En la residencia Las Marismas, de la que, por cierto, eres directora, desde hace unos días se habla menos de residentes y más de metros cuadrados, licitaciones y disposiciones transitorias.
Y no, ya no se trata de si los propietarios están pensando en construir una segunda residencia. Las Marismas 2 ya está construida. Está ahí, en el municipio de al lado, con su fachada nueva, sus pasillos sin historia acumulada y ese olor tan agradable a edificio recién estrenado que dura tan poco.
La decisión clave la tomaron hace un par de años, cuando el proyecto aún era papel y pantalla de ordenador. Los propietarios querían 150 plazas porque, en su lógica empresarial, ese tamaño les parecía lo óptimo. Pero llegaron los mensajes, los avisos, las conversaciones con técnicos y consultores. “Si queréis acreditación y futuro, alinead el diseño con los criterios comunes de acreditación del 'Acuerdo Belarra'”.
Tuvieron sus dudas, pero acabaron limitándola a 120 plazas. Prudencia estratégica.
La dividieron en unidades de convivencia de 15 plazas, hicieron una alta proporción de dormitorios individuales con baño y apostaron por algo que, sobre el papel, quedaba impecable: personal específico asignado a cada unidad.
Pero los edificios no viven del papel ni de las pantallas de ordenador. Viven de nóminas, ratios, turnos, horas, y de una realidad tozuda: cuantos más metros y más personal, más alto es el coste por plaza. Día a día, cada mes, todos los años. Así que, al final, las Marismas 2 tiene precios más altos que las Marismas 1, aunque el margen de beneficio para los propietarios no sea superior.
Al construir las Marismas 2 pensaron los dueños que con la inauguración habría un trasvase de residentes que querrían ir hacia la nueva por ser más amplia y ofrecer más dormitorios individuales. La sorpresa ha sido que los precios superiores han actuado como barrera. Solo dos residentes han cambiado de residencia, y no por la residencia en sí, sino porque eran vecinos del municipio donde se ha construido la nueva.
El proceso de ocupación de las Marismas 2 está siendo algo más lento de lo que se pensaba, principalmente debido al precio. En cambio las Marismas 1 sigue llena y las bajas se cubren de forma casi automática.
Y ahí aparece el motivo por el que tú, como directora, últimamente, has pasado de hablar de cuidados a hablar de módulos y licitaciones.
La comunidad autónoma ha publicado una convocatoria de plazas de concierto, y los propietarios están estudiando si presentarse o no.
Dos edificios, dos realidades
Las Marismas 1, la residencia “antigua”, incumple la proporción de habitaciones individuales que exigen los requisitos del concierto. Incumple también algún otro requisito puntual. Y, aun así, podría presentarse a la convocatoria por una disposición transitoria. Una de esas cláusulas que parecen escritas para tranquilizar al sistema mientras el sistema cambia. Esa disposición permite concurrir a residencias construidas antes de un año concreto, aunque no cumplan la totalidad de los requisitos nuevos.
Eso le da aire a Las Marismas 1. Puede competir, al menos de momento, y con los costes que tiene, el precio de concertación, aunque inferior al privado, resulta interesante.
La sensación que queda es de algo de inseguridad, pero la decisión parece fácil: mantener las plazas de concierto.
Las Marismas 2, la nueva, cumple lo que le piden y también lo que, sin pedírselo aún, “todo el mundo dice que habrá que cumplir”. Está diseñada para pasar checklist, auditorías y la mirada exigente del futuro.
Solo que tiene otro problema: su coste real por plaza es más alto. Y es así, no por ser una residencia “lujosa”, sino porque el diseño centrado en unidades pequeñas, mayor individualización y personal asignado cuesta más dinero que el sistema tradicional. Es más atractivo a la vista, conlleva más personal, o sea, resulta más caro. Algo que hay que trasladar al cliente.
Así las cosas, y con la hoja de cálculo en la mano, no resulta interesante tener plazas concertadas en las Marismas 2 por lo que lo más lógico sería continuar el proceso de ocupación, aunque sea lento y esperar a llegar al punto de equilibrio.
A partir de aquí alguien plantea otras opciones: ¿Podríamos tener en las Marismas 2 algunas plazas concertadas “a pérdida” para que, si un residente obtiene plaza pública, no tenga que irse? Una forma de fidelización de clientes. Sería un incentivo para quien, estando en lista de espera, contrata una residencia “mientras llega la plaza pública”.
A ti te parece una idea que no soluciona el problema. Sólo podría hacerse con un pequeño número de plazas y supondría asumir todas las obligaciones que supone un concierto sin mucho a cambio.
Los propietarios te miran, como directora, y lo dicen claro:
Necesitamos una propuesta, o varias.
La llamada a quien ya se quemó antes
Llamas a Julián, director de un centro que conociste en un viaje geroasisencial de Inforesidencias. Sabes que él vivió una situación parecida hace unos años, aunque en otra comunidad. "Julián, ¿qué hiciste cuando te ofrecieron concierto para el edificio nuevo, pero el módulo no cubría el coste?", preguntas.
Se ríe y breve responde: "Hicimos varias cosas y las hicimos mal. Pudo más el miedo a las plazas vacías, así que aceptamos en la residencia nueva un paquete de plazas concertadas importante. No teníamos tan claro que no fuesen a salir los números, pero al final, las plazas privadas estaban pagando lo que no pagaba el concierto. Los números salían pero mucho peor de lo que deberían haber salido. Al final, empezamos a trabajar las dos residencias casi como si fuese una. En nuestro caso estaban en el mismo municipio lo que nos facilitó algo las cosas".
Buena conversación, pero poca ayuda.
Pensando cosas
Como quieres dar una buena respuesta, haces alguna investigación. En la zona donde está Las Marismas 1 y 2 la cobertura de plazas de residencias por 100 habitantes de má de 65 años es de 3. Según los datos del INE, la población mayor de 65 y de 80 años en la zona donde están las residencias aumentará en un 30% en los próximos años.
Haces una pequeña revisión y ves que no hay proyectos de construcción en marcha de nuevas residencias en esa zona. Así que el futuro pinta bien por el lado de la demanda y de la oferta.
Ya casi tienes la respuesta en la cabeza cuando te vuelve a acosar la preocupación que lleva tiempo persiguiéndote. El problema no será en los próximos años encontrar residentes sino trabajadores.
Te parece que ya tienes claro lo que vas a proponer a los propietarios.
¿Qué harías tú?
Planteo algunas opciones:
Nota: Como es un tema que puede dar de sí. Invito a quien lo lea a enviar una respuesta razonada que podemos publicar junto con el caso.
Autor del caso Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.
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