Francisco José Tarazona, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), advierte de que la escasez de especialistas compromete la seguridad de los mayores y reclama que las residencias cuenten con plena integración sanitaria sin perder su condición de hogares. Pide avanzar en un "ecosistema del cuidado" integrado.
Las residencias son, ante todo, hogares y no deben convertirse en hospitales. Es la posición firme de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), que reclama una plena integración sanitaria en los centros residenciales sin que estos pierdan su naturaleza de espacios de vida. Para la SEGG, el reto no es elegir entre lo social y lo sanitario, sino lograr que ambos converjan en un modelo que garantice dignidad, autonomía y atención de calidad a las personas mayores.
En el marco del 66º Congreso Nacional de la SEGG, celebrado entre los días 10 y 12 de junio en Las Palmas de Gran Canaria, su presidente Francisco José Tarazona alertó de que la falta de profesionales especializados está comprometiendo directamente la seguridad de los pacientes. "Sin especialistas, se tiende a la sobreprescripción farmacológica, lo que compromete la seguridad del paciente", afirmó. Una carencia que, en su diagnóstico, afecta a todo el continuo asistencial, desde el diagnóstico temprano de las demencias hasta el manejo de sus fases más avanzadas.
El encuentro reunió a profesionales del ámbito sanitario, social y de la investigación en torno a un programa que combinó avances clínicos en geriatría con perspectivas biológicas, sociales y psicosociales del envejecimiento. Tarazona, al respecto de la coordinación sociosanitaria, reclama que deje de funcionar como compartimentos diferenciados y avance hacia lo que denominó un "ecosistema del cuidado" integrado, donde el "código postal" no marque la diferencia en la calidad de la atención.
Pero el presidente de la SEGG Francisco José Tarazona lo explica mejor en esta entrevista:
1.- El Congreso plantea una atención integral basada en la evidencia durante todo el proceso de envejecimiento. ¿Hasta qué punto el sistema actual está preparado para aplicar realmente ese enfoque integral en la práctica diaria, especialmente en residencias?
Desde la SEGG consideramos que, aunque España cuenta con un sistema sanitario y social de alta calidad, todavía existe una brecha significativa entre la evidencia científica y su implementación operativa. El lema de nuestro congreso, "Hacia una longevidad activa: ciencia, cuidado y comunidad", subraya precisamente la necesidad de unir estos tres pilares para lograr una atención verdaderamente integral.
La evidencia científica muestra que el modelo de Atención Integral Centrada en la Persona es el camino para mejorar no solo la salud clínica, sino también la calidad de vida y la autonomía. En las residencias, estamos observando una transición hacia este enfoque, donde se priorizan las "historias de vida" y el proyecto vital del residente por encima de la rigidez institucional. Sin embargo, el sistema actual aún arrastra inercias de un modelo excesivamente biomédico y fragmentado. Para aplicar este enfoque integral en el día a día, es necesario que las residencias se integren plenamente en la red asistencial, contando con el apoyo de equipos interdisciplinares que incluyan geriatras, enfermería especializada, trabajadores sociales, psicólogos y terapeutas ocupacionales.
El reto principal radica en transformar la organización de los centros para que el entorno se adapte a la persona y no al revés. En este congreso, profundizamos en herramientas prácticas para que los profesionales puedan diseñar planes de vida significativos, asegurando que las decisiones clínicas sean coherentes con los valores y prioridades de la persona mayor. Es necesario avanzar hacia una financiación suficiente que permita ratios de personal adecuados y una formación continua en geriatría y gerontología, de modo que la dignidad y la autonomía sean la norma y no la excepción. El sistema está en un proceso de cambio, pero requiere un compromiso firme de las administraciones públicas para dotar de recursos este nuevo paradigma de cuidado.
2.- Uno de los grandes retos del sector es la falta de profesionales sanitarios, especialmente médicos y enfermeras especializados en geriatría. ¿Qué impacto consideran ustedes que está teniendo esta situación en la calidad de la atención a las personas mayores?
La falta de profesionales especializados es, sin duda, una de las mayores preocupaciones de la SEGG. La atención a las personas mayores depende de la disponibilidad de médicos geriatras, enfermeras especializadas, auxiliares de enfermería, cuidadores profesionales y otros perfiles sociosanitarios que forman parte de un modelo de atención integral. Todos ellos desempeñan un papel esencial para responder a la complejidad clínica, funcional y social que caracteriza al envejecimiento.
Desde la SEGG consideramos que el impacto de esta carencia es directo y multidimensional. En primer lugar, afecta a la calidad asistencial, sin profesionales suficientemente formados y especializados, aumenta el riesgo de una atención fragmentada, con un exceso de polifarmacia y una menor capacidad para prevenir, detectar y tratar síndromes geriátricos clave como el delirium, las caídas, la fragilidad o la sarcopenia. La intervención de equipos multidisciplinares especializados mejora los resultados clínicos, reduce las complicaciones hospitalarias y favorece una recuperación más rápida y completa tras procesos agudos, como una fractura de cadera.
