volver a su domicilio.

Este tipo de unidades, agudos de Geriatría de recuperación funcional, las tendremos que ver cómo se implantan poco a poco en todas y cada una de las regiones sanitarias del país.

A este respecto… ¿tenemos en España suficientes geriatras?

No. Necesitamos muchísimos más. En este momento debe haber un millar aproximadamente entre el mundo público y privado y hace falta más de tres veces esa cantidad. En España hay una implantación muy irregular. Hay dos comunidades que tienen muy desarrollada la Geriatría, que son Madrid y Cataluña. Castilla-La Mancha vendría en tercer lugar. Y hasta ahora había dos comunidades que no tenía esta especialidad, que son Andalucía y País Vasco, que acaba de introducir la cartera de servicios.

Parece increíble, pero es que además hay evidencia científica disponible desde hace más de 10 años sobre que es necesario tener servicios de Geriatría o unidades de recuperación funcional en todos los hospitales.

El resto de CCAA tienen una implantación muy irregular. En estos momentos debe haber más de un centenar de plazas de Geriatría que no se pueden cubrir. Se está pidiendo geriatras y no existen geriatras. De esta forma, nos faltan profesionales desde el punto de vista de la implantación y además, esta incorporación hay que hacerla de forma muy progresiva porque no tenemos capacidad de generar tantos especialistas en poco tiempo.

¿El edadismo sería otro reto?

Otro reto que no me gusta dejar de hablar de él es cómo podemos empezar a cambiar la imagen negativa del envejecimiento. Aquí vemos muchas actitudes edadistas. Las imágenes que a veces percibimos en los medios de comunicación en las que se asocia siempre envejecimiento a una persona que tiene enfermedad, dependencia o problemas de memoria y se habla, por ejemplo, muy poco del sexo en las personas mayores, como dando por hecho que es algo que ya les corresponde.

Estas imágenes negativas hay que empezar a trabajarlas de forma activa. Igual que hemos hecho el movimiento de intentar integrar a las mujeres en la vida social y se ha avanzado mucho en los últimos años, hay que hacer lo mismo en edad. Un ejemplo: en todos los consejos de administración del Ibex hay un código de género, hay hasta una ley de Igualdad de Género que obliga a las empresas a tener un número de mujeres. En muchas de estas mismas empresas, tienen en sus estatutos que al llegar a una cierta edad tienen que jubilar al consejero. Esto también caerá porque las personas mayores a día de hoy son iguales que una persona adulta.

La lucha contra el edadismo, contra la discriminación por edad, seguro que la veremos de forma muy importante en los siguientes años.

Pero otro gran reto es el de los cuidadores formales y el de los cuidadores informales o no profesionales. La gran mayoría de las personas que viven en su domicilio que tienen dependencia están a cargo de un cuidador no profesional y suele ser su pareja, principalmente mujer (80%), que también es de edad avanzada. Pues a estos cuidadores hay que empezar a incrementarles las ayudas que reciben, de tipo fiscal, económico, técnico, para que puedan sobrellevar mejor la tarea del cuidado, es decir, ingreso de respiro de las personas que cuidan, ayuda a domicilio…

Sobre los cuidadores profesionales, los que atenderán tanto en residencias como a domicilio, el reto es incorporarlos a trabajar porque faltan manos y faltarán muchas más manos. Como sociedad, tenemos que buscar a estos profesionales donde están, vamos a formar a los que tengan actitud de manera adecuada y vamos a incorporarlos al mercado de trabajo para reactivar la economía. Aquí tenemos una oportunidad de oro en la crisis post coronavirus cuando muchos trabajadores, de muchos sectores, se quedarán en el paro con difícil recuperación para el mercado laboral.

Tenemos un montón de retos, pero todos positivos.

Pero… ¿estamos en España preparados para todos estos retos ante el envejecimiento?

No. Yo creo que estamos en la fase de calentamiento. Estamos empezando en este momento a ser conscientes muy poco a poco de que estos retos existen. No estamos preparados y hay que seguir luchando y concienciando a la sociedad para que se dé cuenta de que por aquí van los tiros.

Usted ha dicho recientemente que tenemos que inducir un cambio en el concepto de envejecimiento, ¿qué significa eso exactamente?

