La presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica, Rosa Martínez, apunta el principal problema: "Entre trabajar en Atención Primaria y trabajar en una residencia la diferencia económica de sueldo puede estar en los 700 euros mensuales".
Se trata de una brecha salarial que lastra la atracción de profesionales. La falta de enfermeras en residencias de mayores y centros de día es la principal preocupación del sector en este momento. Y no se trata únicamente de una escasez de enfermeras especializadas en geriatría: el problema afecta a la enfermería en general. "La falta en estos servicios que son un poquito más precarios en cuanto a convenios es el sueldo, sobre todo, y los pocos recursos que se les ofrece a estas enfermeras, además de no resaltar ni visibilizar la propia profesión enfermera en geriatría", señala Martínez.
La presidenta de la SEEGG subraya que esa diferencia de hasta 700 euros al mes respecto a la Atención Primaria convierte el trabajo en residencias en una opción poco competitiva para muchos profesionales. A ello se suma, según Martínez, que los convenios laborales del sector no recogen ningún reconocimiento específico por atender a personas mayores, lo que agrava aún más la situación: "Como no se reconoce, al no reconocerse, pues no hay lugares de trabajo para las enfermeras geriátricas".
En España hay actualmente unos 8.500 profesionales de la enfermería geriátrica y gerontológica, una cifra que la propia Martínez califica de insuficiente: "Es necesario doblarla en los próximos años si se desea dar una asistencia de calidad".
Rosa Martínez, que trabajó durante años en una residencia, recuerda que durante ese tiempo no existía "ningún tipo de mención especial por el hecho de tratar con personas mayores ni en centros de día". Esa invisibilidad profesional, combinada con la precariedad económica, alimenta un círculo difícil de romper: sin reconocimiento, no hay puestos; sin puestos, no hay profesionales que quieran especializarse.
El problema se extiende también al ámbito de los datos. España cuenta actualmente con más de 5.200 residencias, pero no existe información precisa sobre cuántas enfermeras trabajan en ellas. De las más de 365.000 enfermeras colegiadas en España, solo se tiene constancia de unas 220.000 o 230.000. Del resto, señala Martínez, "no sabemos exactamente dónde están porque no conocemos, no hay datos ni estadísticas que nos permitan saber cuántas enfermeras hay en estas entidades".
Martínez va más allá y plantea una pregunta que, a su juicio, el sector lleva demasiado tiempo sin responder: "¿Por qué no se ha puesto interés, tanto empresas como Administración Pública, en formar a más profesionales? En los últimos cuatro años, esta escasez se ha acentuado, lo que nos lleva a cuestionar por qué no se está priorizando el cuidado domiciliario para las personas mayores".
La situación se agudiza cuando se analizan los ratios exigidos por cada comunidad autónoma. En muchos casos, estos ratios contemplan la presencia de una enfermera geriátrica solo durante el 30 o el 50% de la jornada, lo que obliga a muchos profesionales a trabajar simultáneamente en dos o tres residencias. "Una sola enfermera está teniendo la necesidad de trabajar en dos o tres residencias", apunta Martínez, quien reconoce que, al margen de esa realidad, resulta prácticamente imposible ejercer un control efectivo sobre la situación.
Los datos que maneja la SEEGG dibujan un panorama preocupante: el promedio en España es de 1 enfermera por cada 109 residentes, cuando lo mínimo aconsejable sería una por cada 50. "En España, la ratio de enfermeras por usuario en las residencias de mayores varía considerablemente en función de cada Comunidad Autónoma, pero el promedio es de 1 enfermera por cada 109 residentes, según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
Esta cifra es excesiva, siendo lo mínimo aconsejable de 1 enfermera por cada 50 residentes", subraya Martínez. Una ratio que, además, se produce en un contexto de déficit estructural de plazas residenciales: "España sufre un déficit importante de número de plazas en residencias, tanto públicas como privadas; una situación que ha empeorado tras la pandemia (faltan más de 85.000 plazas residenciales)".
Otro factor que agrava la escasez es la salida de profesionales al extranjero. La formación de base de las enfermeras españolas es reconocida internacionalmente, y países como Inglaterra, Francia y Alemania compiten activamente por captarlas.