Además, esta situación genera una importante sobrecarga sobre los profesionales actualmente en activo. La escasez de enfermeras geriátricas, auxiliares y cuidadores repercute directamente en el tiempo disponible para los cuidados, el seguimiento individualizado, la educación sanitaria y la prevención de la dependencia, aspectos fundamentales para mantener la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores. También dificulta la implantación de nuevos roles y proyectos innovadores, como los que estamos analizando en este congreso para la enfermería geriátrica y de práctica avanzada en ámbitos como la cardiogeriatría u oncogeriatría.
La falta de personal especializado limita la capacidad del sistema para desarrollar modelos asistenciales más eficientes y centrados en la persona, como la Hospitalización a Domicilio geriátrica, la atención integrada sociosanitaria o los programas de cuidados de larga duración. No estamos únicamente ante un déficit de profesionales, sino ante un reto estratégico que condiciona la capacidad del sistema para ofrecer una atención segura, de calidad y verdaderamente adaptada a las necesidades de una población cada vez más envejecida.
3.- En el programa se abordan los cuidados de larga duración y la atención a la fragilidad. ¿Considera que el actual modelo de cuidados en España está suficientemente dimensionado para el aumento de la población mayor dependiente que se viene?
El análisis demográfico es claro, nos enfrentamos a un reto sin precedentes por el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento de personas en situación de dependencia y fragilidad. Desde la SEGG consideramos que el modelo actual necesita ser redimensionado y, sobre todo, diversificado. No podemos dar una respuesta única a una población que es heterogénea en sus necesidades y preferencias.
La clave para la sostenibilidad del sistema no es solo crear más plazas residenciales, sino invertir en la prevención de la fragilidad. Durante este congreso, actualizamos el consenso sobre la prevención de caídas y fragilidad, entendiendo que actuar a tiempo es la mejor estrategia para retrasar la dependencia. Sin embargo, cuando la dependencia ya está presente, necesitamos un "ecosistema del cuidado" que sea flexible y proactivo.
Es necesario avanzar hacia modelos que refuercen la atención en el domicilio, la telemedicina avanzada, entre otros recursos, que permitan a las personas envejecer en su entorno el mayor tiempo posible. Al mismo tiempo, debemos rediseñar los cuidados de larga duración para que dejen de ser compartimentos estancos y pasen a formar parte de una red integrada donde la familia, los cuidadores profesionales y el voluntariado comunitario trabajen de forma corresponsable. El actual modelo está tensionado y, si no se produce un incremento presupuestario y una reorganización estratégica hacia la continuidad asistencial, corremos el riesgo de no poder garantizar la calidad que los ciudadanos merecen. La solución pasa por la innovación, la tecnología y, sobre todo, por poner la dignidad y los derechos humanos en el centro de cualquier planificación futura.
4.- La mesa internacional aborda los retos en residencias y atención a personas con deterioro cognitivo. ¿Cuáles diría que son hoy los principales puntos críticos en la atención residencial en España?
El intercambio de experiencias con expertos internacionales, como los de la IAGG-COMLAt, nos permite situar los desafíos de España en un contexto global. Desde la SEGG consideramos que los principales puntos críticos en nuestra atención residencial se agrupan en tres áreas: la especialización clínica, la humanización del cuidado y la protección de los derechos de las personas con deterioro cognitivo.
Un punto crítico fundamental es el manejo de patologías complejas como las demencias en estadios moderados-avanzados. Es necesario optimizar el tratamiento de los síntomas neuroconductuales, evitando el uso excesivo de psicofármacos y apostando por intervenciones no farmacológicas basadas en la estimulación integral. El sistema debe garantizar que el personal de las residencias tenga la formación necesaria para manejar estas situaciones desde la empatía y el conocimiento clínico actualizado.
Otro aspecto clave es la humanización de los cuidados. Debemos pasar de "gestionar plazas" a "acompañar personas", lo que implica integrar la ética asistencial en cada decisión diaria, especialmente en el final de la vida, respetando el testamento vital y garantizando el confort y la dignidad. Finalmente, la coordinación con el sistema sanitario sigue siendo un cuello de botella. Las residencias no deben ser hospitales, pero sus residentes tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a recibir atención especializada sin necesidad de traslados innecesarios a urgencias, potenciando modelos como el apoyo geriátrico directo a centros residenciales. El mensaje clave es claro, el éxito de la atención residencial se mide por la capacidad de preservar la identidad y los derechos del individuo hasta el último momento.
5.- ¿Cómo afecta la falta de personal especializado al abordaje de patologías complejas como las demencias en los distintos niveles asistenciales?
