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Una residencia de mayores para personas obesas

Una residencia de mayores para personas obesas

miércoles 14 de marzo de 2018, 02:12h

Una forma de ver la Atención Centrada en la Persona consiste en intentar que dentro de una residencia, el entorno, las actividades, la comida… “lo que pasa” en el día a día de los residentes tenga una dimensión humana que tenga en cuenta los gustos, preferencias y necesidades de cada una de las personas que allí viven. Para caminar en ese sentido debe pensarse tanto en el diseño arquitectónico del centro como en la organización del personal o de las actividades que tendrán lugar.

Eso es lo que están haciendo unas cuantas residencias en España desde hace algunos años. Lo que entre nosotros no está teniendo tanto predicamento, pero sí observo en los viajes geroasistenciales de Inforesidencias.com, es la creación de residencias especializadas para personas que tengan algo en común.

He visto algunas para personas homosexuales, de religión musulmana, aficionados a los deportes o que tengan el idioma español como lengua materna (esta la vi en Estocolmo). La idea no es clasificar a los mayores y enviarlos donde “les toque”, sino promover la existencia de una oferta variada de forma que cada cual pueda decidir, si necesita una residencia, a cuál quiere ir, sabiendo que hay una oferta variada entre la que elegir.

En el último viaje a Hannover, visitamos una residencia de personas mayores que se ha especializado en atender a personas obesas. Lo curioso es que no se trata de atender a “personas mayores con sobrepeso” sino a personas con un sobrepeso elevado (hasta 350 kilos) a las que esa circunstancia ha afectado su salud y que eligen vivir en un entorno residencial.

La pregunta fue inmediata. ¿Ingresan para adelgazar y volver a sus domicilios anteriores? La respuesta llamativa. “No se trata de un centro de rehabilitación. Quien ha ingresado con sobrepeso recibe, si lo desea, asesoramiento nutricional, puede participar en actividades físicas y de otro tipo pero no se le impone nada”. En la residencia disponen de camas tipo hospitalario de 1,40, de ancho, mobiliario y ayudas técnicas especiales que facilitan la vida de las personas con un elevado peso. Muy pocos de los que han ingresado en los pocos años que lleva funcionando, han vuelto a sus casas. Esta es ahora la suya.

La idea puede resultar chocante en un principio. La sociedad tiende a tener la actitud de culpar a las personas obesas por su obesidad. Pero, en una sociedad donde aquéllos que tienen sobrepeso son casi la mayoría y los obesos un porcentaje importante, esa actitud va cambiando hasta el punto de que en Alemania, una parte del coste de la estancia en la residencia lo cubre la administración.

Me llamó la atención que la residencia se pareciese tanto a aquello que suelo visualizar cuando pienso en una residencia donde se aplique ACP, o sea, un sitio con cierto desorden. Así, los dormitorios tenían ropa encima de las sillas, muchas cosas desorganizadas en la mesa e incluso en una alguien había dejado unas zapatillas encima de la cama.

Nos dijeron que consideraban que esa era su casa, de forma que las personas ordenadas tenían habitaciones ordenadas y las desordenadas… pues eso. Me extrañó que precisamente nos enseñasen dos habitaciones desordenadas pero nos dijeron que habían preguntado a los residentes y habíamos visto los dormitorios de los que consintieron en enseñarlos. Pensaron que querríamos verlos en su estado normal, y así lo hicimos.

Puede parecer sorprendente, de hecho cuando publiqué una de las fotos en Facebook el debate subsiguiente fue más sobre el desorden que sobre la atención.

Lo que me parece inspirador de lo que hemos visto en esta residencia es, en primer lugar que alguien haya pensado que existe una necesidad por cubrir y haya planteado una solución quitándose de encima el constreñimiento de pensar que una “residencia de mayores” tiene que ser sólo para mayores, como si éstos fuesen una especie de categoría humana diferenciada.

En segundo lugar, me inspira ver residencias en las que la filosofía de ACP ha cuajado. Normalmente el primer obstáculo a vencer cuando se piensa en implementar un modelo basado en esta filosofía está en el cerebro de los cuidadores, familiares y profesionales.

No me cuesta imaginar a una persona de 130 quilos que ingresa en una residencia española. Estoy casi seguro de que nuestra primera pulsión sería la de “ponerle” una dieta hipocalórica y pautarle unos ejercicios. De igual forma me imagino que acompaño a un grupo de profesionales alemanes a visitar una residencia en España; estoy casi seguro de que me enseñarán una habitación muy bonita y ordenada.

Somos así.

La filosofía de cuidado que hemos heredado se fundamenta en “cuidar” a la persona fijándonos en sus necesidades e intentando reducir riesgos. En la forma de ver las cosas a que estamos acostumbrado esas necesidades, que valoran los profesionales, se afrontan con una batería de medidas que se consideran necesarisas y correctas. Detectar una necesidad y no actuar es una especie de tabú.

Si alguien sufre obesidad mórbida, es hipertenso, diabético o tiene un claro riesgo de caída sabremos detectar la necesidad de adelgazar, controlar la tensión, el azúcar y de tomar medidas para evitar la caídas. Si la persona no lo acepta, intentaremos convencerla. ¿Cómo vamos a no actuar ante la hipertensión cuando sabemos que puede tener efectos tan negativos? ¿Cómo dejar a un diabético que viva una vida descontrolada si sabemos que tiende a comer mal y eso aumentará mucho las posibilidades de quedarse ciego o de perder los dedos de los pies? Si no le podemos convencer, lo intentaremos más.

Posiblemente sus familiares no entiendan que en una residencia alguien obeso, hipertenso y diabético, pueda “no seguir” la dieta adecuada. Precisamente algo que les llevó a tomar la decisión del ingreso fue que su madre tuviese una vida más saludable; en casa siempre “comía mal”. Al final, posiblemente, de una forma u otra acabemos imponiendo la dieta pautada y la residente acabe comiendo a escondidas cosas inadecuadas, que paradójicamente, le traerán, también a escondidas, sus propios familiares.

Somos así. Y precisamente por eso, cuando hablamos de ACP, debemos empezar por esforzarnos por hacer un cambio de perspectiva que puede partir de aceptar cómo somos ahora.

En mi opinión, los profesionales se sienten incómodos si han de respetar la voluntad de una persona que ellos saben que es claramente perjudicial para su salud y bienestar; los familiares, en gran número, piensan que la residencia debe ofrecer una combinación de seguridad/cuidados y están dispuestos a denunciar si consideran que lo que está recibiendo su ser querido no es “lo correcto” aunque sea lo que el mayor quiere; los administradores, de las residencias, ven como sus clientes valoran más que los visite el médico a menudo a que se les pregunte cuántas veces a la semana quieren ducharse; los jueces obligan a indemnizar a familiares por caídas y “fugas” de residentes que se podrían haber evitado haciendo “lo correcto”, no lo que el residente quería; las inspecciones y administraciones sancionan el incumplimiento de menús pautados o las planificaciones de duchas convirtiéndose en auditores burocráticos más que en elementos facilitadores.

A partir de aquí podríamos conjurarnos para avanzar en el respeto a las preferencias y opciones, aunque requiera amueblar de forma diferente nuestras cabezas.

La residencia para personas obesas y muchas otras que hemos visitado en Alemania, Suecia, Holanda y otros países pueden servir de ayuda.

Espero que si algún día llego a necesitar una residencia el cambio de mentalidad ya sea una realidad, estoy convencido de que el resto puede venir mucho más fácil.

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