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26 de mayo de 2019, 8:12:13
Opinión


Inspección y progreso, dualidad perfecta

Por Vicente Botella


Desde la perspectiva empresarial del sector residencial, la visión profesional de los trabajadores en el mismo, las vivencias diarias de los usuarios y las expectativas de sus familias, creemos sinceramente que toda inspección, debería significar, ante todo, un mecanismo de progreso y mejora en el funcionamiento de nuestras residencias y centros de día para personas mayores.

Una inspección debería, sin jamás perder la esencia de la misma, ser partícipe de los problemas de los centros inspeccionados, de sus necesidades e inquietudes y estar abierta sin temor a ayudar y colaborar en cuantos temas se le expongan y consulten, una inspección sin perder un ápice de seriedad, ni de estricto cumplimiento de su misión, debería ser empática, debería considerar la presunción de buen hacer del centro inspeccionado como primera opción siempre y no se caracterizaría por infundir temores injustificados a su labor, sino vanagloriarse de ser una inspección respetada y considerada como una herramienta de mejora y progreso. Una inspección siempre debería enaltecer su misión velatoria por la mejora de la atención que se presta a los usuarios y por ello no es un demérito el ponerse en su lugar y flexibilizar sus demandas ante el contexto de una normativa que peca en exceso de características interpretativas amplias en función de personalismos que en ocasiones penalizan su resultado final.

Una inspección no puedes considerarse válida ni útil si solo incide en cuestiones anecdóticas sin más sentido ni necesidad que intentar dejar en evidencia situaciones irrelevantes para el devenir de la atención a los usuarios. Somos centros abiertos los 365 días del año y las 24 horas de los mismos, ¿lo tienen presente quienes nos visitan?

Es relevante lo relatado por nuestro buen amigo el Sr. De Martí en su texto, tales cuestiones inspeccionadas conducirían a los profanos a pensar que la inspección ha perdido su esencia fundamental, la de ser útil, y hacer progresar a un sector fuera de dudas en su profesionalidad, sus medios técnicos y humanos y los avances con fuertes inversiones en tiempo y dinero que la mayoría de residencias efectúan.

Hemos de progresar sin temores a nada ni a nadie, como hicimos juntos los centros y la inspección en temas tan cruciales como la reducción de contenciones físicas, nuestra inspección es mucho mas que lo relatado por De Martí (lo cual aseguro es cierto) nuestra inspección es el reflejo de nuestro trabajo y la garantía de entrega por y para los usuarios. Tampoco creemos que la inspección sea un instrumento recaudatorio ni que así lo consientan premeditadamente sus actores. Nos negamos a aceptar que pudiesen existir normas encubiertas al respecto.

Trabajemos juntos ayudándonos y sin fisuras. Conocí y conozco inspectores que son grandes personas y que ayudan y colaboran en hacer mejor nuestro sector y por desgracia también conozco a quienes se regodean creyendo que por pedir el peso del hueso del pollo han justificado un progreso y mejora en el centro.

Si solo somos capaces de ver la normativa sin leer entre líneas su esencia ni su aplicación a cada casual, no somos personas sino simples máquinas y a día de hoy, que yo sepa, la inspección la forman personas. Ayúdennos con su presencia, sus comentarios y sus conocimientos, a hacernos mejorar en nuestro trabajo y solo con eso ya tendrá sentido haber escrito este texto.

Tal como bien dijo Hecato si vis amaro, ama, o lo que es lo mismo “si quieres ser querido, quiere”, deberíamos todos aplicarnos esta máxima.

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