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EL RINCÓN DEL DIRECTOR

Baile de bastones y de inspecciones

Opina sobre este caso práctico en la gestión de residencias y envíanos lo que harías tú.

Cuando Briseida Guzmán ingresó en la residencia Las Marismas, de la que, por cierto, eres directora, poco nos podíamos imaginar que acabaría siendo protagonista de un incidente de consecuencias tan imprevisibles.

Con 76 años, soltera y habiendo vivido siempre con una hermana, y después con ésta y su marido, transitó por la vida de forma bastante tranquila a pesar de un diagnóstico psiquiátrico que, en algunas ocasiones durante su juventud, la había llevado a estar ingresada durante unas semanas en un centro especializado en trastornos de conducta. Con la medicación adecuada y una vida ordenada, hacía más de treinta años que doña Briseida no había tenido lo que su hermana llamaba “un brote”, por lo que su vida era bastante normal. A partir de los setenta, empezó a olvidar palabras, un día se perdió por la calle y otros equivocaba el orden en el que se tenían que poner las piezas de ropa. Ya no podía quedarse sola en casa, por lo que su hermana y cuñado decidieron buscarle una residencia. Así llego a Las Marismas.

Los primeros meses todo fue bastante bien. A veces se mostraba desconfiada y osca, aunque las visitas de su hermana y la intervención de una de las auxiliares la tranquilizaban mucho.

A pesar de su situación cognitiva, hasta hace poco mantenía un envidiable estado físico. Siempre le habían gustado los paseos largos y estaba acostumbrada a hacer labores domésticas, por lo que se movía de forma bastante ágil y siempre estaba de un lugar a otro.

Hace dos semanas la cosa cambió considerablemente. Doña Briseida se torció un tobillo, nada serio, y empezó a cojear. Aún así, continuó deambulando agarrándose al pasamanos de los pasillos o con un bastón. Su carácter empeoró bastante y al más mínimo contacto con otros, gritaba.

Así las cosas, mientras caminaba por una sala con su bastón ortopédico, una de las auxiliares le dijo que le tocaba su sesión de fisioterapia. Ella no le prestó atención, por lo que la auxiliar fue a su lado y la cogió del brazo suavemente a lo que la residente respondió con un gesto ágil, se zafó de ella y le dio un empujón fuerte en el pecho gritando “déjame”. La auxiliar estaba desprevenida ante una reacción así, por lo que perdió el equilibrio, cayó hacia atrás y se dio un golpe en la nuca con el canto de una mesa perdiendo el conocimiento durante unos segundos, al volver en sí estaba mareada y tenía algo de nauseas. Doña Briseida también perdió el equilibrio, calló al suelo y empezó a gritar de dolor.

Auxiliar y residente acabaron en urgencias. La primera con una leve conmoción, la segunda con una pequeña fractura en el cuello del fémur que requirió de una intervención quirúrgica. Al cabo de unos días ambas volvían a estar en la residencia.

De todo esto ya habían pasado dos meses cuando hemos recibido un requerimiento de la inspección de trabajo en la que, entre otros documentos nos piden:

  • Informe de la empresa conteniendo las medidas de prevención de riesgos con relación a posibles agresiones.
  • Evaluaciones de riesgos y planificación preventiva, incluyendo protocolos antes y después del incidente.
  • Formación llevada a cabo y prevista de los empleados en relación con la prevención de episodios de violencia extrema.
  • Relación de casos de violencia de los últimos 4 años.
  • Informe de investigación del accidente de trabajo, medidas previstas.
  • Valoración de las causas de falta de contención adecuada de la residente.

También hemos recibido una citación de comparecencia la dirección, los delegados de prevención, el comité de empresa (que puede presentar un informe aparte) y la empleada.

Hemos reunido al equipo interdisciplinar, a los delegados de prevención y, por si acaso, al abogado de la empresa. Lo cierto es que nunca habíamos hecho formación sobre el tema y no se nos había ocurrido hacer un informe detallado.

¿Cómo deberíamos plantear el caso? ¿Qué harías tú?

Autor del caso: Josep de Martí Vallés

Jurista y Gerontólogo

Profesor del Máster de Gerontología Social y del Postgrado en dirección de centros de la UB, la UAB y del centro de Humanización de la Salud.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    349 | Ana Isabel MUÑOZ VELASCO - 30/12/2018 @ 14:26:08 (GMT)
    Como ex-gerocultora, esta es mi opinión. Las contenciones para prevenir son un "matar al perro por si tuviera rabia" Si les atamos para que no se caigan, les condenamos de antemano a lo que les pasaria si cayeran : abatimiento, apatia, ..total dependencia" Protocolo ante agresividad. Complicado, no sabemos lo que ellos aprecian ante nuestras intenciones. Pero... ir de frente, con serenidad, un sonrisa, movimientos lentos,frases cortas, ofrecer una mano.... evitarian comportamientos agresivos.

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