El abordaje de las demencias es, posiblemente, uno de los desafíos más complejos de la medicina moderna debido a su naturaleza progresiva y su impacto no solo biológico, sino también social y psicosocial. Desde la SEGG consideramos que la falta de personal especializado, geriatras, neurólogos, neuropsicólogos, enfermería geriátrica y trabajadores sociales sanitarios tiene un impacto erosivo en todo el continuo asistencial.
En la fase inicial, la carencia de especialistas dificulta el diagnóstico temprano y de precisión, esencial para iniciar estrategias terapéuticas y de planificación de cuidados cuando la persona aún tiene capacidad de decisión. La evidencia científica muestra que una intervención precoz y multidominio (nutrición, ejercicio, estimulación cognitiva) puede mejorar significativamente el pronóstico funcional. Sin personal formado, estas oportunidades se pierden.
En fases más avanzadas, la falta de especialización se traduce en un manejo inadecuado de las complicaciones. Por ejemplo, en urgencias o durante hospitalizaciones por procesos agudos, el paciente con demencia es extremadamente vulnerable al delirium, un síndrome geriátrico que, si no se detecta y trata adecuadamente por manos expertas, aumenta drásticamente la mortalidad y la discapacidad. Asimismo, el abordaje de los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia requiere un equilibrio muy fino entre el sentido clínico y la evidencia científica; sin especialistas, se tiende a la sobreprescripción farmacológica, lo que compromete la seguridad del paciente. La atención a las personas con demencia exige una mirada experta y coordinada, su ausencia no solo disminuye la calidad asistencial, sino que genera un sufrimiento evitable para el paciente y una carga insostenible para las familias y cuidadores informales.
6.- El programa incluye un fuerte componente social y psicosocial del envejecimiento. ¿Cree que el sistema sanitario y social están suficientemente coordinados o siguen funcionando como compartimentos diferenciados?
Esta es una de las cuestiones nucleares de nuestro congreso. A pesar de los avances legislativos y de voluntad política, la realidad clínica y social muestra que todavía persisten barreras importantes que hacen que ambos sistemas funcionen a menudo como compartimentos diferenciados. Desde la SEGG consideramos que esta fragmentación es el principal obstáculo para lograr una atención centrada en la persona.
El reto principal es pasar de una colaboración puntual a un "ecosistema del cuidado" integrado. Esto implica compartir información clínica y social de forma bidireccional, unificar criterios de valoración y, sobre todo, que la financiación no sea un obstáculo para la continuidad asistencial. No tiene sentido que el sistema sanitario actúe de forma excelente en un proceso agudo si luego el sistema social no puede garantizar los apoyos necesarios en el hogar, o viceversa. Es necesario avanzar hacia una gobernanza compartida donde el "código postal" no marque la diferencia en la calidad del cuidado. La integración sociosanitaria no debe ser un concepto retórico, sino una realidad operativa que garantice que la persona sea atendida en el recurso más adecuado a sus necesidades, con la máxima eficiencia y respeto a su proyecto vital.
7.- En su opinión, ¿qué papel deberían tener las residencias en el sistema sanitario: deberían reforzarse como recurso social o avanzar hacia un modelo más sanitario e integrado?
Desde el posicionamiento científico de la SEGG, consideramos que esta no debería ser una elección excluyente. Las residencias son, ante todo, hogares, y por tanto deben mantener y reforzar su naturaleza de recurso social basado en la convivencia, la autonomía y la participación comunitaria. Sin embargo, el perfil de las personas que viven hoy en residencias es de una gran fragilidad, con múltiples patologías crónicas y una alta prevalencia de deterioro cognitivo, lo que exige una integración sanitaria real y robusta.
No es necesario convertir las residencias en hospitales ("hospitalizar la vida"), sino asegurar que el sistema sanitario público llegue a ellas con la misma intensidad y calidad que llega a cualquier otro domicilio. Esto significa avanzar hacia un modelo integrado donde la residencia cuente con el apoyo de equipos de geriatría de referencia, atención primaria proactiva y acceso directo a servicios como la hospitalización a domicilio geriátrica o cuidados paliativos especializados cuando sea preciso.
El papel de las residencias en el futuro debe ser el de un nodo estratégico dentro del ecosistema del cuidado. Deben ser centros de alta calidad asistencial que ofrezcan no solo alojamiento, sino una atención integral que proteja la salud física y mental sin renunciar a la dignidad y los derechos humanos. Reforzar solo la parte social sin una integración sanitaria adecuada es ignorar la realidad clínica de los residentes, convertirlo solo en un recurso sanitario es olvidar que allí vive una persona con su propia historia y deseos, y que ese es su hogar. La clave es la corresponsabilidad, un modelo donde lo social y lo sanitario se funden para garantizar que, cuando vivir en casa ya no es posible, la residencia sea un lugar de vida con todas las garantías de cuidado y seguridad.