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24 de septiembre de 2020, 3:00:20
El rincón del director


Llevarse a los residentes a sus casas

Por Josep de Martí


Durante la pandemia de coronavirus, el apartado “El Rincón del Director” donde planteo casos prácticos que suceden en la imaginaria Residencia Las Marismas, de la cual, por cierto, eres directora, ha cambiado un poco. Espero poder volver a imaginarme casos dentro de poco porque, de momento, con lo que me explican directores actuales, sin añadir casi nada, ya surgen situaciones interesantes para comentar.

Esta semana no eres tú el director de ninguna residencia. La historia me sucede a mí.

Bueno, más bien a un “yo imaginario” que vive en un universo paralelo en el que todo lo que sé de residencias es que hace un año mi madre se cayó en su casa rompiéndose la pierna y acabó viviendo en una.

Estuvo varias horas en el suelo hasta que consiguió llamarme, fue al hospital, la operaron y cuando tocaba volver a su casa vimos que no era posible. No podía caminar, necesitaba bastante apoyo y una incipiente demencia que, hasta entonces se limitaba a hacer que se olvidase de algunas palabras, se agudizó. La trajimos a vivir a mi casa, pero eso era sólo una solución provisional. La demencia avanzó y al cabo de un mes tuvo una nueva caída, una “re-rotura”, un nuevo ingreso, una nueva intervención, un nuevo declive cognitivo. Finalmente busqué por Internet y, a través de Inforesidencias.com, encontré una residencia que se ajustaba a nuestras necesidades y podíamos pagar.

La residencia me gustó, aunque hubiese preferido que su habitación hubiese sido más grande y sólo para ella. También me hubiese gustado que la residencia tuviese más personal. Eso se lo dije a la directora y me comentó que tenían una ratio de 0,54 o sea, un empleado en nómina a jornada completa por cada dos residentes. “Yo no los veo”, dije. “Piense que estamos abiertos 24 horas al día y que, además de lo que ve, hay personal de cocina, lavandería, limpieza, mantenimiento…”, me respondió. El precio de la plaza era de 1.900 euros al mes. Entre la pensión de mi madre y lo que sacamos del alquiler de su piso, pudimos pagarlo y así empezó su estancia en la residencia. A la vez, iniciamos los trámites de “la dependencia” sabiendo que tardaría más de un año en fructificar, si es que lo acababa haciendo.

Llevaba un par de meses en la residencia cuando llegó la pandemia.

Primero recibí un correo electrónico y una llamada en la que me decían que, por indicación de las autoridades estaba prohibido que las visitas entrasen en la residencia. A partir de ahí continué recibiendo mensajes cada dos o tres días. Intenté llamar, pero me costaba muchísimos intentos y cuando conseguía que me contestasen me decían que la directora o la médico estaban ocupados. Hablé con mi madre algunas veces, pero, dada su situación cognitiva, necesitaba que alguien le acercase el teléfono o sea que me tenía que adaptar a cuando ellos me llamasen, me fuese bien o mal.

En las noticias, en programas de televisión y radio no paraban de decir lo mal que estaban en las residencias. Que la gente moría y dejaban allí los cadáveres, que eran poco menos que un desastre. Yo sufría, intentaba llamar por teléfono al centro y poner mensajes pero, o no conseguía hablar o tardaban varios días en responderme. Seguía recibiendo mensajes diciendo que mi madre no se había contagiado y que estaba bien. Que ahora estaba confinada en su habitación durante unos días, pero no enferma. Un día escuché en la televisión a un político diciendo que los residentes que no estuviesen contagiados podían salir de las residencias e ir a vivir a sus casas con ciertas condiciones.

Viendo como iban las cosas y que mi madre parecía muy confusa tomé la decisión de que quería traérmela a casa, así que se lo comuniqué a la residencia. ¡Quería sacarla de ese infierno! Me dijeron que si lo decidía así me reservarían a plaza, pero no podría volverla a llevar hasta que acabase el confinamiento de la residencia. Valoré pros y contras, hablé con mi mujer y mi hijo y lo decidimos: la traemos a casa. Nos enviaron los documentos y fuimos a recogerla. No llegamos a entrar en la residencia pero lo que vimos desde fuera no nos pareció tan caótico como creía.

Han pasado tres semanas y no puedo más. Por esto decido escribir de nuevo a la directora de la residencia

Apreciada Margarita,

Como recordarás, hace unas semanas decidimos sacar a mi madre Pilar Z. para llevarla a nuestra casa. Ni entonces ni ahora ha mostrado síntoma alguno de covid19.

Al decidir que viniese pensábamos que esto tendría un efecto positivo sobre su estado, pero la verdad es que está siendo todo lo contrario. Parce que su demencia se ha acentuado desde que ha venido a casa, está completamente desorientada, por las noches se pone a caminar por el piso, a hablar, a gritar y está muy agresiva con nosotros. No para de decir que quiere volver a casa, no conseguimos que se tome toda la medicación ni ducharla bien y algunos vecinos se han quejado de los ruidos.

Llevamos varias noches sin dormir y, ni mi mujer ni yo podemos teletrabajar ya que continuamente la tenemos que atender. Lo mismo pasa con mi hijo, de 15 años, a quien le cuesta mucho seguir las clases on-line del instituto.

Hemos llamado a la médico de cabecera del centro de salud y nos ha dicho que cree que sería mejor que volviese a la residencia. Le hemos pedido que nos haga un informe y estamos esperando. Nos ha dicho lo mismo la trabajadora social del distrito, pero no nos puede hacer un informe escrito.

Somos conscientes de que firmamos el documento de alta donde dice que no puede volver a la residencia mientras dure la orden de confinamiento y alarma, pero, a día de hoy, nos vemos incapaces de cuidarla en nuestra casa, ella quiere volver a la Residencia y, literalmente, estamos “destrozados” tanto física como anímicamente.

Por todo ello, les rogaría encarecidamente que tuviesen en cuenta esta petición para que pueda reingresar cuanto antes en la residencia teniendo en cuenta, además, que no tiene ningún síntoma relacionado con el coronavirus.

Agradecería por favor acuse de recibo de este correo y que hiciesen todo lo humanamente posible que esté en sus manos para que se pudiese producir el reingreso cuanto antes.

Muchas gracias por anticipado y un cordial saludo.

Ya he enviado el mail y ahora espero respuesta.

* * * *

Lo anterior está basado en varias situaciones reales que me han llegado los últimos tiempos. No sé en cuántos casos la decisión de llevarse al mayor a casa ha estado influenciada por la imagen sesgada que han dado los medios, pero estoy convencido de que ha sucedido en más de una ocasión.

También estoy seguro de que ahora, con la mayor parte de residencias sin ningún contagio, debería empezar a permitirse el ingreso de mayores en residencias con algunas limitaciones.

¿Qué piensas tú?

Autor del caso: Josep de Martí Vallés

Jurista y Gerontólogo

Director de Inforesidencias.com y Dependencia.info

Profesor del Máster de Gerontología Social y del Postgrado en dirección de centros de la UB, la UAB y del centro de Humanización de la Salud.

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