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22 de mayo de 2019, 19:56:54
Opinión


Cuidar como si nos estuviesen grabando

Por Josep de Martí


Aunque nadie sabe con seguridad el número exacto, en España hay unas cuatro mil y pico residencias de personas mayores que acogen y ofrecen cuidados a unas 380.000 personas. Más o menos una tercera parte sufre una demencia avanzada por lo que resulta difícil que puedan explicar de forma coherente cómo viven la experiencia de ser cuidados. La gran mayoría recibe un buen servicio; unos cuantos uno excelente y muy pocos, uno pésimo que roza o entra de lleno en el maltrato.

Las grabaciones hechas por un hijo en una residencia de mayores en la que se ve lo que parecen claros maltratos ha vuelto a poner en la palestra una cuestión que puede ser vista desde una perspectiva simplista o como un problema que, aunque minoritario, requiere ser afrontado de forma amplia.

La interpretación simplista, y a mi entender equivocada, es que “las residencias” son lugares donde se maltrata y, si esto sucede es porque no se vigilan lo suficiente. Siguiendo esta interpretación algunos medios y grupos de interés han dicho que lo que hay que hacer es inspeccionar más a los centros y exigir más personal. O sea, debemos desconfiar de las residencias y considerarlas un mal necesario que debe ser muy vigilado porque tienden a hacer las cosas mal.

Si nos centramos en el caso denunciado, y aceptando, a la espera de que la justicia se manifieste, que las estremecedoras imágenes son lo que parecen, podemos preguntarnos: Si hubiese tenido una inspección la residencia el día anterior o posterior a cualquiera de las grabaciones, ¿hubiese detectado o evitado los maltratos? O, si la ratio de personal de la residencia se incrementase, ¿el comportamiento de las auxiliares implicadas hubiera sido mejor?

Yo creo que no. En el caso actual, si hacemos caso de lo que han publicado los medios, la residencia recibió dos inspecciones, una de ellas nocturna, durante 2018, que no dieron lugar a actuaciones sancionadoras. La residencia también recibió una denuncia por hechos no relacionados con maltratos, que fue investigada y desestimada.

Si la respuesta ahora, más allá de afrontar el caso concreto, es convertir a las residencias en algo “sospechoso”, incrementar requisitos, comprobaciones y sanciones, corremos el riesgo de someter a todas las residencias a un funcionamiento más burocrático, farragoso y complejo, sin que ello evite que pueda volver a ocurrir otro caso aislado.

Sé que muchos directores, gerentes y gestores de residencias, tras ver las imágenes se han preguntado ¿sería posible que algo así esté pasando o pudiera pasar en mi residencia?

Descartarlo de plano es difícil, sólo hay que navegar un poco por Internet para ver que en todo el mundo suceden casos esporádicos de maltrato en residencias. Éstos son a veces grabados con cámaras ocultas y expuestos. Casi siempre, como en este último caso, los hechos cogen por sorpresa a la gerencia de la residencia y a muchos profesionales del centro que eran desconocedores de la situación.

Del mismo modo que lo hacen los gerentes, algunos familiares se están preguntando si su ser querido puede estar siendo víctima de algún maltrato. Sé que en estos últimos días numerosas directoras y directores de residencias están hablando mucho con unos clientes que buscan una reafirmación sobre que el servicio que reciben es correcto, o sea, que no se equivocaron al decidir el ingreso. En la gran mayoría de casos las residencias están sacando provecho a la confianza que han sido capaces de generar durante sus años de buen funcionamiento.

Como he puesto de manifiesto más arriba, a mi entender, más reglamentación, inspecciones y sanciones no son la solución. ¿Cuál es entonces?

Yo me atrevo a proponer una triple respuesta que parta del propio sector, de los colectivos profesionales y de cada una de las residencias. Esto último es muy importante porque muchos centros ya están implementando desde hace años medidas y filosofías de atención que van en la dirección de potenciar el mejor trato.

