Opinión

Buscando en el baúl de los recuerdos gerontológicos: lo que ya se veía venir en 2002

Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. (Foto: JC/Dependencia.info).
Josep de Martí | Lunes 12 de enero de 2026

Ahora que empieza 2026, y que el tsunami demográfico está a punto de tocar tierra con consecuencias todavía difíciles de medir, resulta útil volver la vista atrás. Podríamos hacerlo de una forma un poco masoquista, intentando recuperar todos los avisos no escuchados para lamentarnos de nuestra sordera colectiva, o ser algo más positivos e intentar comprobar qué decía el mundo académico a principios de siglo y qué parte de aquello sigue vigente en nuestra conversación pública, pudiéndonos servir de ayuda hoy.

El texto al que me refiero es 'Perspectivas del envejecimiento mundial', publicado en 2002 en Educación Social (nº 22, pp. 32–50).

Quién era (y quién es) Cristina López i Villanueva

La autora firma como Cristina López i Villanueva. En la propia publicación consta su vinculación profesional del momento (EUTSES, Universitat Ramon Llull) y su perfil académico como doctora en Sociología y postgraduada en Demografía.

Si miramos su trayectoria posterior, hoy aparece como miembro de la Facultad de Sociología de la Universitat de Barcelona, con doctorado en Sociología (2002) y líneas de investigación que incluyen demografía, hogares, envejecimiento y curso de vida, además de políticas sociales y familiares.

Y sí, ha seguido trabajando temas conectados con el envejecimiento. Por ejemplo, figura como autora en trabajos sobre hogares de personas mayores, independencia residencial y vulnerabilidad, publicados en Estudios Geográficos (2021) y también accesibles desde el repositorio institucional de la Universitat de Barcelona.

Con esto basta para situarla: no es una firma ocasional, sino alguien que ha mantenido una línea de trabajo coherente alrededor de demografía, hogares y vejez.

Qué decía el artículo

El texto parte de una idea que, en 2002, ya se conocía y aceptaba: el envejecimiento no es solo que vivamos más; es un cambio estructural que altera la forma de relacionarnos entre generaciones, el modo de trabajar y el encaje del Estado de bienestar.

Desde ahí, hace dos movimientos.

Primero, ordena el fenómeno con una mirada demográfica clara: aumento del volumen de personas mayores, crecimiento desigual dentro de la propia vejez (con especial aceleración de los mayores de más de 80 años), inversión progresiva entre jóvenes y mayores, diferencias por sexo y extensión del envejecimiento a escala mundial.

Segundo, aterriza en lo social: si cambia la estructura de edades, cambian los roles y aparecen etapas nuevas. La autora insiste en que la jubilación, tal como está definida, funciona como una norma social que retira a personas del mercado laboral a partir de una edad fijada por convención, aunque su salud, capacidades y expectativas ya no encajen con ese corte.

Cuatro ideas fuerza

Si tuviera que condensar el artículo en cuatro ideas fuerza, me quedaría con estas:

– Nace una nueva edad social: el “tercer cuarto de vida” (aprox. 50–75).
– El umbral de los 65 queda obsoleto y la vejez no puede definirse con un único criterio.
– Replanteamiento de la jubilación y del vínculo trabajo–edad.
– Nuevo pacto generacional, presión fiscal y crisis de cuidados con un matiz mediterráneo.

¿Podríamos pensar que es un artículo actual?

Si no viéramos la fecha, muchas páginas podrían pasar por un texto reciente. La idea de que las personas mayores serán “cada vez más jóvenes”, la discusión sobre el encaje de la jubilación, la heterogeneidad dentro de la vejez, la feminización y el cuello de botella de los cuidados, el debate sobre qué debe asumir el Estado y qué se deja a la familia, todo eso suena plenamente contemporáneo.

¿Ha envejecido bien? En lo conceptual, sí. Donde se nota el paso del tiempo es en el contexto: en 2002 se escribe con una distancia que hoy ya no tenemos. Entonces era un horizonte; ahora es agenda.

Leerlo con 37 años y leerlo con 60

En 2002 yo tenía 37 años. Leyendo un artículo así, mi yo de entonces habría pensado que estaba ante una descripción interesante, quizá incluso inevitable, pero aún lejana. Entonces acababa de nacer mi tercer hijo, que ahora finaliza sus estudios. Entonces llevaba dos años con el proyecto de Inforesidencias, que ahora ha superado el cuarto de siglo.

Mis preocupaciones en 2002 eran otras, aunque relacionadas con el envejecimiento. Leería el artículo como algo que afectaría, sobre todo, a otros: a los muy mayores, a los sistemas públicos, a los gobiernos, a la sociedad en abstracto.

Hoy tengo 60, y la lectura me toca de forma diferente. El texto ya no se queda en teoría: acaricia la manera en que uno imagina su propia trayectoria, su papel social, el valor del trabajo, el sentido de la jubilación y la red que sostiene a quienes empiezan a necesitar ayuda. En 2002 era fácil pensar que estas discusiones pertenecían al futuro.

En 2026, el futuro se ha presentado puntual, y además ha traído consigo la parte más incómoda: que el ajuste no es solo técnico, también es cultural, familiar y moral. Voy a intentar hacerle llegar a Cristina López i Villanueva esta reflexión, a ver si ella también valora la situación de forma diferente.

Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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