Opinión

Mi robot pañalero llegará tarde (IA dixit)

Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. (Foto: JC/Dependencia.info).
Josep de Martí | Miércoles 11 de marzo de 2026

Reflexiones sobre el futuro de la robótica en el cuidado de personas mayores.



Últimamente, además de preocuparme por si tendré una pensión suficiente, me asalta otra inquietud mucho más terrenal: ¿quién me cambiará el pañal cuando tenga 85 años (si es que lo necesito)?

Lo digo completamente en serio. Llevo años escuchando hablar de robótica, inteligencia artificial, humanoides capaces de subir escaleras y aspiradoras que se pasean solas por el salón. En las residencias ya se ven camas articuladas que hacen maravillas, sensores por doquier y robots logísticos circulando por hospitales.

Hace poco, además, escribí un caso práctico sobre una residencia ficticia, Las Marismas, donde el equipo convive con un robot llamado Ramona. Es una especie de barril con brazos, cámaras y sensores que recorre el centro, transporta cosas, permite registrar los cuidados hablando con ella y se integra con el software de gestión. El caso plantea qué ocurre cuando buena parte del trabajo empieza a pasar, precisamente, “por Ramona”.

Con ese panorama, y viendo lo rápido que avanza todo, me pregunté: quizá cuando sea mayor me atienda una especie de Ramona 7.0 que me levante, me bañe y me deje impecable.

Así que hice lo lógico en 2025: le pregunté a una inteligencia artificial.

La pregunta fue tal cual: “¿Cuál es tu previsión para que tengamos ‘ramonas’ 100% funcionales y robots capaces de hacer cambios posturales, levantar, cambiar pañales y ayudar en la ducha e higiene?”

La respuesta fue extensa, ordenada por fases, con años y matices. Muy convincente, muy razonable, muy IA. Y, sobre todo, algo deprimente para los de mi generación.

Resumiendo, venía a decir:

  • Los robots tipo “Ramona logística” que se mueven por la residencia, transportan cosas, permiten registrar por voz, hacen rondas nocturnas y se comunican con el software; podrían estar operativos en 3–5 años en centros punteros y generalizarse en 5–10.
  • La parte más dura del trabajo físico –cambios posturales, transferencias, apoyo en la ducha– llegará primero en forma de sistemas híbridos: camas, grúas y exoesqueletos inteligentes que alivian el esfuerzo de las auxiliares, pero siempre con una persona al lado. Esto podría verse de manera razonable en 10–15 años en residencias muy avanzadas.
  • Y el robot que entra en la habitación, detecta que el pañal está sucio, prepara el material, cambia, limpia, recoloca al residente, registra todo y se marcha; siendo optimistas, lo sitúa en 20–25 años… y solo en entornos muy estandarizados y con personas humanas igualmente cerca.

En resumen: mi robot pañalero va a llegar tarde para mí. Si la previsión se cumple, cuando exista algo que realmente pueda hacer todo eso de forma segura y normalizada, yo estaré justo en la franja de edad en la que podría necesitarlo.

Vamos, que me tocará la fase beta.

La IA que me respondió (Chat Gpt5) hace una distinción interesante: una cosa es la Ramona logística y otra la Ramona que manipula cuerpos.

La parte logística está casi aquí: robots que abren puertas, llevan medicación, ropa limpia o bandejas, suben y bajan plantas, recogen muestras, hacen de pantalla móvil para telemedicina o para que una enfermera supervise desde el despacho. Esto se integra bastante bien en el funcionamiento de una residencia: ahorra desplazamientos, reduce tiempos muertos y evita que una auxiliar tenga que cruzar todo el edificio varias veces porque falta un producto de higiene.

La parte física es mucho más delicada. No es lo mismo llevar un carro que levantar a una señora frágil de 92 años con osteoporosis, una prótesis de cadera y miedo a caerse. Ahí está el riesgo real de lesión, el dolor, la piel que se rompe con mirarla, las sondas, las úlceras, la intimidad. Y, por si fuera poco, la responsabilidad: si algo sale mal, ¿quién responde?

La IA plantea un escenario intermedio que me parece creíble: habitaciones y baños diseñados desde el principio para ser “robotizables”; camas que giran y se colocan solas en posición casi de sedestación; raíles en el techo con sistemas de traslado automáticos; exoesqueletos que permiten a una auxiliar, con ayuda de varios dispositivos, movilizar a una persona con gran dependencia sin destrozarse la espalda. En ese mundo, el trabajo sería menos de “cargar con personas” y más de acompañar, supervisar y tomar decisiones.

Confieso que estoy muy sorprendido, resulta que Chat Gpt está menos convencido que yo de que más pronto que tarde veremos robots sustituyendo a auxiliares y otros profesionales. Para la IA, la robótica seguramente permitirá que una auxiliar de 55 años siga cuidando con muchos apoyos sin haberse roto físicamente antes.

Reconozco que tengo sentimientos encontrados. Por un lado, me fascina la idea de una residencia donde:

  • Las personas no se caen porque los sensores y la domótica se anticipan.
  • Las auxiliares no se lesionan la espalda.
  • La parte más repetitiva del trabajo la realizan máquinas.
  • El personal puede dedicar más tiempo a conversar, acompañar, escuchar.

Por otro, me preocupa que en nombre de la eficiencia acabemos viendo a las personas mayores como “un conjunto de tareas robotizables”: levantar, asear, cambiar, dar de comer, acostar. Si la conversación se queda ahí, es fácil empezar a hablar de “optimización de procesos” y olvidar que la señora del pañal es, además de usuaria, la madre de alguien y la protagonista de sus últimos años de vida.

La IA que me respondió insiste en que el humano seguirá siendo imprescindible; no solo por la parte técnica, sino por la emocional. Me parece razonable y quiero creerlo. Pero también sé que la historia de la tecnología está llena de “esto nunca pasará” que finalmente ocurre.

De momento toca esperar.

Nota del autor: Si has llegado hasta aquí y sueles leer mis tribunas y casos prácticos, te pregunto: ¿has notado algo diferente? Si es así quizás sea porque para escribir esta tribuna he usado Chat GPT de forma intensa. Las ideas son mías, las he revisado, pero... ¿soy el autor?

Autor del texto (con ayuda) Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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