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20 de agosto de 2019, 12:43:15
Opinión


Chicote la vuelve a montar

Por Josep de Martí


Iba a publicar otra tribuna pero esta noche estoy viendo el nuevo programa de Chicote “¿Te lo vas a comer?” y cuando he oído comparar a las residencias con las perreras, o decir “esto es un campo exterminio pero sin cámara de gas” (literal), he pensado que tenía que escribir sobre esto.

Saber más sobre el programa de Chicote

Una residencia en la que con nueve calabacines dan de comer a doscientos ancianos o una residente que pierde quince quilos en poco tiempo son los ejemplos más clamorosos que se denuncian.

Si no sabes nada de residencias, viendo ese programa podrías llegar a creer que existen unas empresas malvadas que poco menos que matan a personas indefensas a cambio de un ligero incremento en el margen. Si miras con un poco más de detenimiento la cosa es preocupante de otra forma.

El guión sigue una línea. Primero se expone que existen residencias de mayores, y servicios de ayuda a domicilio públicos que, a veces presta la propia administración y otras se contratan mediante concursos para que sean prestados por parte de empresas. En el caso de las residencias se centran en una de la comunidad de Madrid gestionada por parte de una empresa y entrevistan a las cocineras.

Después de ver el programa no sabes si el mensaje es que en las residencias se come mal o si esto sólo sucede en las residencias públicas gestionadas por empresas.

A mi entender, debemos acostumbrarnos a que existan programas televisivos de “denuncia”. La base, si queremos hacer uno, es tomar un sector sensible, buscar algún caso que pueda resultar llamativo, montar unas imágenes y textos impactantes, contar con testimonios subidos de tono (lo de la “perrera” y los “campos de exterminio” no lo dice el presentador del programa sino algún familiar) y acabar encontrando a algún culpable a quien confrontar. La finalidad de estos programas, producidos por una productora que es una empresa y emitidos en una cadena de televisión que es una empresa, es obtener audiencia y vender publicidad. Su finalidad es lícita, por supuesto, pero no nos engañemos, la semana que viene hablarán de berberechos y la siguiente de deportistas.

Aunque el caso que describió el programa fuera algo aislado, incluso si lo que denuncian las cocineras no fuera del todo cierto; una vez el programa ha salido, es un buen momento para que todas las residencias reaccionen de forma positiva y con la mejor herramienta para luchar contra el desprestigio inmerecido: la transparencia.

Es indudable que “la comida” (no sólo “la alimentación”) es una fuente de satisfacción para todas las personas con independencia de su estado y edad. Por eso las residencias suelen cuidarla mucho. Muchas, pasan encuestas de satisfacción periódicas, otras cuentan con comités de usuarios/familiares que participan en la elaboración de menús; otras, aún hacen cosas mucho más interesantes (lo sé bien ya que Inforesidencias ha organizado dos años unos premios de buenas prácticas sobre alimentación en residencias. Estoy seguro que esto no le interesa en absoluto a quien vaya a producir un programa de denuncia por lo que, si queremos que se conozcan, debemos difundirlas nosotros.

Es lógico que después de este programa, muchos residentes y familiares manifiestan su preocupación y queja. Respondamos con transparencia. Publiquemos los menús, los resultados de las encuestas de satisfacción y dejemos a todos ver lo que se come y cómo se prepara.

En Dinamarca visité una residencia en la que la cocina estaba en la planta baja y en la que desde la calle se podía ver el interior de la misma. Les preguntamos por qué era así y nos dijeron que enseñar la cocina genera confianza. Hacer esto en una residencia existente resultaría muy difícil pero quizás puede inspirar otras ideas.

Releyendo lo que he escrito hasta ahora pienso que, si lo que quería denunciar el programa era que en las residencias se come mal, quizás la transparencia ayude a desmontar la crítica. En cambio, si lo que pretende criticar es que haya empresas gestionando servicios públicos, tenemos la cosa mucho más difícil.

Sólo una muestra: En Twitter, una plataforma en “defensa de la dependencia” cuelga este tuit

Y ¿quién marca “me gusta”?

Si vemos a las empresas como buitres, tenemos un problema mucho más profundo, pero eso lo dejo para otro día.

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