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24 de septiembre de 2020, 2:50:04
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Recuerdos de San Isidro desde las residencias para mayores Emera



La fiesta de San Isidro se asocia siempre a Madrid, con sus verbenas y romerías, pero no podemos olvidar que Isidro Labrador, a quien hacen honor, es también el patrón de los agricultores. Así, con motivo del día del patrón de los labradores, en los centros Emera han preguntado a sus residentes acerca de sus recuerdos de esta celebración…

En Emera El Álamo, David, terapeuta ocupacional, conversó con Soledad, manchega afincada en Madrid: “¡lo conozco muy bien! Y ya no solo la parte festiva del santo en Madrid, sino por el trabajo del que es patrón”. Relata que pasó su juventud vendimiando, segando, recogiendo garbanzos y frutas, escardando, primero en el campo de su familia y luego como jornalera. Se acuerda de cómo hacía “¡el mismo trabajo que los hombres!” pero “yo vestía falda”, eso sí, recalca que “eran muy malas las faldas”, porque vivió la postguerra.

Pepi, como buena madrileña castiza que es, siente mucho afecto por el que, para ella, es el patrón de todos los madrileños y su querida Madrid. Enseguida describe sus verbenas, los paseos por las praderas comiendo “churros y porras”, los puestos de gallinejas y entresijos y, sobre todo, “disfrutar con las amigas de la juventud”. Eso sí, aunque este año no se pueda disfrutar de este día como se hizo siempre, quedó con David en que el año que viene bailará unos chotis.

En Emera Monte Rincón aprovecharon el buen tiempo para montar toda una tertulia… cuántas alegrías revivieron pensando de nuevo en las celebraciones de antaño en La Rioja. Todos los ojos se iluminan mencionando la misa y la procesión del Santo: “todas con velo, precioso aún lo guardo” y “las comilonas de habas” y como no, el broche final…. ¡el baile!”. Desde luego fue un momento de memorias felices en el jardín.

Julia, residente de Mas Camarena toda la vida compaginó su trabajo de casa con el del campo y cuenta: “Trabajaba en el campo por temporadas, en invierno cuidábamos las naranjas y limones, a veces helaba y no podíamos venderlas. En primavera recogíamos las olivas y después las almendras. Y en verano: los nísperos, las cerezas y las algarrobas. Me acuerdo que hacía mucho calor… Teníamos campos de regadío y de secano. En los primeros se cultivaban limones, naranjas y nísperos.

En los de secano algarrobos, almendros y olivos. Cogía los nísperos, los llevaba a casa, los limpiaba y ponía en cajitas envueltos en papel. Luego los enviábamos en un camión al Mercado de abastos de Barcelona y de Valencia. Con las cerezas hacía lo mismo pero las llevábamos en cestos al almacén del pueblo donde las pesaban y nos las compraban. De las naranjas y limones se encargaba un representante que luego nos ingresaba el dinero en el banco.

Para coger las olivas mi marido y yo poníamos una manta verde grande en el suelo y las tirábamos con una caña. Las olivas caían, se ponían en sacos y las llevábamos a la almazara del pueblo y luego te daban el aceite. Con las almendras hacíamos lo mismo que con las olivas pero luego las llevábamos a casa para pelarlas antes de venderlas en el almacén del pueblo. Me gustaba trabajar en el campo, como iba con mi marido… A veces nos llevábamos la comida y todo. Mis hijos se quedaban con mi hermana y mis padres”.

Cesário es de Pradenar de Atienza, “nacido y malcriado” nos cuenta Leticia, la terapeuta de Emera Guadalajara, aprovechó para hacerle una entrevista. Y es que Cesário hasta los 32 años estuvo trabajando en el campo y se quedó hasta que muriesen sus padres “por no quedarse solos tuve que enterrar allí mi juventud, en aquel desierto”.

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