Una alimentación equilibrada y saludable para personas mayores es clave para conservar su salud, prevenir la fragilidad y mantener la autonomía. La calidad de los alimentos influye directamente en su bienestar físico y emocional, especialmente en entornos sociosanitarios donde cada comida puede marcar la diferencia.
La fragilidad: un reto silencioso en la tercera edad
Con el envejecimiento, el cuerpo atraviesa transformaciones que afectan al metabolismo, la masa muscular, la movilidad y la capacidad de respuesta del organismo. La fragilidad se define como un síndrome geriátrico que predice la aparición de discapacidad, morbilidad y mortalidad en personas mayores y se caracteriza por la disminución de la fuerza y de la resistencia, implicando un mayor riesgo de dependencia.
En este escenario, la alimentación tiene un papel fundamental. No se trata solo de proporcionar energía, sino de alimentar la salud funcional, emocional y física. La clave está en una alimentación equilibrada y adaptada, centrada en las necesidades de esta etapa vital.
Alimentación equilibrada para personas mayores: mucho más que nutrientes
La alimentación equilibrada no solo aporta nutrientes, sino que interviene directamente en la calidad de vida. Una dieta adecuada puede frenar el deterioro físico, mejorar el estado de ánimo y fomentar la participación social en la rutina diaria de una residencia o unidad de día.
“Comer bien no es solo una cuestión de cantidad, sino también de calidad y equilibrio nutricional”.
En España, la Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, reconoce la obligación de ofrecer una atención integral y de calidad en centros sociosanitarios. En ese marco, una buena alimentación pasa a ser un eje central del cuidado responsable.
Nutrientes esenciales para una alimentación funcional y preventiva
El objetivo de una alimentación equilibrada para personas mayores es doble: prevenir carencias y conservar la autonomía. Estos son los pilares sobre los que se debe construir una dieta funcional:
Alimentación adaptada para conservar la autonomía
En personas mayores, la forma de presentar los alimentos y el entorno en el que se sirven son tan importantes como los nutrientes en sí, ya que la fragilidad se asocia con una disminución de la ingesta, tanto energética como proteica, y por tanto, hay que cuidar la presentación e intentar motivar ofreciendo alimentos atractivos.
Por lo tanto, la alimentación equilibrada debe adaptarse a las capacidades físicas, los gustos y las necesidades emocionales de cada persona.
“Una buena nutrición debe adaptarse a la persona, no al revés”.
Texturas seguras, sabores familiares
En situaciones de disfagia o dificultad de masticación, la textura de los alimentos puede marcar la diferencia entre comer con seguridad o con miedo. Platos texturizados, pero bien diseñados y con aspecto apetecible, mejoran la adherencia a la dieta sin perder placer.
Este enfoque está cada vez más presente en centros que apuestan por la innovación en restauración, como los que adoptan modelos de alimentación basados en soluciones de quinta gama adaptadas a entornos sociosanitarios, donde el objetivo es mantener el sabor, el valor nutricional y la dignidad de cada comida.
Buenas prácticas para implementar una alimentación equilibrada en residencias
Poner en práctica una estrategia de alimentación funcional y preventiva requiere coordinación, formación y personal implicado. Algunas claves:
“Prevenir la fragilidad es mejorar la vida. Y la alimentación es el primer paso”.
Cuidar desde el plato
Una alimentación equilibrada para personas mayores es una herramienta clave para mantener la salud, retrasar la dependencia y fortalecer el bienestar. Más allá del menú, representa una forma de cuidar con sentido y de respetar la dignidad de quienes viven en entornos sociosanitarios.
Desde Apetito Arqués, observamos cómo muchos centros han mejorado el bienestar de sus residentes apostando por modelos de alimentación adaptada, variada y segura, sin perder de vista el sabor ni el placer de comer. Porque una buena comida, además de nutrir, también reconforta, acompaña y da sentido a cada día.
Tania Mercadé, parte del equipo de dietistas y nutricionistas de Apetito Arqués