"Al ser muy buena, países como Inglaterra, Francia, Alemania, se pelean por tener enfermeras españolas, por la calidad de su formación", señala la presidenta de la SEEGG, quien advierte de que muchas graduadas optan por marcharse ante la falta de salidas laborales atractivas en España.
La escasez de enfermeras especializadas tiene un impacto directo y tangible en la calidad de la atención. Martínez insiste en que la enfermera geriátrica no es sustituible por un profesional sin esa formación específica: "Las personas mayores tienen una complejidad en la atención y unos cuidados muy específicos que se pueden escapar muy fácilmente en una enfermera que no tenga esa formación".
La especialización marca la diferencia, según la SEEGG, en aspectos tan diversos como la detección precoz de síndromes geriátricos, la identificación de agudizaciones silentes, el manejo de alteraciones de conducta o la atención dietética y preventiva. Pero también en algo menos cuantificable y no menos importante: la capacidad de detectar las necesidades del mayor sin que este las exprese, especialmente cuando sus facultades cognitivas están limitadas. "Ahí está la especialidad de la enfermera, para que pueda detectar, sin que se lo digan, cuáles son las necesidades de la persona mayor", afirma Martínez.
A este déficit asistencial se suma, según la presidenta de la SEEGG, una dimensión ética que con frecuencia pasa desapercibida: el edadismo. "El edadismo en salud —asumir que el deterioro es inevitable o que un tratamiento no vale la pena— limita la calidad de vida y la autonomía de las personas mayores. Hablar con diminutivos, dirigirse a la familia en lugar de al paciente, dar por buenas frases como 'es normal tener dolor a su edad': eso no es cuidar, es despojar de dignidad. Empoderar a la enfermería geriátrica es darle los recursos y el reconocimiento para liderar ese cambio cultural", concluye Martínez.
Frente a este escenario, la SEEGG plantea una respuesta que Martínez define como necesariamente integral: "Es una suma de todo. Más dinero no nos ayuda en nada si no hay un reconocimiento. Y si hay un reconocimiento, pero a nivel político seguimos sin reconocer los puestos de trabajo, seguimos sin contar con las enfermeras especialistas, no avanzaremos".
Las medidas concretas que reclama la sociedad científica pasan por el reconocimiento de la categoría profesional A1 o A2 en los puestos de trabajo, la presencia de la enfermería geriátrica en los ministerios de Sanidad y de Derechos Sociales, la incorporación de esta especialidad en los modelos de integración sociosanitaria y la negociación con las patronales para que los convenios laborales recojan una compensación económica específica para estas profesionales.
La SEEGG recuerda además que la especialidad de enfermería geriátrica fue reconocida en su momento mediante publicación en el BOE, un reconocimiento formal que, a juicio de Martínez, no se ha traducido en la práctica en una mejora real de las condiciones del sector.
Junto a las medidas estructurales, Martínez apunta a una vía que considera insuficientemente explorada: el cuidado domiciliario especializado.
"El cuidado domiciliario especializado, llevado a cabo por enfermeras expertas en geriatría, es una alternativa crucial que debería ser considerada", afirma, en un contexto en el que el déficit de plazas residenciales y el envejecimiento de la población hacen cada vez más urgente diversificar los modelos de atención.
El Congreso de la SEEGG llega a Pamplona con el lema 'Envejecer con sentido. Nuevas longevidades'
El XXXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG) se celebra los días 14 y 15 de mayo en el Palacio Baluarte de Pamplona, bajo el lema 'Envejecer con sentido. Nuevas longevidades'. El encuentro cuenta con el aval del Consejo General de Enfermería de España, el Colegio Oficial de Enfermeras de Navarra y la Facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra.
Rosa Martínez, presidenta de la SEEGG, espera que el congreso sirva para sumar fuerzas en torno a un objetivo común: "Que la persona mayor se sienta lo mejor cuidada y atendida posible, que tenga confianza en el trato de las enfermeras que se dedican a esa labor y, sobre todo, que las enfermeras se vayan con la sensación de que, si sumamos y nos juntamos, podemos hacer de la enfermería geriátrica, en nuestro caso, un futuro inmediato de excelencia".