Las políticas contra el envejecimiento tienen que empezar a hacerse con el concepto de que el envejecimiento es un proceso que comienza desde el momento en que nacemos y es un proceso dinámico. No espere a que la gente llegue a 80 años y tenga dependencia, hay que empezar a hacer políticas para personas jóvenes.

Se hacen políticas de atención al envejecimiento cuando educas a los niños o cuando a los adolescentes les haces impacto mediante políticas de Salud Pública para que coman bien y hagan una dieta adecuada o hagan ejercicio físico o para que no consuman en exceso alcohol. Este concepto de envejecimiento es algo que dura toda la vida. Tenemos que salir del concepto de que el envejecimiento es solamente atender a personas dependientes. Es un error.

El envejecimiento es evitar que las personas lleguen a ser dependientes, promocionar mucho la autonomía y hacer políticas de prevención muy activas para que no lleguen a ser dependientes. Esto se hace en niños y en adultos. También en gente mayor. Y luego, cuando llega la dependencia, veremos de qué manera les hacemos la atención, que son cuidados de larga duración.

Pues precisamente, sobre los cuidados de larga duración… ¿cuál es la definición exacta de un cuidado de larga duración?

Son todos aquellos cuidados dispensados para atender a la dependencia y que van desde los cuidados en el domicilio de la persona que tiene dependencia hasta la residencia de mayores pasando por todo un abanico de servicios donde progresivamente, a medida que se va incrementando la dependencia, se incrementa la ayuda que recibe la persona.

Empezamos por servicios de ayuda a domicilio, después centros de día, que normalmente son diurnos (trabajan durante la mañana y la tarde), aunque también hay centros de noche, viviendas con servicios o viviendas asistidas (lo que se llamaba antes pisos tutelados) en los que poder ir dando servicios adaptados a la persona a medida que los va necesitando y, como último paso, estarían las residencias, en las que tienes un proceso de internamiento permanente, ya vives allí y allí tienes todas las actividades de la vida diaria y te ayudan a hacerlas.

Entonces, hay que potenciar la atención domiciliaria...

Tenemos que empezar a fijarnos en otros modelos de larga duración que den más potenciación a los servicios domiciliarios que a los servicios de residencias. Tenemos que dar mucha más atención domiciliaria para intentar retrasar lo máximo posible el ingreso en una residencia de mayores.

Pero mucha más atención domiciliaria es mucha más. La comunidad que más atención a domicilio presta es Andalucía con 35 horas al mes, poco más de una hora al día. Pero es que Cataluña o Navarra está en 10 horas al mes de media, que son unos 20 minutos al día. Cuando lo comparas con otros países que tienen más base domiciliaria para atención a la dependencia, como es el caso de Dinamarca, ves que da de media 3,1 horas al día.

¿La SEGG apuesta por la medicalización de las residencias o deben seguir siendo lo que son?

Con este incremento de atención domiciliaria seríamos capaces de retardar el ingreso en las residencias de mayores. Pero no hay que medicalizar una residencia. Cuando uno llega a una residencia tiene que vivir en una residencia. Y lo que hay que hacer allí no es medicalizarla, hay que integrar realmente los servicios sanitarios con las residencias, con los servicios sociales.

Realmente, lo que hay que hacer es que los centros de Atención Primaria tengan la dotación suficiente de médicos y de enfermeras para poder atender de forma adecuada a la gente que vive en residencias, que son gente que tiene más carga de enfermedad y los profesionales necesitan más tiempo para atender a estas personas. De media, una persona que va a una residencia tiene 7 enfermedades y consume 11 fármacos diferentes.

Lo que no puedes pretender es que los centros de Atención Primaria se hagan cargo sin que estén suficientemente reforzados. Siempre digo: no hay que medicalizar las residencias, dotemos de forma adecuada en impliquemos a los centros de Atención Primaria.

Por cierto, en los casos de crisis, en los casos más complicados, hagamos vías de acceso muy rápido a los servicios de Geriatría hospitalaria para que, como mucho, en 24 horas van a tender a esa persona. Porque si te dan cita para dentro de 3 meses, al final acaban todos en el servicio de urgencias, que es donde no tienen que acabar.

Medicalizar, no; hace falta una reflexión importante de cómo estamos haciendo la atención médica en residencias.

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