La soledad no deseada se ha convertido en una epidemia silenciosa que afecta a un número significativo de personas mayores, con consecuencias graves para su salud física y emocional. Ante este creciente problema social, residencias y centros de día emergen como recursos fundamentales, ofreciendo no solo cuidados asistenciales, sino también un entorno que favorece la socialización, el bienestar emocional y la pertenencia a una comunidad.
Los recientes casos conocidos de personas mayores fallecidas en soledad, como el del hombre hallado en Valencia que podría haber muerto hace más de quince años sin que nadie lo advirtiera, han puesto de relieve la urgencia de abordar este fenómeno desde una perspectiva preventiva. La soledad prolongada no solo genera tristeza, sino que puede desembocar en situaciones de abandono involuntario, deterioro físico y mental, así como aislamiento extremo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España viven solas alrededor de 2,3 millones de personas mayores de 65 años, y de ellas, casi un millón supera los 80. Diversos estudios alertan de que la soledad prolongada tiene un impacto comparable al de factores de riesgo como la obesidad o el tabaquismo, aumentando la probabilidad de deterioro cognitivo y mortalidad prematura.
En este contexto, Inforesidencias subraya la importancia de promover recursos que, además de atender las necesidades asistenciales, refuercen el acompañamiento y la conexión humana. Las residencias y los centros de día ofrecen precisamente ese espacio donde la convivencia, la atención profesional y las actividades compartidas se convierten en herramientas esenciales para mantener el bienestar y la dignidad de las personas mayores.
Josep de Martí, fundador de Inforesidencias, señala: “El gran valor de estos centros reside en que no solo proporcionan atención sanitaria y soporte físico, sino que, de manera crucial, aseguran el vínculo afectivo y el propósito vital a través de actividades grupales y comunitarias, algo que el hogar aislado raramente puede ofrecer”.
Las residencias juegan un papel esencial contra la soledad no deseada al ofrecer un entorno en el que la convivencia y la atención se convierten en pilares del bienestar. Vivir junto a personas de la misma generación permite compartir experiencias, generar nuevas amistades y mantener un sentimiento de pertenencia que muchas veces se pierde en el hogar. Además, los programas de actividades y ocio —como talleres de memoria, manualidades, gimnasia suave, musicoterapia o excursiones— favorecen la interacción y promueven un envejecimiento activo y participativo.
A ello se suma el acompañamiento profesional continuo de médicos, enfermeros, terapeutas y auxiliares, que garantiza una atención constante, apoyo emocional y seguridad. La estructura diaria, con horarios estables y comidas en compañía, aporta rutina y refuerza la estabilidad emocional, convirtiendo la residencia en un espacio donde sentirse acompañado, activo y parte de una comunidad.
Por su parte, los centros de día ofrecen una alternativa equilibrada que combina la permanencia en el hogar con espacios de socialización, actividad y cuidado especializado durante la jornada. Este modelo permite a las personas mayores mantener su independencia y vínculo con su entorno habitual, al tiempo que disfrutan de un entorno estimulante y acompañado. Las actividades grupales y la interacción con profesionales ayudan a romper el aislamiento que muchas veces se vive en casa, favoreciendo la comunicación, el movimiento y la participación social.
"No se trata solo de la pena que da la soledad; se trata del riesgo real de abandono funcional. Una persona mayor aislada deja de ducharse por desánimo o miedo, olvida que tiene que cocinar o, simplemente, no le apetece, y lo más peligroso, puede dejar de tomar sus medicinas", explica Josep de Martí que añade: "La residencia o el centro de día es el cortafuegos asistencial que garantiza esos mínimos vitales básicos. Un centro especializado garantiza alimentación, higiene y el control de la medicación de nuestro ser querido".
Para Inforesidencias, la soledad no deseada no es solo un problema individual, sino un reto colectivo que requiere coordinación entre administraciones, profesionales y ciudadanía. La detección temprana, el acceso a recursos y la existencia de servicios de acompañamiento y convivencia resultan esenciales para evitar que historias como la de Antonio se repitan.
Desde su creación en el año 2000, Inforesidencias.com ha mantenido un doble objetivo: ayudar a las personas mayores y sus familias a encontrar la residencia o centro de día adecuado y facilitar a los profesionales del sector su acceso al empleo y la formación especializada.
El portal ofrece herramientas como el Indicador de Transparencia, el Certificado de Residencia 100% Transparente y Comparable, servicios de intermediación en la compra-venta de centros, viajes geroasistenciales, Aula Virtual de formación y una bolsa de empleo que conecta profesionales con entidades del sector.