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Cuidar sin formación: el riesgo invisible que estamos normalizando

Cuidadora informal en casa con un familiar.
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Cuidadora informal en casa con un familiar. (Foto: Gemini)
Por María Leal Colino
lunes 04 de mayo de 2026, 20:27h
María Leal Colino es CEO y Fundadora de Plennio.es
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María Leal Colino es CEO y Fundadora de Plennio.es (Foto: Plennio)

Hay un momento —siempre inesperado— en el que muchas personas cruzan una frontera silenciosa: dejan de ser solo hijas, hijos o parejas, para convertirse en cuidadores, pero: no hay formación previa, no hay manual y no hay sistema que acompañe de verdad ese tránsito.

Y, sin embargo, a partir de ese instante, se ven obligados a tomar decisiones críticas que afectan directamente a la salud, la dignidad y la calidad de vida de un ser querido.

La pregunta incómoda es evidente: ¿por qué hemos aceptado que cuidar sin formación sea lo normal?

Los datos apuntan a una realidad que ya no admite matices. Hoy, una parte significativa de la población activa cuida de un familiar mayor, muchas veces en paralelo a su vida profesional. Este rol, lejos de estar estructurado o apoyado, genera estrés, ansiedad y sobrecarga, y en muchos casos ni siquiera cuenta con respaldo suficiente dentro de las organizaciones.

Pero el problema de fondo es más profundo. No hemos construida una cultura del cuidado. Y, mucho menos, una cultura de formación en el cuidado.

Cuidar implica navegar sistemas complejos: dependencia, recursos públicos, servicios privados, decisiones médicas, adaptación del hogar, selección de profesionales. Implica, en definitiva, gestionar una realidad para la que nadie nos ha preparado.

Cuando no hay conocimiento, aparece la improvisación. Y cuando hay improvisación, aparecen errores que tienen un coste real: retrasos en el acceso a ayudas, decisiones precipitadas, sobrecarga emocional, uso ineficiente de recursos.

Todo ello en uno de los momentos más vulnerables de una familia.

Desde mi experiencia al frente de Plennio, hay una convicción que se ha vuelto incuestionable: no basta con acompañar a las familias, es imprescindible capacitarlas. Porque acompañar sin formar genera dependencia, pero formar genera criterio. Y el criterio es lo que permite tomar mejores decisiones cuando más importa.

Formar a las familias no es una cuestión técnica. Es una cuestión estructural. Significa ofrecer información clara sobre cómo funciona el sistema de dependencia. Significa orientar en la toma de decisiones complejas. Significa dar herramientas para entender procesos que hoy resultan opacos. Significa, en última instancia, devolver el control a quienes lo han perdido en medio de la incertidumbre.

En una sociedad que envejece de forma acelerada, el cuidado no es una excepción: es una experiencia compartida que atravesará a la mayoría de las familias.

Por eso, el verdadero reto no es solo atender mejor. Es preparar mejor. Preparar a quienes, sin haberlo elegido, sostienen una parte esencial de nuestro sistema de bienestar.

Quizá ha llegado el momento de dejar de asumir que cuidar es intuitivo.

María Leal Colino es CEO de Plennio

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