Este análisis parte de la observación directa de la Bolsa de trabajo de inforesidencias.com, que registra de forma continua tanto las demandas de empleo de profesionales como las ofertas publicadas por centros geroasistenciales. Los datos muestran que no estamos ante una falta general de personas, sino ante un desajuste profundo entre los perfiles que se necesitan y los que el sistema es capaz de generar, atraer y homologar.
La bolsa evidencia que en perfiles de atención directa el sistema sigue generando profesionales. Se registran candidaturas de forma constante, especialmente en categorías como gerocultores, auxiliares y personal de servicios generales. El problema en estos perfiles no es la inexistencia de personas, sino la alta rotación y una creciente dificultad para garantizar la estabilidad de las plantillas.
A esta escasez se suma un problema menos visible pero decisivo: la lentitud en los procesos de homologación de títulos extranjeros. En España, estos procedimientos pueden prolongarse entre un año y medio y tres años, lo que supone mantener fuera del sistema durante largos periodos a profesionales ya formados y dispuestos a trabajar.
En otros países europeos, los procesos de reconocimiento profesional tienden a resolverse en plazos mucho más cortos, habitualmente en cuestión de meses cuando la documentación está completa y la formación es comparable. Esta diferencia de tiempos no elimina la necesidad de verificar la calidad formativa, pero sí evidencia una mayor capacidad de respuesta administrativa ante la escasez de profesionales sanitarios.
Ante la dificultad creciente para cubrir puestos de enfermería y otros perfiles sanitarios, el sector está evolucionando hacia modelos con mayor presencia de perfiles intermedios, como los TCAE. Estos profesionales, con formación específica en cuidados auxiliares de enfermería, podrían asumir de forma estructurada más funciones dentro de los equipos de atención, descargando a Enfermería de tareas que no requieren necesariamente su nivel de cualificación.
Sin embargo, en España esta evolución está limitada por el marco competencial actual, que no ha evolucionado al mismo ritmo que las necesidades organizativas reales de los centros. Hoy en día, los TCAE no pueden asumir determinadas funciones que en la práctica ayudarían a sostener la organización asistencial de muchos centros. En otros países europeos, ante la escasez de profesionales de enfermería, se han consolidado modelos donde los perfiles intermedios tienen un papel más amplio y regulado dentro de los equipos, como respuesta pragmática a la realidad demográfica y laboral.
En España, el debate existe, pero su avance es lento. Las reticencias de algunos ámbitos profesionales y la falta de adaptación normativa hacen que el sistema reconozca el problema, pero avance con dificultad en soluciones organizativas que ya están implantadas en otros países de nuestro entorno.
El debate no debería centrarse únicamente en “faltan profesionales”, sino en por qué faltan determinados perfiles, qué barreras impiden que otros se incorporen y cómo está evolucionando la organización del trabajo dentro de los centros.
La experiencia diaria de herramientas como la bolsa de trabajo de inforesidencias.com muestra que el sistema sí genera profesionales, pero no en la proporción ni en las categorías que el sector necesita. Más que un problema de volumen, estamos ante un problema de estructura del sistema de cuidados.
Todo ello pone de relieve otro elemento de fondo: la respuesta administrativa y normativa en España no está avanzando al mismo ritmo que la evolución del sector geroasistencial. Mientras los centros afrontan una realidad de escasez de determinados perfiles sanitarios y un aumento de la complejidad asistencial, con personas usuarias que acceden a los recursos en peores condiciones de salud y con mayor presencia de pluripatologías, los mecanismos para facilitar la incorporación de profesionales, adaptar los marcos competenciales o agilizar los procedimientos siguen siendo lentos
El sector lleva años señalando estas dificultades, pero la adaptación de las políticas públicas está siendo más lenta que la evolución demográfica y asistencial. Reconocer el problema no es suficiente si no se traduce en cambios efectivos en homologaciones, planificación de profesionales y modelos organizativos. Mientras tanto, el sector sigue adaptándose sobre el terreno, a un ritmo que la regulación y la administración no siempre acompañan.
Autora del texto: Anna Cebrián es licenciada en Económicas, Máster en Dirección de Empresas y postgrado en dirección de servicios gerontológicos. Directora de Inforesidencias.com
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