Opinión

Cuando Carme Triadó ya nos avisaba

Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. (Foto: JC/Dependencia.info).
Josep de Martí | Lunes 27 de julio de 2026

Buscando en el baúl de los recuerdos gerontológicos.



Hace unos días, buscando en el baúl de los recuerdos gerontológicos, me encontré con un artículo publicado en 2013 por la Dra. Carme Triadó, profesora de la Universidad de Barcelona, titulado 'Envejecer en España y en Europa'.

Han pasado más trece años desde su publicación y, aun así, al releerlo, uno tiene la sensación de estar ante lo que, con pequeños matices se sigue diciendo hoy en congresos, jornadas, seminarios y artículos sobre envejecimiento.

Carme Triadó pertenece a una generación de investigadores que ayudó a construir buena parte del conocimiento científico sobre envejecimiento en España.

En 2013 ya describía algo que hoy resulta innegable: vivimos más años, nacen menos niños y la proporción de personas mayores no deja de crecer. Todo ello a pesar del continuo flujo migratorio que amortigua de forma artificial el proceso. También hablaba de la feminización de la vejez, del aumento de las personas de más de 80 años, de la importancia de la salud, de la dependencia, de la soledad y de la necesidad de adaptar los sistemas de protección social.

Nada de eso era una sorpresa entonces. Tampoco lo es ahora. Lo interesante es comprobar cómo muchas de las preocupaciones actuales ya estaban perfectamente identificadas.

El artículo dedica una atención especial al envejecimiento activo. Un concepto que hoy parece consolidado pero que entonces todavía estaba desarrollándose en muchos ámbitos. Triadó insiste en que la vejez no debe contemplarse únicamente desde la enfermedad o la pérdida de autonomía, sino también desde la participación social, el aprendizaje, la actividad y la capacidad de seguir aportando valor a la sociedad.

También resulta llamativo leer sus referencias a la formación permanente, a las universidades para mayores y a la importancia de mantener relaciones sociales significativas. Más de una década después seguimos encontrando evidencias de que la soledad, el aburrimiento y el sentimiento de inutilidad siguen siendo algunas de las mayores amenazas para una buena vejez.

Organizando los viajes geroasistenciales de Inforesidencias desde hace casi veinte años he tenido la oportunidad de visitar residencias, centros de día, viviendas con servicios y modelos de atención en numerosos países.

Cuando uno visita Dinamarca, Suecia, Finlandia, Alemania, Holanda, Reino Unido, Japón, Estados Unidos o Portugal descubre que las diferencias son enormes. Cambian los edificios, la organización, las profesiones, la tecnología o el papel de la familia.

Pero hay algo que siempre aparece. Los países en que ves servicios “que te gustan más”, aquellos que ofrecen más apoyos formales, suelen ser también los que más recursos destinan al cuidado de larga duración.

Por eso, cuando comparamos sistemas, me parece muy útil buscar un dato y compararlo: cuánto dedica cada país a la atención a la dependencia en relación con su PIB y comparar simplemente el precio mensual de una residencia.

Según los datos más recientes de la OCDE, los Países Bajos destinan alrededor del 4,1% de su PIB a cuidados de larga duración. Suecia alcanza el 3,7%, Finlandia el 3,2% y Dinamarca el 3,2%. España se sitúa claramente por debajo de esos niveles rondando el 2.

Ese dato no lo explica todo, pero explica mucho, ya que detrás de cada décima del PIB está la posibilidad de incorporar más profesionales, plazas residenciales, horas de atención domiciliaria, centros de día, formación, coordinación sociosanitaria y capacidad real para atender a personas dependientes.

Así que, por un lado, hay que ver lo que gasta cada país en cuidados a la dependencia, pero si olvidar otras informaciones importantes: cuánto acaban costando los servicios. O sea, cuánto cuestan las residencias en comparación de lo que cuestan en España y quien paga los cuidados en cada país.

Cómo obtener y comparar esa información resulta complicado. Hace un tiempo en Inforesidencias decidimos crear un índice al que llamamos “IR” y lo difundimos a través de la plataforma Residencias Transparentes.

Lo mismo ocurre cuando analizamos países. Comparar únicamente precios puede llevar a conclusiones equivocadas. Comparar niveles de inversión, cobertura, precios relativos y calidad es siempre mucho más útil.

Me he desviado un poco del artículo, vuelvo a él. Recomiendo su lectura con la idea de constatar que las personas que mejor conocían el envejecimiento ya estaban señalando hace años hacia dónde nos dirigíamos. Carme Triadó lo hacía en 2013 (y mucho antes). Muchos lo han seguido haciendo después.

Las proyecciones demográficas estaban publicadas. Los datos de esperanza de vida eran conocidos. La disminución de la natalidad era evidente. La necesidad de más profesionales ya se intuía.

Sin embargo, seguimos teniendo dificultades para planificar a largo plazo. No digo que los gobiernos no escuchen. Probablemente escuchan, pero lo hacen de una manera tan propia que a los demás nos parece que sufren una sordera selectiva.

Y mientras tanto pasan los años.

Por eso vale la pena volver de vez en cuando al baúl de los recuerdos gerontológicos. No necesariamente para buscar nostalgia académica, aunque un poco de nostalgia no hace daño a nadie. Más bien para recordar que algunas de las cuestiones que hoy nos preocupan ya fueron descritas hace tiempo por personas extraordinariamente preparadas a las que si hubiésemos escuchado… otro gallo nos cantaría.

Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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