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Sé pro-living, no anti-ageing

jueves 04 de octubre de 2018, 03:12h

Kyrie Sue Carpenter, coach, pensadora y activista norteamericana, continúa su colaboración con Dependencia.info en la que nos aporta sus reflexiones sobre el envejecimiento y el necesario cambio de cultura que debemos afrontar.

Hay una industria masiva dedicada a vender la idea del antienvejecimiento. El Anti-ageing es una noción que juega con la ilusión de que si podemos mantenernos cognitivamente claros, físicamente en forma y libres de arrugas podemos detener el proceso de envejecimiento. No se necesita pensar demasiado para encontrar que la cosa tiene trampa.

Solo tenemos que buscar la personificación mitológica actual de nuestra obsesión antienvejecimiento: los vampiros de los libros y las series de televisión que siempre son guapos y jóvenes aunque tengan cientos de años. No es sorprendente que en la ficción se los represente como seres ideales más que como a monstruos. El anti-envejecimiento es una noción ridícula perpetuada por las mismas personas que se benefician de ella.

Si reconocemos la naturaleza ridícula e insidiosa del antienvejecimiento, ¿significa esto que deberíamos dejar de ir al gimnasio, comer lo que queramos, cancelar nuestras citas con el peluquero y eliminar del móvil las aplicaciones de “gimnasio de la memoria” como Luminosity? Pues, sí y no.

Al igual que la mayoría de los problemas sociales, no existen líneas claras que dividan los mundos del antienvejecimiento y del que acepta el envejecimiento sin hacer nada al respecto. Se necesita un enfoque más suave y un cambio de perspectiva.

El antienvejecimiento se vuelve tóxico y aumenta nuestro sufrimiento cuando equiparamos nuestros 'cuerpos' con nuestro 'yo'. Cuando juzgamos lo que valemos considerando cuántos cabellos grises tenemos, cuántas flexiones podemos hacer o cuántas cosas diferentes podemos afrontar a la vez (multitask).

El mito anti-envejecimiento se fija en nuestro cuerpo y nos anima a definir nuestro valor en función del rendimiento del mismo.

Nuestros cuerpos son muchas cosas: un medio de locomoción, una herramienta de comunicación y de trabajo, pero nuestro cuerpo no somos nosotros. Es el recipiente en el que se encuentra ese "nosotros", nuestra psique o alma o cualquier término con el que te sientas confortable. Nuestros cuerpos son nuestros medios para comunicarnos con el mundo, interactuar con él, estar en él. No conozco una tradición filosófica que diga que nuestro cuerpo seamos nosotros. Esta distinción es importante.

Cuando reconocemos que no somos nuestros cuerpos, también reconocemos que nuestro valor no reside en nuestros cuerpos. Nuestro valor no se mide por nuestra apariencia o capacidad; ese es un mito perpetrado por los especialistas en marketing que intentan vendernos cosas.

Una vez que podemos disociar el cuerpo del “nosotros” podemos preguntarnos: ¿qué son nuestros cuerpos si no somos nosotros?

Son nuestros.

Con esto quiero decir que, aunque no somos nuestros cuerpos, nuestros cuerpos son nuestros. Nuestros cuerpos son un regalo precioso que nos permite estar en este mundo, ser capaces de comunicarnos, formar relaciones y crecer. Desde esta perspectiva, cuidar nuestro cuerpo tiene un propósito diferente. Sí, muévete con frecuencia y come muchas verduras, no porque tengas miedo al envejecimiento, sino porque valoras este cuerpo que te han dado y quieres poder interactuar con este maravilloso mundo durante el mayor tiempo posible. Con esta lente, uno puede ver el aluvión de herramientas destinadas a combatir el envejecimiento y ver cuáles pueden ser favorables a la vida y cuáles son verdaderamente antienvejecimiento, lo que es realmente anti-viviente.

Teñirte el pelo puede ser un acto de autoexpresión o puede ser anti-viviente si estás escondiendo tus canas porque sientes que te quitan valor. Ir al gimnasio para conseguir ser más joven es anti-vivir, ir al gimnasio para mejorar nuestro equilibrio y la densidad ósea para que podamos caminar por más tiempo en la vida y en más lugares es pro-vivir. Piensa y sopesa un poco las cosas y diferenciarás entre autocuidado y autodesprecio.

Por la misma razón, cuando partes de nuestro cuerpo comienzan a fallar, como sucederá si tenemos la suerte de vivir lo suficiente, recuerda que no estamos fallando, nuestro barco sencillamente empieza a prepararse para que lo dejemos. Esta pérdida puede ser afligida, pero no es un fracaso. Estamos diseñados con sabiduría, nuestros cuerpos son maestros sabios si estamos abiertos a ellos y escuchamos.

Cuida tu cuerpo pero no alinees tu valor con él. Tu cuerpo es un recipiente para la conciencia, cuida su recipiente pero no iguales su valor con el del recipiente que lo contiene.

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