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22 de mayo de 2019, 19:54:09
El rincón del director

EL RINCÓN DEL DIRECTOR


¡Esto no es alzhéimer!


Opina sobre este caso práctico en la gestión de residencias y envíanos lo que harías tú en esta situación.


Parte del personal de la residencia Las Marismas, de la que por cierto eres el director/a, anda bastante alborotado.

La causa es el reciente ingreso de don Facundo, un hombre de 75 años que ocupa plaza privada y cuya familia nos había dicho que sufría demencia senil.

Antes del ingreso habían traído una documentación médica en la que aparecía claramente la diabetes que sufría y un accidente cerebral vascular que le había dejado como resultado una leve hemiplejia. Los hermanos de don Facundo, que le han acompañado en el ingreso, nos explicaron que él es soltero y que desde pequeño había sufrido un pequeño retraso mental que le había impedido tener una vida laboral normal. Como la familia tenía recursos, él no ha trabajado nunca y ha vivido de la renta que le produce unos pisos y locales que heredó de sus padres y que le administra uno de sus hermanos gracias a un poder que tiene firmado. Los familiares nos dijeron que tenía un alzhéimer incipiente aunque en los informes que trajeron sólo aparecía “deterioro cognitivo” de pasada. En la entrevista, don Facundo se mostraba ausente y esquivo. La médico de la residencia no le parecía un caso de demencia al uso y que ya lo miraría más a fondo tras el ingreso.

Una vez en la residencia, don Facundo muestra un comportamiento bastante extraño comparado con el resto de residentes y muy diferente de aquellos que sufren demencia.

Han pasado dos meses y hemos ido sabiendo cosas, como que la familia no nos dijo que don Facundo había estado ingresado varias veces durante su vida en un hospital psiquiátrico y que antes de ingresar en Las Marismas había vivido en otra residencia. Cuando hemos contactado con esa residencia nos han dicho que, por razones de protección de datos no nos pueden comunicar nada aunque, de forma informal nos han dicho que “os podéis preparar”, “os la han colado”.

Don Facundo dice cosas muy raras, como que por la noche le sacan de la habitación y le llevan al sótano (Las Marismas no tiene sótano); que el champú de la residencia le produce “cáncer en la cabeza” o que una de las cocineras quiere envenenarle. Algunos residentes no quieren estar cerca de él y las gerocultoras piden atenderle siempre de dos en dos.

Hablando con la familia nos dicen que ahora Facundo está bien, que había estado mal hace unos años pero ahora ya no. Cuando les manifestamos nuestra disconformidad con que no nos hubiesen dicho nada de su historial psiquiátrico, se muestran esquivos y dicen que sí que lo habían dicho en las entrevistas. Llegado un momento se muestran indignados y nos dicen que Facundo es una persona mayor y estamos obligados a atenderle, que nosotros debemos saber cómo tratar esos casos y que, si no le atendemos bien nos denunciarán.

En la reunión de equipo la enfermera exclama, “¡nos han engañado!”, os dijeron que era alzhéimer pero no lo es.

Como suele suceder en estos casos, cada uno da su opinión pero al final todos se te quedan mirando fijamente y preguntan.

¿Qué hacemos?

Opinión de Margarita Ibáñez Chércoles, Gerente - MEDICA RESIDENCIAL, S.L., Verdi Residencial, y presidenta de AGAM

El caso de Don Facundo es muy interesante de comentar porque se plantea claramente el objetivo principal de la familia: INGRESO EN RESIDENCIA y si para eso se necesita obviar detalles, pues lo hacen. Después comprobamos que no están todos los informes necesarios y que Don Facundo no es lo que nos decían, lo cual nos plantea un grave problema.

Indiscutiblemente, tener unos informes fehacientes del futuro residente es esencial, pero no siempre se consigue y como indican “se la han colado”. La reacción del personal es de miedo. ¿Por qué? Por desconocimiento de la enfermedad mental y falta de formación adecuada. ¿Cómo ha de plantearse la convivencia con el resto de residentes?. Porque para el personal asistencial las reacciones que puede tener Don Facundo son desconocidas.

Esta residencia, efectivamente, no sería la adecuada, pero ¿a qué servicio lo derivamos? La Asociación AGAM, de la cual soy presidenta, está gestionando en estos momentos unas unidades especializadas en residencias asistidas, con un proyecto piloto de personas mayores de 65 años con enfermedad mental, en Barcelona, Tarragona y Girona. El personal de estos centros, lleva dos años formándose en salud mental y todavía descubrimos día a día cosas nuevas.

También es fundamental la coordinación con los centros de Salud Mental y su conexión a la Residencia.

No son tan difíciles estas personas, sólo debemos saber cómo tratarlas, conocer su enfermedad y, muy importante, su “Historia de Vida”.

Así que yo recomiendo FORMACIÓN para todos los profesionales.

Autor del caso: Josep de Martí.

Profesor del:

  • Máster en Gerontología Social de la U.B.
  • Postgrado en Dirección y Gestión de Centros Residenciales y Otros Recursos Gerontológicos de la U.B.
  • Postgrado en Dirección y Gestión de Centros Gerontológicos U.A.B
  • Diploma de especialización universitaria en Gestión de centros y Servicios para personas mayores y atención a la Dependencia. Centro de Humanización de la Salud (Tres Cantos – Madrid)

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