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Historietas: El sueño de mayo, por Mariana Veronica Gaianu

Sentimientos y Arrugas, de Mariana Veronica Gaianu.
Sentimientos y Arrugas, de Mariana Veronica Gaianu.

Seguimos difundiendo relatos del libro Sentimientos y Arrugas, en este caso Sueño de Mayo de la auxiliar de enfermería, Mariana Verónica Gaianu que nos ha autorizado a reproducir aquí. Podéis contactar con ella para adquirir el libro completo. Os recordamos que, si queréis difundir relatos originales que tengan relación con residencias de tercera edad, envejecimiento u otros de los temas que tratamos aquí, estaremos encantados de difundirlos. Sólo tenéis que enviárnoslos.

El sueño de mayo

Llegué del trabajo después de realizar el turno de noche de doce horas. Lo recuerdo perfectamente, era el 16 de mayo de 2011. Me tumbé en la cama y, a pesar de que había pasado una noche tranquila en el trabajo, estaba cansadísima. Pero lo que en realidad sentía era un profundo cansancio emocional, una suerte de debilidad que se apoderaba de mis pensamientos.

Pensé que lo mejor sería dormir. Cerré los ojos y di la bienvenida a la somnolencia…

Recuerdo que me dirigí a la parada de autobús, la misma parada de siempre, donde esperaba al vehículo que me llevaba al pueblo de mi abuela. Así empezó mi viaje. Sentada en mi asiento, conversando con una vecina de mi abuela, llamada Ludovica. En su espíritu, era una mujer inculta. Vivía enfrente de la casa de mi abuelita y eran amigas. Le dije que llevaba regalos para mi abuela: eran unos cubiertos antiguos, que sentía mucha ilusión de entregarle..

En cuanto puse los pies en la casa de mi abuela, lo que al principio sólo era una vaga impresión oculta en el fondo de mi corazón, se hizo súbitamente realidad.

—Hola, abuela —dije, mientras me acercaba.

Como no me respondió, me acerqué a su lado y cogí su mano entre las mías. En cuanto lo hice, sentí una súbita agitación de terror, como una fuerte corriente eléctrica por el brazo y el corazón, que de repente se detuvo para, poco tiempo después, latir de forma frenética. Tenía la mano fría como un témpano de hielo.

—¡Abuela! ¡Abuela María!

Nunca había sentido algo tan extraordinario. La casa de mi abuela parecía haber cambiado de tamaño, como si se hubiese duplicado. Las flores, enormes y convertidas en abanicos, crecían ocupando un espacio colosal. El rostro de mi abuela estaba en todas partes, la emoción era tan real… Los cinco sentidos hicieron su función, porque todo era envolvente e intenso.

Ahora, con el transcurrir del tiempo, recuerdo una verdadera excursión, cuando hacía el camino de llegada de un pueblo al otro, pasando por bosques, campos y prados sin ningún miedo. La inmensidad de vivencias tan sanas y simples, pero con una gran ilusión… La mezcla de sentimientos y de sensaciones, la presencia de mi abuela, el vaivén de imágenes…

Saboreaba el aire embriagador de la casa de mi abuelita en un sueño tierno y entrañable. Recuerdos de aquella casa y la añoranza de todo aquello, de aquel candor. Creo que esa es la razón por la cual yo estaba tan ansiosa de reflejar todo lo que sentía, para así poder revivirlo una vez más. La verdad era que soñar con mi abuela era como volver a la infancia: sentir cuando estaba a su lado y me llevaba en brazos cuando era niña. Este es el más adorable despertar de un sueño que haya conocido y vivido jamás: la realidad, la fantasía y el sueño se entretejen en una sola historia.

Vagamente recuerdo que aquí pasé la infancia. Cuando volví a abrir los ojos, todo estaba en penumbra.

Parpadeé, me senté en la cama y escuché. La casa estaba en silencio, apenas se oía el tictac del reloj. Tanteé en busca del interruptor de la lámpara y, cuando la encendí, la luz me deslumbró. Miré la esfera del reloj, marcaba la una del mediodía. Había dormido cuatro horas seguidas. Era mediodía y tenía hambre. Una extraña sensación me recorrió la espalda, algo así como un escalofrío. Aún entre los sopores del despertar, persiste el placer de haber soñado con mi abuela y, en este preciso instante, cuando decido reflejar todo mi sentir… ¡Soy feliz!

“¿Qué clase de visión es ésta?”, me pregunto. El corazón me late veloz por la emoción y estoy impaciente por escribir y reflejar un sueño que es maravilloso…

Deseo plasmar en papel la sutileza del sueño y transformarlo en una creación literaria. Siento que he creado algo y ese algo será la mágica semilla de una palpable emoción que conquistará a muchos de vosotros, mis queridos lectores. Es mi regalo y espero que os llegue. Los latidos de mi corazón, palpitan a mil velocidades y siento la plenitud de hacer vívido y real mi sueño.

Después de la muerte de mi abuela, removí esos recuerdos especiales que siempre deja algún ser querido. La dulce sensación que reconforta mi alma, que sustituye tantas otras vivencias y carencias que mi ser no ha saboreado o sólo ha querido imaginar. ¡La gratitud de lo relatado es tan reconfortante! Si cada uno de vosotros sintiera lo mismo que yo, declamaría todo un mundo de amor compartido.

Tuve una visión de mí misma con la abuela en su pueblo. Sentí que mi ser se paralizaba, para luego co menzar a ponerse en marcha de nuevo. Me senté y me froté los ojos para acabar de despertar. La ventana estaba ligeramente abierta… Contuve la respiración. Luego,

sentí la caricia de la realidad, que todo volvía a estar en relativo silencio. Los párpados me pesaban y volví a dormirme en cuanto apoyé la cabeza en la almohada. Lo hice tan profundamente que no desperté hasta las seis de la tarde.

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