Son las nueve de la mañana en un centro sociosanitario. Carros de medicación preparados, tomas organizadas, rutinas en marcha. Todo parece bajo control.
Pero detrás de esa aparente normalidad hay otra realidad menos visible: pacientes con más de cinco medicamentos diarios, tratamientos que se han ido acumulando con el tiempo, formas farmacéuticas que no siempre se administran correctamente y fármacos que, quizá, ya no deberían seguir ahí.
Porque sí, la medicación se administra. Pero eso no siempre significa que esté bien ajustada.
En 2030, 1 de cada 6 personas en el mundo tendrá más de 60 años. Y este envejecimiento no llega solo: viene acompañado de cronicidad, dependencia y polimedicación. Es decir, personas que toman cinco o más medicamentos al día. Entre el 30% y el 50% de los mayores de 65 años están en esta situación, y en centros sociosanitarios el porcentaje es aún mayor.
Más medicación no siempre es mejor atención.
En España, aproximadamente el 50% de los pacientes no sigue correctamente su tratamiento, lo que se asocia a unas 18.000 muertes evitables al año. En los centros, el cumplimiento está más controlado. Pero el reto no es solo que se administre… sino que tenga sentido. La polifarmacia conlleva graves consecuencias clínicas también, especialmente en ancianos, destacando el aumento de reacciones adversas, interacciones medicamentosas, caídas, fracturas, deterioro cognitivo y hospitalizaciones. Y, en muchos casos, son evitables con una revisión farmacoterapéutica adecuada.
Donde el farmacéutico marca la diferencia
En el entorno sociosanitario, la medicación no es estática. Cambian los pacientes, cambian sus patologías, cambia su capacidad funcional. Y, sin embargo, los tratamientos muchas veces se mantienen sin una revisión profunda.
Aquí es donde el farmacéutico aporta un valor diferencial dentro del equipo multidisciplinar.
No solo conoce el medicamento, sino cómo se comporta en el paciente mayor: cambios en la absorción, metabolismo y eliminación, mayor sensibilidad a determinados fármacos, riesgo acumulativo de interacciones.
Esto se traduce en acciones concretas:
Y, sobre todo, cuestionar la inercia terapéutica. Porque muchos tratamientos no se revisan… simplemente continúan.
Lo que no se ve también importa
Más allá de la prescripción, hay un conjunto de factores que condicionan directamente la seguridad y eficacia del tratamiento, y que muchas veces pasan desapercibidos.
- Medicamentos mal conservados.
- Envases multidosis utilizados más tiempo del recomendado.
- Errores en la administración de inhaladores o parches.
- Comprimidos triturados sin valorar si se puede o no.
Estos aspectos, aparentemente pequeños, son responsables de una parte importante de los fallos terapéuticos.
Y es aquí donde el farmacéutico actúa como formador y referente técnico dentro del equipo. Estandariza procesos. Evita errores que no suelen registrarse… pero sí se sufren.
SPD: de rutina a herramienta clínica
El Sistema Personalizado de Dosificación (SPD) está plenamente integrado en muchos centros. Organiza, facilita y aporta seguridad.
Pero su potencial va más allá. Cada preparación y revisión permite detectar problemas, anticiparse y ajustar tratamientos. Es una herramienta que, bien utilizada, conecta logística con clínica.
Un equipo que suma
La atención sociosanitaria requiere coordinación. Médicos, enfermería, auxiliares y cuidadores trabajan con un objetivo común.
El farmacéutico debe formar parte activa de ese equipo.
No como apoyo puntual, sino como profesional integrado que aporta conocimiento específico sobre el medicamento y participa en la toma de decisiones.
Porque cuando se trabaja de forma conjunta, los resultados cambian.
Explicar, acompañar, resolver
En un entorno con alta carga asistencial, hay espacio para algo que marca la diferencia: explicar.
Qué se toma, por qué, cómo y hasta cuándo.
El farmacéutico muchas veces se convierte en ese profesional accesible que traduce la medicación a un lenguaje comprensible para el paciente.
Y eso también es seguridad.
Más allá de la rutina
La imagen de un carro de medicación bien organizado puede dar sensación de control.
Pero la calidad asistencial no está solo en que todo esté preparado. Está en que cada tratamiento tenga sentido. Y en ese proceso, el farmacéutico no es un complemento, porque optimizar la medicación no es un detalle técnico: es una intervención directa en la calidad de vida de las personas.
Jessica Gutiérrez es farmacéutica especializada en polifarmacia, deprescripción y SPD. Apasionada de la Medicina 5P y comprometida con un uso más seguro, eficaz y adaptado de la medicación.