Opinión

¿Estamos a tiempo?

Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. (Foto: JC/Dependencia.info).
Josep de Martí | Miércoles 04 de febrero de 2026

Quizás sea por haber cumplido los 60 hace poco. O porque Inforesidencias acaba de soplar 25 velas. El caso es que llevo unas semanas sintiendo el paso del tiempo de una forma distinta. Más íntima. Más cortante. Me miro al espejo y no me reconozco viejo, pero empiezo a entender eso de que los días son largos y los años cortos. Y aunque sería fácil refugiarse en esa nostalgia tibia de quien hace balance de lo vivido, lo que me inquieta no es sólo mi tiempo personal, sino el tiempo colectivo. El que compartimos como sociedad. Y, sobre todo, la sensación, incómoda y persistente, de que lo estamos desperdiciando.

Hace poco cayó en mis manos un artículo escrito hace más de veinte años (2004) por dos investigadoras: Coro Chasco Yrigoyen, profesora de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid, e Inve Hernández Asensio, del Instituto Lawrence R. Klein. Ya el título resulta revelador: Aspectos económicos y territoriales del envejecimiento en España.

Si uno lo lee despacio, con algo de curiosidad y escepticismo, descubre que no es un texto envejecido. Al contrario: suena como recién salido del horno. Como si lo hubieran escrito esta misma semana tras ojear los últimos datos del INE. O quizá tras mirar alrededor y ver a tantos mayores en pueblos vacíos, en ciudades que ya no les pertenecen o en listas de espera que se eternizan.

En aquel texto, ya se hablaba del envejecimiento como “un hecho irrefutable”, del desequilibrio entre provincias, de los octogenarios que se multiplicaban y de las dos Españas: la que se rejuvenece a base de migraciones y sol, y la que se apaga lentamente en el silencio de la despoblación. También se hablaba de indicadores y tasas, todo ello decorado con una serie de gráficos y mapas que anticipaban el futuro como si fuera una tormenta inevitable.

Y, lo más doloroso, de municipios en los que más del 50% de los habitantes tenían más de 65 años. ¿Y qué hemos hecho desde entonces? ¿Nos hemos preparado para ese futuro que ya es presente?

Chasco y Hernández Asensio se detenían en algo que no solemos mirar con atención: la diferencia entre envejecimiento demográfico y envejecimiento económico. No es lo mismo tener más personas mayores que tener más personas mayores dependiendo de un número cada vez menor de trabajadores activos. Esa es la verdadera bomba de relojería. Zamora, Teruel, Cuenca o León ya lo vivían hace veinte años. ¿Y ahora? Pues ahora seguimos midiéndolo. Con más precisión. Con mapas tridimensionales, interactivos y mucho más impactantes. Pero no ofreciendo nuevas y mejores soluciones.

Hay una frase en el texto que me dejó helado: “Con razón algunos autores denominan al Levante español y las Islas como el ‘asilo de Europa’”. Si esto se escribiera hoy, seguramente sería trending topic: ¿Hablaban de senior living? Viéndolo 20 años despues la expresión “asilo” se torna malsonante, pero no oculta un fenómeno que seguimos ignorando: el envejecimiento como cuestión estructural, no anecdótica. Como tendencia imparable. Como iceberg hacia el que navegamos con alegría… porque la música sigue sonando.

El artículo también desmonta mitos: No siempre vejez equivale a mala salud. En provincias con más dependencia económica, como Teruel o Soria, los mayores declaran mejor salud que en otras zonas con menos presión demográfica. Lo cual no significa que todo esté bien, sino que quizá nuestros esquemas de análisis siguen siendo demasiado simplistas. O que confundimos ruido con señal.

Entonces, uno se pregunta: ¿es éste un texto del pasado? ¿O más bien un espejo que nos muestra la pereza colectiva que nos impude actúar a tiempo?

Buscando respuestas a estas preguntas pensé gastar una broma, publicar el artículo cambiando solo las referencias temporales de forma que pareciese publicado en 2025 y esperar a ver si alguien se daba cuenta, pero después pensé que era algo demasiado serio como para frivolizar.

Tengo la sensación de que estamos en una fiesta. Una gran fiesta. Celebramos que por primera vez en la historia, en España y buena parte de Occidente, alcanzaremos un envejecimiento superior al 25%. Eso quiere decir que hemos vencido a la mortalidad infantil, al hambre, a muchas infecciones e incluso hemos reducido de forma espectacular las muertes violentas. Ya no nos mata lo que mataba a nuestros tatarabuelos.

Todos bailamos en la cubierta del Titanic, esperando que pongan nuestra canción favorita. Algunos miran de reojo al horizonte, donde asoma algo blanco. Pero nadie quiere arruinar el ambiente dándole importancia.

Quizás no estamos a tiempo de evitar al iceberg, pero sí de maniobrar lo justo para que el golpe no nos hunda del todo. Para que, esta vez, los botes salvavidas no salven solo la vida de los que viajan en primera. Cada momento sin cambiar el rumbo hará el choque más doloroso y catastrófico.

¿Lo está escuchando quien gobierna la nave o se ha puesto a bailar también?

Acabo de escribir esto y me invade de nuevo la duda: ¿podría haber escrito exactamente lo mismo hace veinte años?

Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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Nota: para escribir esta tribuna he utilizado Chat GPT como herramienta para sacar las ideas centrales del artículo y como apoyo en la redacción tomando de base mis escritos anteriores de los últimos años. La línea argumental, ideas, ejemplos y anécdotas son mías, no “generadas”.

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