  1. Aceptar que, aunque trabajemos bien, existe la posibilidad de que en nuestra organización se estén produciendo tratos inadecuados. La clave está en prevenirlos, minimizarlos y afrontarlos. Debemos aceptar que atender a personas mayores dependientes con deterioro cognitivo es un trabajo muy exigente que puede consumir e incluso “quemar” a quien lo lleva a cabo. Lo saben bien los familiares que atienden en sus casas y también las auxiliares que cuidan de forma profesional en domicilios y residencias. La atención comporta una relación muy cercana e íntima que casi siempre se lleva a cabo sin la presencia de otras personas. Esto hace que, si se produce un trato inadecuado o un maltrato, éste puede quedar circunscrito a un dormitorio o cuarto de baño donde están solos el cuidador y la persona que recibe la atención. Como la persona mayor con deterioro cognitivo tiene dificultades para comunicarse, es difícil que la situación llegue a ser conocida. Pero no es imposible: Hay escalas que valoran la calidad de vida de personas dependientes que sufren demencia; hay señales que permiten detectar un “burn out” precursor del maltrato… Debemos dedicar un tiempo a pensar en ello, incluirlo en nuestro plan de formación y en los protocolos, registros y programas del centro. Recomiendo leer el caso práctico ¿Tratamos bien a los residentes? En el que hablo de un curso sobre cómo detectar y afrontar el maltrato institucional. Formar al personal y hacer que fluya la información es clave. Poder detectar si algún cuidador se está “quemando” es muy importante; apoyar a los cuidadores y evitar que surja el “falso compañerismo” que puede ocultar señales útiles. Pensar que la mejor residencia dedica un 80% del tiempo a hacer las cosas bien y un 20% a comprobar y demostrar que, efectivamente las hace bien.

  1. Apostar por la transparencia. Las residencias no sólo ofrecen atención y cuidados a los residentes, también ofrecen confianza a esos mismos residentes y sus familiares. Debemos trabajar la confianza como trabajamos la atención. Es lógico que alguien que delega en unos profesionales el cuidado de un ser querido vulnerable muestre preocupación ante la posibilidad de que el trato no sea correcto, sobre todo cuando se hace público un caso como el actual. Una forma de generar confianza es que residentes y familiares vean la residencia como un establecimiento transparente al que pueden ir y en el que pueden “ver” cómo es el proceso de atención. Una organización proactiva que ofrece información sin que se le pida y además pregunta cómo van las cosas. Esto puede complicar algo la organización, pero es hacia donde tiende nuestro sector. En Inforesidencias.com hemos puesto nuestro granito de arena ofreciendo el indicador de transparencia de las residencias asociadas. Además, cada vez son más las residencias que apuestan por iniciativas que van en este camino.

  1. Aceptar que vivimos en la época digital-multimedia. Hay que cuidar como si nos estuvieran grabando (porque posiblemente algún día lo hagan). Cuando ha saltado el escándalo hay quien me ha preguntado ¿puede un hijo dejar una cámara oculta en la habitación de su madre y grabar horas y horas indiscriminadamente? La respuesta sería relevante si se hubiesen hecho públicas sin su consentimiento imágenes de unas auxiliares cuidando correctamente. Visto lo visto, no creo que defender que las imágenes se han tomado ilegalmente vaya a suponer ningún alivio para la residencia o las auxiliares grabadas. Vivimos en una sociedad ávida de contenido multimedia (sobre todo vídeos) en la que hay más aparatos capaces de tomar y almacenar imágenes que personas. Podemos intentar limitarlo, pero será casi imposible. Estoy seguro de que, después de conocer este caso unos cuantos familiares han escondido ya en el dormitorio de sus seres queridos alguna cámara para asegurarse de que el trato que reciben es correcto. Ante la imposibilidad de evitarlo podemos tomar dos posiciones: convencer a todo el equipo de que debemos trabajar, no sólo bien, sino “cómo si nos estuviesen grabando” o, dar un paso más allá y convertir las residencias, en un gran plató de televisión en el que todo se graba en las salas, pasillos, dormitorios y baños y se pone a disposición de residentes y familiares.

Si optamos por esta última vía, asesorémonos bien antes y cumplimentemos todas las autorizaciones y cesiones de derechos a la propia imagen necesarias, no sea que para evitar un posible maltrato nos convirtamos en unos invasores permanentes de la intimidad.

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