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¿Envejecemos mejor o solo más tiempo?

Por Josep de Martí
lunes 27 de abril de 2026, 13:37h

Buscando en el baúl de los recuerdos gerontológicos.

Josep de Martí, fundador de Inforesidencias.
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Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. (Foto: JC/Dependencia.info)

Hace unos años, durante uno de los viajes geroasistenciales que organizamos desde Inforesidencias a Japón, visitamos Okinawa. Allí tuvimos la oportunidad de escuchar al profesor Makoto Suzuki, uno de los investigadores que más ha estudiado la llamada “zona azul”.

Recuerdo una frase que me llamó especialmente la atención. Nos dijo algo así como que los jóvenes de Okinawa ya no vivían como vivían los que habían llegado a los 100 años. No comían como ellos. No se movían como ellos. No mantenían las mismas relaciones sociales. No tenían el mismo sentido de comunidad.

Y añadió, con cierta preocupación, que probablemente no envejecerían igual.

Aquello se me quedó grabado.

Días atrás, buscando en el baúl de los recuerdos gerontológicos, encontré un artículo publicado en 2013 por Sergi Trias-Llimós, Antonio D. Cámara, Pilar Zueras y Amand Blanes, del Centre d’Estudis Demogràfics: Maneras de vivir, ¿maneras de envejecer? Salud generacional en la España del siglo XX.

Un título que ya lo dice todo.

El trabajo analizaba algo que sigue siendo incómodo: si las distintas generaciones en España están envejeciendo mejor… o peor. Y lo hacía con una distinción muy interesante entre dos conceptos que a menudo confundimos: limitaciones funcionales y condiciones crónicas.

Las primeras tienen que ver con lo que una persona puede o no puede hacer en su vida cotidiana. Las segundas, con diagnósticos médicos: hipertensión, diabetes, colesterol alto, problemas cardíacos, respiratorios…

Y aquí viene lo relevante.

El estudio no encontraba una tendencia clara de empeoramiento intergeneracional en limitaciones funcionales. Pero sí detectaba un aumento sistemático de condiciones crónicas en las generaciones más jóvenes. Dicho de otra manera: a la misma edad, las cohortes nacidas más tarde declaraban más patologías crónicas que las nacidas veinte años antes.

O sea, ¿que antes se vivía y se envejecía mejor? No es eso. Más bien es que todo es más complejo.

España pasó en el siglo XX de una situación de escasez a una sociedad de bienestar en pocas décadas. Ganamos esperanza de vida de forma espectacular. Mejoró la nutrición, el acceso sanitario, la educación. Todo eso es indiscutible.

Pero en paralelo cambiaron los estilos de vida: alimentación más calórica, más sedentarismo, más estrés laboral, más consumo de determinados productos.

Y el artículo apuntaba precisamente a eso: puede que las condiciones macro del pasado no expliquen directamente cómo envejecemos hoy, pero la manera individual de vivir sí.

Es interesante además que el nivel educativo, usado como indicador socioeconómico, mostraba un gradiente claro: a mayor nivel de estudios, menor probabilidad de declarar condiciones crónicas o limitaciones funcionales.

O sea, que la forma de vivir importa. Y mucho.

Si traslado esto al sector residencial, la pregunta se vuelve práctica para quien lee Dependencia.info. No estamos recibiendo en las residencias de personas mayores hoy a las mismas generaciones que hace veinte años. Llegan con más patologías diagnosticadas, con más complejidad clínica, con más tratamientos.

Eso no siempre implica mayor dependencia funcional severa, pero sí mayor complejidad asistencial. Más necesidad de coordinación sanitaria, seguimiento y control farmacológico.

¿Hemos adaptado suficientemente el modelo a esta realidad?

Cuando escuchaba al profesor Suzuki en Okinawa, hablaba de jóvenes que ya no comían como sus abuelos centenarios. Si alguien escribiera hoy el artículo de 2013, ¿qué encontraría? Desde entonces han pasado trece años.

Entre medias ha habido una pandemia que ha cambiado conductas, ha aumentado el sedentarismo en algunos grupos, ha incrementado problemas de salud mental, ha alterado relaciones sociales.

¿Estaríamos hoy ante una expansión de la cronicidad aún mayor? ¿O la medicina y la prevención estarían amortiguando el impacto?

No lo sé.

Pero sí sé que el debate sobre si vivimos más y mejor debe tenerse porque la respuesta es importante. Vivimos más, sin duda. Pero cómo vivimos esos años y con qué carga de enfermedad depende en gran medida de cómo hemos vivido antes.

Las generaciones que hoy llenan nuestras residencias son hijas de una España que pasó hambre, guerra y autarquía. Las que llegarán en la próxima década son hijas del desarrollo económico y de la abundancia.

Quizá la pregunta no sea solo cuántos mayores tendremos (esa la podremos responder con previsiones académicas) sino qué mayores tendremos.

Porque si algo nos enseña aquel artículo de 2013 es que el envejecimiento no es solo una cuestión demográfica, sino biográfica. Las generaciones traen consigo su manera de vivir. Y si sabemos que llegan con más cronicidad y más complejidad clínica, la pregunta ya no es si habrá más mayores, sino si estaremos preparados para atenderles con el modelo adecuado.

Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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